13 sept. 2013

Día 9 - Kinda London...

No creo que Londres le haga bien a mi cabello. I mean, tendría una colección de gorros si viviera aquí. Nos levantamos temprano y desayunamos con un "típico desayuno británico" (me entero que tal cosa existe) el cual consiste en tocineta, frijoles en salsa de tomate, huevos y salchicha, estaba excelente. Compramos unos tickets para esos bus de turistas que te dan recorrido por toda la ciudad y creo que fue una de las mejores cosas que pudimos hacer con eso de que tenemos pocos días y Antonieta no se siente bien y no puede caminar tanto. Las vistas desde el autobús son geniales (desde arriba, por supuesto) a pesar de que se siente mucho más el frío vale la pena.

Una de las ventajas de estos buses es que te van narrando la historia de los lugares, qué pasó y por qué es tan celebre, también te dicen muchas cosas innecesarias y te ponen el himno como mil veces por lo lento que va el tráfico ¿Pero que se le puede hacer? Al principio no tenía idea de que los londinenses fueran pioneros en tantas cosas: tuvieron las primeras escaleras mecánicas del mundo, las primeras marquesinas, algo así como el record con más cosas destruidas por incendios (en serio, siempre hablan de los muchos incendios). Creo que hoy descubrí por qué me gusta Londres: a pesar de que tiene ese aire europeo, no se ha quedado en solo lo viejo como Italia o Francia, esta ciudad tiene espectaculares edificaciones de la arquitectura moderna, combinan los patrimonios que no fueron destruidos con los nuevos, le dan espacio a ambas cosas: la tradición y la evolución, creo que esta integración es hermosa.

Algo de lo que no tenía idea era de que se divide en dos: el viejo Londres y el nuevo, con alcaldes independientes y todo. Quisimos dar una vuelta de reconocimiento así que desde el bus vimos Picadilly, Oxford Street, Convent Garden, el Palacio de Buckingham, el Big Ben, Trafalgar square, Mayfaire, Harrods y todo de lo que has escuchado que se puede ver. Nos bajamos en la Catedral de San Pablo (que es bellísima y no se permiten fotos) y mi papá compró unas galletas que son como el cielo en la tierra y comprendí completamente por qué todos hablan de los bizcochos londinenses es porque son DELICIOSOS! -ok,ya- caminamos un poco y paseamos por el viejo Londres, llegando así al Tower Bridge, que es el puente precioso que todos identifican como si fuera el único que cruzara el Támesis (¿Sabían que antes se necesitaban más de 80 hombres para operar el puente?) lo cruzamos y llegamos a la torre de Londres, donde están guardadas las joyas de la corona, los cuervos y la torre blanca.

Dice la leyenda que si se espantan los cuervos o si ellos se van de ese lugar, el reino caerá. Nadie los ha corrido, claro está. Este edificio es como un portal a la era medieval, hay armaduras, espadas, corredores, cañones y artillería digna de una guerra para hace unos siglos, casi esperaba que en cualquier momento llegara alguien a caballo por los enormes pasillos claramente diseñados para ello. También me pareció muy mórbido todo eso de las decapitaciones, métodos de tortura y cosas que parecen menos reales que cuando estas en un lugar así.

Otra cosa que me pareció increíble fue la devoción que le tienen a la reina y como le hemos dado valor a las piedritas que brillan. Quiero decir, la cantidad de piedras preciosas que tienen los artefactos de antiguos reyes es estúpida, ok, entiendo que se supone que demuestra poder y todo aquello, pero piensenlo bien, son solo piedras escasas u brillantes (vale, quizás quisiera un par pero solo porque son muy hermosas). El pabellón de la reina te hace pensar como si casi fuera un honor que ella fuera tu dirigente, es bastante tenebroso, a decir verdad; no puedo imaginarme criando a un niño para que ponga a la reina en el mismo escalón que Dios.

Después de ver las joyas de la corona, salimos a tiempo para presenciar el cambio de guardia que hacen aquí, que es una versión a escala del que hacen en Buckingham, fue bastante divertido y con mucha menos gente. Además descubrí el truco en la seriedad de los guardias, solo tienes que buscar un punto fijo y jamás dejar de mirarlo, quien intenta molestarte en algún momento se aburrirá. También fuimos a ver a los cuervos que eran inmeeeeeeeeeensos, Dios, como odio a esos bichos, son tan... Desconfiables (y los hay que si en todos lados)

Una vez que terminamos con la torre de Londres, regresamos al bus y esperamos que terminara la ruta (convenientemente cerca del hotel) ya que Antonieta se sentía terrible.

PD: mi felicidad por estar en Londres es inversamente proporcional a la cantidad de cosas que dejamos de hacer por día y a la hora que llegamos al hotel.

PD2: adoro este clima helado.

PD3: también adoro el inodoro semi-térmico del hotel.











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