18 nov. 2015

Semestre X - Finalizado *Et c'est fini*

Como buena analista conductual que soy, debo reconocer que estoy en un proceso de evitación con este post, ya que incluso antes de que pensara en hacerlo no quería hacerlo.

Pero ha llegado el momento. Después de ir a la Escuela hace dos semanas y ver como ocurría el proceso de inscripción sin mí (aunque yo tenía al menos cuatro años participando) y que ni siquiera me enterara y que el mundo no se cayó, me di cuenta que la vida puede seguir igual de funcional aunque no estés tú con tus superpoderes de coordinación para manejarla. Quién diría que todos somos tan prescindibles tú siempre lo dices, tonta.

En fin, cuando superé esa pequeña depresión - vamos, ¿Quién no quiere que lo extrañen un poquito? - Me dediqué a empezar este post, justamente el 08/10/2015, solo que lo abandoné... Otra vez. Hasta hoy.

Quedan menos de cuatro semanas para mi graduación como Licenciada en Psicología de la Universidad Central de Venezuela y después que superé el pánico de salir de allí, ahora estoy muy emocionada -y también tengo un poco de pánico por caerme frente a las dos mil y pico de personas- tan emocionada que iba a saltar este post e ir derechito a la graduación, pero no. Mi TOC puede más que eso.

En lo que siento yo fue hace una vida, cursé cinco materias en mi último semestre en la Universidad, en la mención Psicología Clínica. La primera de ellas fue Prácticas Clínicas, donde tuve la oportunidad de volver con mi profesora inicial y fue lo máximo; además que mi grupo era uno de los más pequeños y cool así que no teníamos que escuchar tantos casos como los demás -pero de alguna manera nos tomábamos el mismo tiempo- mis pacientes fueron geniales también, esta vez fueron cuatro casos y seis pacientes. Si, tenía dos casos de pareja y dos niños; #Confesión me gustaron ambas vertientes, quién sabe, quizás termine viendo adultos. Un #FunFact que disfruté bastante fue la experiencia de explicarle a los chicos de los semestres más bajos por qué se hacían las cosas de determinada manera y por qué no. El FunFact va para mí que siempre intento explicar cosas complicadas con manzanitas y la gente se pierde más que si lo hubiese explicado de la manera complicada.

Otra de las materias era Rehabilitación que fue la peor cosa del semestre: última materia teórica + un lunes, de 5.30 a 7 + un profesor terrible = la peor ecuación del mundo. ¿Que si aprendí algo? Si, claro, siempre aprendo algo. Como el modelo explicativo de la psicología de la Salud, lo mucho que necesitamos que la psicología sea interdisciplinaria, cómo tratar las discapacidades, cómo tratar niños en ambientes hospitalizados... Y un montón de cosas que de alguna forma ya había visto un poco en otras materias. Quizás era que mi tesis estaba medio implícita con algunas cosas. Quizás no. Las evaluaciones fueron extrañas, eran sencillas pero las querían hacer ver complicadas (?

Seguimos con Servicio Comunitario el cual consistía en un informe del mal que me tomó la vida para hacer y entregar, pero cuando me decidí, lo terminé y se lo envié a la comisión todo estuvo más que bien, lo cual era un alivio porque sin eso no podía defender mi tesis y mucho menos graduarme. Así que yey.

Mis Pasantías Institucionales las hice en el Hospital Cardiológico Infantil Lationamericano, donde no solo aprendí a tratar con niños y adolescentes en ambientes hospitalizados, sino a mejorar eso para ellos. Además, fue una experiencia genial con un maravilloso grupo de trabajo que estaba ansioso por enseñarme; teníamos días para jugar pin-pong, hacer yoga, comer donas o tortas y las máquinas expendedoras estaban literalmente a la vuelta de la esquina. Pude ver quirófanos, niños en terapia intensiva, comunicarle a unos padres que su hijo no había sobrevivido, decirles que habían superado la cirugía con éxito... Fue un sube y baja, muchas partes buenas y otras que contribuyeron a mi crecimiento profesional y a mi sensibilización como persona. Si supervisora era lo máximo, también.

Por último, está mi Trabajo Especial de Grado o Tesis. Ya les había comentado que era sobre niños hospitalizados así que fue lógico que la aplicara en donde hice mis pasantías, todo iba genial: la elaboración del trabajo estaba en marcha, nuestra tutora estaba encantada con nuestro trabajo, después de mucho buscar habíamos encontrado como medir y dónde aplicar y mi compañero y yo seguíamos en la misma página... Hasta que no lo estuvimos. Y entré en pánico. Después de que nos faltaban dos pasitos para finiquitar la tesis, tuvimos un problema enorme que nos retrasó casi un mes para la presentación.

