16 oct. 2012

Tu viste lo que nadie más vio


Aún recuerdo la primera vez que lo vi, su primera sonrisa, su primera palabra y el preciso