Y no era solo eso, la Escuela y Control de Estudios estaban presionando con las fechas. Yo había planeado mi vida para terminar en Julio, él contemplaba la opción de presentar en Septiembre. Así que me puse como loca e hice correr a mi tutora, a mi compañero y a mí misma poniendo una cantidad enorme de presión sobre todos y trabajando incansablemente hasta que el trabajo estuvo terminado, la presentación hecha y los jueces solicitados. Nuestra tesis no solo fue aprobada, sino que obtuvimos los reconocimientos más altos que se le pueden dar, acá lo que dice el veredicto:

Constituye una investigación pionera en el contexto hospitalario por su relevancia social, valor clínico y heurístico. Apoya, además, sensiblemente el interés en el área y ofrece la posibilidad del desarrollo de nuevos proyectos orientados a la exploración de otros factores y variables inherentes al ámbito estudiado. El jurado de manera unánime le otorga la calificación de SOBRESALIENTE y recomienda la Mención Publicación.

Sip, estoy tan increíblemente orgullosa de mi bebé. Casi me hace olvidar todo el drama, lágrimas y molestias que tuvo involucrado.

Como a estas alturas ya sabrán, jamás me puedo quedar quieta. Así que este semestre mis actividades extra-curriculares también estuvieron muy ocupadas: mi equipo de fútbol ganó los juegos nacionales de Escuelas de Psicología, junto a cuatro amigas planeamos un evento que tuvo impacto nacional sobre lo que se está haciendo en Psicología en el país, tuvimos patrocinantes grandes y el evento fue un éxito total; se llamó Convención de Psicólogos: Aplicaciones del Siglo XIX y fue un evento pro-fondos para la Escuela, terminamos recaudando más de 100.000bs.

Como tradición de los alumnos que están próximos a graduarse, bailan tambores, así que también organicé eso. Por no mencionar todas las salidas con mis amigos, el aprendizaje, las participaciones en reuniones importantes con gente importante, hostigar a los representantes estudiantiles porque no querían dejar que entráramos a la graduación de Noviembre, de reunirme a hacer tesis más veces con mis amigos que con mi compañero, de hacer la cartelera con la cuenta regresiva para el último día de clases, de guiar nuevamente a los próximos estudiantes de la U en sus pasillos, de tener al fin mi birrete de foami, de escaparme de clases para ir a un cumple, mi trabajo como pasante en el Servicio de Psicología, las tardes en los pasillos, de ir a la graduación de algunas amigas sabiendo que la tuya es la próxima, de monopolizar el mundo, tener una compañera de crímenes, pasar casi ocho horas sentadas en un café, casi que comprar acciones en el café porque nos la pasábamos allí metidas, palabras hermosas del Director de mi Escuela justo cuando salí de mi defensa de tesis sobre lo orgulloso que está de mí y cuánto le alegraba que hubiese personas como yo que se preocupan por la Escuela, sus agradecimientos por todo lo que hicimos mientras estuvimos ocupando esos espacios, su tristeza porque nos vamos...

En fin. Parece que los lunes de donas que han llegado a su fin, que ya no va a haber corridas de futbolistas por los pasillos, que no veré los pasillos de mi Universidad por las noches, que no iré más al zoológico de contacto, nada de comprar pastelitos y batidos de fresa en Ingeniería, no más dormir en tierra de nadie ni pasear en tierra cubierta, no más caminar los pasillos que han sido mi casa por los últimos cinco años de mi vida.

Porque desde Mitaquerí a la piscina, la UCV seguirá siendo mía.

- Sin importar que me gradúe-

PD: Acá un montón de fotos de lo que este semestre fue para mí.

Cosas por hacer.
Con el barbudo de Juan.
Las cosas más bonita de mamá.



Graduación.
Con la cuchu bajo las nubes.
Los pa' la joda y la cartelera. 
Sesión de Tesis.
Otra sesión de tesis.
Si, más tesis.
Planeando la convención
Compañeras de crimen
Y más tesis.
Adicta a los calendarios.

Estudiando / Tesis / Café

Equipo Prueba Interna




Amarillo.
Último día de clases.
Lcd



Soy importante.
Nuestro super pendón.
Yep, teníamos mercancía

Día de éxitos.

En los Juegos Nacionales de Psicología.

Cuenta para los tambores.

Pa la joda en los tambores.

Con mamá.

Mi familia.





Futuros psicólogos.

Chicas convención.

Día de tesis.

<3 i="">
:D
El Director de mi Escuela.

Con nuestra super tutora.

Nuestros padrinos y los graduandos.

TEDxUCV


¡Felicidades!


8 nov. 2015

Despertar.

Verte despertar se ha vuelto mi nuevo juego favorito de las mañanas. Aparte del desayuno, es lo que más me gusta de ellas.

Puede ser ese momento en la cama, con nada de espacio entre los dos, con tu mano mano laxa sobre mi vientre. Tomo una respiración y de repente sé que justo ha dejado de llover, el aire está fresco y ligero y tú te acurrucas más. Entrelazo nuestros dedos. Dibujas sobre la palma de mi mano. Dejo que tu cabello me haga cosquillas en la cara cuando por fin despiertas y te acercas para darme un beso en la mejilla mientras sonrío.

O cuando me pierdo en la cama en el medio de la noche, solo para luego girar durante un sueño y encontrarte allí, que mi brazo se deslice por tu pecho y mi mano asegure los latidos de tu corazón; entonces aunque no esté plenamente en este mundo, sonrió, porque todo va bien.

Aunque también soy fanática de perseguir el reloj la primera vez que suena algunas mañanas, sobre todo si sé que no tienes que levantarte temprano. Entonces me escabullo de mi lado de la cama, soy lo más delicada que puedo con tu brazo o tu pierna, te doy un beso de mariposa en la frente y salgo de la cálida burbuja de felicidad. Esa parte no me gusta. Pero luego simplemente estás allí, desplomado y revuelto entre las sábanas, con respiración pesada y cara completamente plácida. Y sonrío todo el camino al baño porque sé que te dejo en un mundo de paz del que yo formo parte. Y es que aunque tenga de dejarte al despertar, siempre regreso a ti.

¿Sabes cuántas veces me has asustado por despertar repentinamente? Incluso después de leer aquella noticia de que eso pasa porque tus signos vitales están muy bajos y tu cerebro envía una señal a todo tu cuerpo para que se active, no me parece algo divertido. Lo lindo es que cuando pasa te volteas y me sostienes más cerca y más fuerte entre tus brazos y ¿Cómo no ser feliz allí?

O cuando me despiertas porque quiero ignorar el despertador y te gruño y me volteo y persistes para que me levante. Incluso cuando me dejas cinco minutos más y ya tú estás listo y con el desayuno hecho. Porque toda mi vida había pensado que los comienzos del día eran tediosos.

Ahora siempre es diferente.


Y acerca de eso son mis mañanas.

8 oct. 2015

Dichoso aquel que se va y no ve las lágrimas de quien queda.

Remodelaron la estación de gasolina donde te besé apasionadamente por última vez.

Quiero decirte, pero no lo hago; porque no es algo que hagamos más. Ni siquiera estoy segura de por qué recuerdo esto mentira, si lo sé, pero ayer cuando recorría las calles de esta ciudad a una hora donde realmente puedes recorrerla, sin querer pasé por allí y lo noté. Casi no lo hago, el semáforo estaba en verde y el carro simplemente siguió andando, fue casi un milagro que hubiese volteado y visto las láminas de zinc cubriéndolo todo y el techo rojo aun brillando sin necesidad de luces.

¿Milagro para quién?

Si, la verdad es que recuerdo esa noche en particular, como cada instante que pasé junto a ti. A estas alturas me parece un poco patético ¿Sabes? Pero hace tiempo que dejé de pelear con el sentimiento y simplemente lo siento. Porque es bueno sentir algo. Después de ti, pasé tanto tiempo obnubilada que casi abracé el dolor que vino cuando esa etapa pasó. Una maraña de piel que no sentía nada y luego empezó a sentir demasiado...

Pero eso no era lo que estaba escribiendo ¿O sí? Escribía sobre aquella noche donde justo antes de llevarme a mi casa decidiste parar a poner gasolina, como cualquier noche, y te estacionaste en la que estaba más cercana al borde de la calle, justo del lado izquierdo, como siempre hacías. Jugabas con la palanca de cambios mientras yo pensaba en el beso impulsivo que te iba a dar. ¿Sabes? De esos que pareciera que no pudieses contener el sentimiento que llevas dentro y dejas que tome el control por un momento y entonces estás encima de la persona que quieres y ambos ríen y  solo existen entre ellos.

Y si, eso es lo más impulsiva que puedo ser. Planeando besos impulsivos. Así que cuando me miraste y sonreíste agostaste tus oportunidades de escape. Me lancé hacia ti como había visto que hacían en las películas y como había leído que hacían en los libros rezando para que nuestros dientes no chocaran porque odio cuando eso pasa y la sensación que deja atrás.

Y el beso resultó perfecto. No hubo choques innecesarios, ni el cinturón de seguridad incomodando; no te alejaste ni te reíste.

Puse mi mano en tu cabello, porque así era como lo había imaginado, y te sujeté con más fuerza de la necesaria porque quería que sintieras lo rudo que lo quería. Tú cediste, como siempre, y cumpliste con mi petición silente. Me besaste y correspondiste mi beso y no te apuraste aun cuando el señor de la gasolinera se puso al lado de mi ventana y me seguiste besando por lo que pudieron haber sido dos siglos y medio. Y eso que quizás no sabías que ese beso era mi último intento contigo, para ver si podías sentir la desesperación que me comía por dentro a medida que nos hundíamos, para ver si mis labios te hacían entender que quería salir gritando y corriendo lejos de nosotros. Pero por supuesto que no fue así. Fue solo otro beso para ti.

O quizás lo supiste y sentiste, pero no te importó. ¿A quién le importa ya? Solo pasó.

Lo que si fue tremenda sorpresa para mí fue lo que sentí. O lo que no sentí. Porque a medida que mi lengua luchaba por bajar por tu garganta y mis manos intentaban aferrarte como nunca, podía pensar. Y eso claramente estaba mal ¿Cómo podía tener coherencia de pensamiento cuando te estaba besando tan apasionadamente? Y mientras más lo pensaba más me daba cuenta que no estaba en ese momento.

Que ya no sentía nada. Que era solo un beso. Y que podía vivir sin ese beso.

Te separaste con una sonrisa en los labios hinchados y el cabello desordenado. Le pagaste al señor y terminamos de recorrer los otros cinco minutos hasta mi casa.

- Te quiero - te dije desde la puerta del carro mientras tus ojos oscuros se alejaban de mí y yo sentía un miedo extraño en el estómago.

- Si, yo también - dijiste y te pusiste en marcha.

No esperaste a que entrara. No dijiste yo también te quiero como sabías que me gustaba. No pusiste tus manos en mi cara cuando te besé. No entendiste ni preguntaste por qué.

Simplemente te fuiste, y aunque yo también me había ido, dolió como si no lo hubiese estado esperando.

Porque siempre esperé que fueras tú el que se fuera.

31 jul. 2015

Hay que estar.

Hace algún tiempo deseaba que algo malo me sucediera. Algo como que me rompiera una pierna y me pusieran un yeso o me hospitalizaran. No me malinterpreten, no soy sádica ni nada de eso, solo lo quería en cierto nivel para ver cuanta gente venia a verme o a firmar el yeso. Es tonto, y súper extraño, lo sé, pero estamos hablando de uno de los pensamientos más ocultos y excéntricos de una ya oculta y excéntrica chica de catorce años (aproximadamente)

Mucho tiempo después (o quizás poco, la relatividad del tiempo siempre me es fascinante) me encontré con que la idea seguía siendo tonta y extraña, pero también con lo muy equivocada que estaba. Y la vida lo probo así. Realmente, hasta el sol de hoy y gracias a todos los dioses del cielo, nada lo suficientemente malo me ha ocurrido e igual siempre he podido visibilizar a las personas a mi alrededor. Como digna hija de un par de ingenieros siempre me ha gustado el lado cuantitativo de las cosas y, como pueden ver, saber quiénes pueden estar no es la excepción.

Sin embargo, y agradezco mil veces por esto, la vida me ha mostrado que no es necesario, que nada de eso lo es, que quién pensaste siempre estaría ya no está y de quién esperabas se fuera a la mañana siguiente de alguna manera consiguió amanecer todos los días junto a ti. Me parece uno de los aprendizajes más valiosos que he obtenido, nadie es imprescindible, pero nadie sobra tampoco, cuando están por algo es.

Siempre he estado agradecida con las personas que me rodean e intento demostrárselos estando allí para ellos, ser esa persona con la que siempre pueden contar y alguien que siempre tiene una respuesta. Hasta hace poco pensaba que era un camino unidireccional, sin darme cuenta que cada vez que he estirado la mano en busca de ayuda (incluso cuando no lo he hecho y me he quedado en el suelo haciendo una rabieta) siempre ha llegado alguien a levantarme. Así que un día cualquiera como hoy, mientras bailaba desnuda recién salida del baño e intentaba peinarme el cabello sin dejar de hacer lo primero, me miré al espejo y sonreí pensando en lo bueno que es ser afortunado.

Y construir tu fortuna.

Y estar para las personas.

Y que no es necesario que nada malo te pase para que te des cuenta de eso.


17 jul. 2015

Tus pasillos.

Antes, en algún momento de estos cinco años, escribí que no podía creer que hubiese conocido a personas tan buenas y tan especiales que me hubieran ofrecido su amistad, no podía creer que hubiese conocido profesores tan hermosos que lo único que querían era enseñar, no podía creer como un solo lugar podía cambiarlo todo y hacerte sentir tan bien.

Con el tiempo descubrí que solo en tus mágicos pasillos es eso posible.

Ellos están llenos de tantos momentos, risas, lágrimas, historias, victorias, derrotas, gente, personas, corridas de futbolista, cerebros, yonquis, cafetines sucios pero donde los batidos son deliciosos, perros -y ahora gatos-, amables señores que hacen la limpieza, odiosas personas que tramitan lo que necesitas, profesores geniales, profesores, mediocres, helados, donas, secretos escondidos y mucho más.

En tus pasillos me sentí libre, liviana y sentí que podía respirar; esa libertad que solo viene con saber que estás haciendo lo que amas y que por ese breve instante todo está bien en el mundo; no hay guerras, política o calentamiento global, solo estás tú disfrutando de tu pasión.

Conocí tal pluralidad de pensamiento que ya no puedo tomar nada como certeza, en tus pasillos conocí a personas que me querían hacer pensar más de lo normal y gracias a Dios lo lograron, que me enseñaron a hacerlo, que me mostraron perspectivas diferentes de la vida y me mostraron cuál era la mía. En ellos conocí la unicidad de cada persona, de cada momento y de cada conjunto. También me enseñaron a equivocarme y que la vida está para probar, para decir que  cada vez que quieras.

En tus pasillos terminé de crecer, me terminé de formar y aprendí que nunca dejas de aprender. En tus pasillos, esos que por cinco años me sonrieron, conocí la bondad del ser humano, la infinidad de la inteligencia y la importancia de una voz. Aprendí el significado de las cosas, de palabras y sobre los significados de los significados.

Comprendí que fui UCVista dos años antes de comenzar a estudiar allí cuando por primera vez recorrí sus pasillos y tuve miedo y ansias de perderme en su inmensidad, la viví por cinco años disfrutando de cada rincón y permanecerá por el resto de los días en mi corazón; porque ser UCVista es algo que se lleva en la sangre y que una vez que despierta ya no lo puedes apagar - pero tampoco lo quieres apagar.

Tus pasillos también me sirvieron de cama en innumerables oportunidades, siempre acondicionados con la iluminación perfecta [[si tienes una Escuela oscura, no puedes pedir que los estudiantes no duerman]], también fueron restaurante, café y sala de terapia. O cualquier otra cosa que mis amigos o yo quisiéramos que fuera.

En tus pasillos fui exploradora, de toda tu estructura y de la vida, descubrí tus infinitas obras de arte, tus leyendas, tu historia y como permanecerás pase lo que pase; como es estudiar en un museo aunque la gente de por sentado la escultura por la que pasan todos los días. Porque así eres tú, una dama magnífica inmiscuida en las entrañas de una gran ciudad, que se mantiene de la misma manera en la que alguna vez impactó, pero que la gente perdió a medida que pasó el tiempo. Porque no se puede deslumbrar siempre, aunque tú lo hagas.

En tus pasillos conocí la política de buena mano y lo sucia que es en todo los niveles, lo que son capaces de hacer las personas por poder (aunque sea meramente representativo) y como se llegan a perder. En ellos noté como todos están ciegos y sordos cuando creen en algo, que no puedes enseñar a nadie que no quiere aprender.

En tus pasillos conocí el amor. Aquel que sientes por lo que amas, el de amigos, por una institución, por un ideal y por alguien más. Me llegué a enamorar seriamente un par de veces: una de ti y una de él. Pero fueron tus pasillos los que me soportaron cuando él se fue.

En tus pasillos pensé que dejaría los últimos pasos de mi niñez, solo para entender que no hay tal cosa como esa, que seré la niña curiosa y hambrienta de conocimiento que siempre fui.

En tus pasillos aprendí a tener paciencia, a esperar los tiempos que quiere la vida. No voluntariamente, claro, pero si algo entendí de tus paros fue eso. Ellos también me enseñaron que hay tiempo para todo cuando tienes el afán de querer hacer, que estarán ahí para que puedas hacerlo.

Tus pasillos fueron los escenarios para los disfraces que me puse durante cinco años, aquellos donde tenía que usar bata y hablar con términos médicos complicados o cuando tuve que usar tu escudo en mi pecho como si fuera un estandarte para orientar a las miles de personas que por primera vez pisaban tus gloriosas tierras; tus pasillos estaban allí para mí para cualquier ocurrencia que tuviera, siempre y cuando me desenvolviera en ellos.

Porque tus pasillos son como las venas que nutren la gran Universidad Central de Venezuela, esos que mantienen vivos los estudiantes cuando hacen vida universitaria, cuando se encuentran con sus amigos o cuando salen a protestar; tus pasillos, esos techados que recorren y te llevan a cualquier rincón de la Universidad son los que recordaré ahora que no los viviré a diario, cuando esté lejos, cuando escuche a alguien hablar de su Universidad y cada vez que te piense.

Pues tus pasillos lo son todo.




15 jun. 2015

Pronto.

Hola.

La verdad es que hace nueve semanas comencé mi último semestre en la gloriosa Universidad Central de Venezuela. Y tan solo quedan siete semanas para que esto acabe. Para que mi carrera acabe.

Sé que siempre les digo que esto pasó volando, pero ajá, no puedo creer que esté escribiendo mi último post introductorio para el semestre; algo que comenzó inocentemente hace cinco años y que se mantuvo a pesar de mis descuidos.

En esta oportunidad, solo curso cinco materias de una sola mención [[Clínica]] y, para serles sincera, el semestre comenzó tan fácil que pude leer y dormir a conveniencia. Ahora me estoy volviendo loca. La primera de mis materias es Prácticas IV donde tengo cuatro pacientes, nadie me supervisa y tengo que ir a asesorías a las que asisten los chicos de séptimo semestre y les explicamos de que va la vida en sesión. Otra de mis materias, y la última teórica, es Rehabilitación donde vemos todo lo competente a la Psicología de la Salud, el ámbito hospitalario y el rol del psicólogo allí. Seguimos con Servicio Comunitario que ya está listo pero tengo que hacer el bendito informe y no me terminan de dar las ganas para hacerlo, aunque debo tenerlo listo y aprobado antes de presentar la tesis. También están las Pasantías Institucionales donde tengo que ir a un lugar y trabajar y aprender y ajá; estoy trabajando en el Hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa, lo cual fue algo bien divertido porque éramos ocho candidatos al puesto y solo quedamos dos [[#LittleShark]] y estoy difrutando mucho mi trabajo allí.

Por último tenemos el temible Trabajo de Investigación o la Tesis o el Trabajo Especial de Grado o como sea que le digan ustedes, con las cuales tenemos asesorías semanales, nos queda aplicar y sacar resultados. Pan comido. Sí, claro.

Este semestre también seré pasante en el Servicio, no soy delegada, pero organizo las cosas de la mención, estoy en un curso de primeros auxilios y, básicamente, estoy tratando de mantenerme ocupada.

Pero eso es todo por hoy. Nos leemos a final de semestre.

PD: HOY PRESENTÉ MI ÚLTIMO PARCIAL DE LA CARRERA Y OBTUVE 18/20

PD2: Estoy tan feliz que ni siquiera me importan todas las cosas que tengo que hacer así que me vine a escribir para ustedes.

27 abr. 2015

Caer.

Hay noches como hoy en las que solo me provoca caer.

Sería tan fácil. Un solo acercamiento, rápido y violento con eso que tanto necesito.
Es que el período de abstinencia ha sido largo -siempre lo son-, tortuoso y aun sigo sintiendo esa ansia como si fuese ayer mismo que lo hubiese dejado.

Supongo que por eso nos llaman adictos.

Es algo que necesito, aunque a todos les parezca una exageración ¿Qué sabrán ellos de necesidades o de lo que podría necesitar yo?
Una última dosis directa en las venas, sentir el frío reconfortante de la aguja contra mi piel, su familiaridad. Y ese breve momento en que todo se paraliza y por fin siento el leve pinchazo mientras mis ojos se cierran y contemplo la paz mental que llega a través de mi torrente sanguíneo.
Hay noches como hoy en las que todo es muy real, en la que un escape sería lo adecuado y lo único que respondería a esta necesidad. Perderme no para escapar, sino para olvidar un rato todo lo que está ocurriendo y al fin descansar de ello.

Sería tan fácil caer.

Ni siquiera ya creo que sea cuestión de una decisión que haya tomado antes y me quiera mantener fiel a ella. Ya ni siquiera creo que lo estoy haciendo por mi propio bien o que es lo adecuado para mí y la vida "sana" que "quiero" vivir. A veces solo creo que lo hago por no reconocer que fue un error [[sabiendo que no lo fue]], por orgullo y cobardía de lo que pudiese encontrar del otro lado.

Tan, pero tan fácil.

Casi tanto que no tengo ni que pensarlo, es como una extensión de mí que estuvo tanto tiempo bajo un hábito que no me costaría nada. Nada.
Y vuelvo a creer que es una necesidad, que realmente necesito esa sensación en mi piel que solo eso puede darme, ese brinco en el estómago y esas ganas de presionar más mi cerebro para que actúe de la manera correcta. Es añorar con toda tu alma por un segundo más donde pudieses olvidar la historia y simplemente ser tú con tu objeto de adicción y que nadie se atreva a entorpecer ese tierno momento donde al fin los dos vuelven a colidir y el mundo vuelve a estar en paz y no necesitas de nada más pues tu mundo se muestra y te abraza después de tanto tiempo.

Quiero caer.

Porque los rompeolas solo pueden aguantar por cierto tiempo, al igual que las represas con las lluvias, llegará un momento en que se va a desbordar si no tiene ese pequeño escape. Esa válvula que hace que todo esté bien y el equilibrio de las cosas no se vea amenazado. No quiero necesitar una válvula.
Y la primera vez que lo hice vuelve a mis recuerdos, todo es tan fresco como si lo estuviese viviendo de nuevo, las sensaciones están allí y si estiro mi mano lo suficiente las tocaré y todo será demasiado otra vez. Demasiado bueno. Demasiado como debe ser. Esa felicidad de por fin dejarse ir y no tener miedo, de estirar los brazos fuera de la ventana del carro y asegurar que estás volando mientras la brisa marina se apresura a asegurarte que no lo estás haciendo; esa libertad que solo encuentras con tu adicción. Mierda. Necesito una válvula.

Necesito caer.

Porque todo siempre es mejor en los recuerdos. Y en las noches como esta en la que todo simplemente resulta demasiado te encargas de auto-sabotearte reproduciendo una y otra vez la parte que necesitas, excluyendo todo lo demás que implica. Los pinchazos y marcas en la piel, la picazón en el cuerpo, la ansiedad y el sudor cuando no le das la dosis, la desesperación porque llegue, el dolor fijo en tu pecho cuando te das cuenta de lo que te hace.

Quiero caer. Quiero caer en ti.

Pero no lo hago, porque soy de acero. Una cartulina doble faz. Porque no lo necesito tanto como creo. Porque creo que soy fuerte y eso me hacer ser fuerte.

Porque caer sería el camino fácil y siempre he tenido simpatía con lo difícil.

No caigo, no caigo nunca más [[en noches como esta.]]



23 abr. 2015

Rinconeando - Antigua.


Creo que tengo un nuevo lugar favorito. Lo cual es una frase extraña para comenzar con esta nueva sección del Blog. Verán, Rinconeando es uno de mis proyectos actuales que me servirán tanto para conocer un poco más de Caracas, como para una novela que estoy decidiendo escribir. Además que adoro comer y toda la cosa, por lo cual es una excusa perfecta. Es importante destacar, que todo lo que aquí escriba es en base a mi percepción y gustos, sin ánimos de ofender a nadie ni nada (ni que fuera crítica de cocina o algo por el estilo, ni cerca de eso)

Antigua es un restaurante italiano que queda en Las Mercedes, Caracas (la dirección Aquí) es muy fácil de llegar, aunque el letrero que lo identifica es pequeño y está cercano a un jardín por lo que dificulta la vista. Tiene la estructura de una casa colonial de dos pisos, techos amplios y decoraciones distintas pero hogareñas para cada uno de los ambientes que dispone. Hay uno que está cercano a la mesa de postres, una salita como para esperar mientras bebes algo y un lugar un poco más amplio para comer; eso sin contar el segundo piso y la terraza que también está en el local. A pesar de ser una decoración hogareña (únicamente porque son artículos del hogar como lámparas, cojines, la cabecera de una cama...) es impresionante como la combinación le da un aire sofisticado y glamoroso. Como si eso fuera poco, al ambiente se le suma una música relajante que es lo suficientemente fuerte como para que la escuches, pero no tanto como para que interfiera tu conversación. Es justo lo que necesitas.

La atención también es muy buena, los mesoneros son extremadamente atentos y siempre tienen una sonrisa en el rostro; enseguida llegas te abordan con la carta y con lo que desees para beber. Una de las cosas que más me gustó y me llamó la atención fue que solo te entregan la carta con lo que tienen disponible en el restaurante, ya que por la situación del país esta se ha limitado, esto reduce bastante tu tiempo de elección y no hay posibilidad de frustración ante un posible "no hay".

Muy bien, ahora vamos con lo importante: La comida. No se imaginan lo buena que estaba, quiero decir, Dios... Pedí una pizza capresse que estaba simplemente suculenta, acompañada de un jugo de durazno que estaba en su punto; todo estaba increíblemente fresco y la combinación de los dos quesos en la pizza con el pesto, era lo máximo. Por no mencionar que los tomates cherry estaban tan bien cocidos que a penas los ponías en tu boca explotaban, generando una sensación impresionante dentro de la boca. Para terminar: un exquisito mil hojas de chocolate y arequipe acompañado con un buen café con leche. Repito: Dios... Mis papilas gustativas tuvieron su momento de éxtasis cuando vieron lo enorme que era el pedazo y fue aun mucho mejor cuando lo probaron y se dieron cuenta que era tan delicioso como parecía. Y eso que ya estaban extasiadas por la pizza.

Me encantó descubrir este hermoso lugar en Las Mercedes y -mucho más- darme cuenta de lo divino que puede ser salir a comer un miércoles cualquiera.

PD: En cuanto a los precios, la cuenta fueron como 1500bs (una pizza para dos personas, café, jugo y postre compartido) Soy mala juzgando precios, así que ustedes vean.

PD2: Me quiero casar con ese mil hojas de chocolate y arequipe ¡QUE EXCELENTE INVENTO!

10 abr. 2015

Una serie de eventos desafortunados.

Seguro fue porque no se tomó el jugo de naranja esa mañana ¿O será porque se puso las medias dispares? Era algo sencillo de recordar, de eso estaba segura, estas cosas, al final, solo pasan por tonterías. Tal vez había sido que le agregó dos lonjas extras de queso a su sándwich y no se sintió culpable al respecto. O que empezó un nuevo libro cuando iba en el tren que la llevaría a sus clases.

La verdad es que no parecía haber una conexión lógica entre tales eventos, pero cuando llegó a la Universidad sitió como si se le hubiese quedado algo en casa. Pudo haber sido el libro que había quedado olvidado o su inocencia. O ambos. Si era el libro no podía hacer mucho, una historia mal contada sobre brujas y vampiros no se iba a mover de dónde la hubiese dejado; pero si era el caso de su inocencia, tendría más problemas que retrasar una lectura antes de dormir. Si eso era lo que se le había quedado, tendría un día de tropezones y malas caras para todos, no se oiría el sonido de su risa ni se le vería caminando por el borde de las aceras intentando agarrar las hojas otoñales que caen en su efímero viaje al pavimento.

Pudo haber dejado también su ingenio, esa rapidez de respuesta acertada que la caracterizaba, por lo que cuando entró a su clase se quedó callada mientras observaba a los demás hacer las participaciones que normalmente corresponderían a ella; también fue por eso que el profesor la ignoró con felicidad por primera vez desde que había comenzado el curso, así no tendría que fingir querer darle la palabra y escucharla por dos horas que se asemejaban a la eternidad. Sus compañeros tampoco pudieron extrañarla menos, les encantaba que estuviese presente para ver como otros también tenían voces y estaban dispuestos a levantarla.

Su gracia también se podría haber encontrado perdida, pero esto era mucho más difícil de observar, no es como si todos observaran su forma de caminar y la manera en la que casi no tocaba el suelo cuando lo hacía; o la forma en la que movía las manos con cada ademán pareciendo un río que fluye desde una montaña y desciende lenta y pacíficamente sobre la praderas.

Pero ella siguió pensando que era algo más que las cualidades que mejor la definían estuviesen perdidas, ella siguió atribuyéndolo a que había elegido la ensalada César para almorzar en vez de las costillas, que había preferido la Coca-Cola sobre el agua o que no había dejado suficiente propina para el mesero. El hecho de que estuviese distraída cuando se encontró con su prometido no le pareció importante, incluso cuando él hizo más que besarla en el asiento de un parque mientras el atardecer los bañaba y ella retenía pequeños gritos de placer y él se regodeaba por ello manteniendo los suyos.

Incluso se atrevió a contradecir esa inquietud que se manifestaba por su pecho y que sentía pesada en su estómago diciendo que todo estaba bien, que solo había sido un día diferente; se sirvió una copa de vino tinto, a pesar de que siempre bebía blanco, y se acomodó en el sofá nuevo de su casa en los brazos de su prometido mientras intentaba creerse eso. Porque no hay nada más desesperante que querer creer algo aun cuando sabes que, precisamente, por algo no lo haces.

Hubiese sido inteligente de su parte haber prestado atención a cada señal que el día le lanzó para prevenirla, solo que era realmente imposible descifrar eso que para el destino era tan obvio, así que quizás al final no fue nada de eso, pero de igual manera, cuando el día hubo acabado, terminó perdiéndolo todo.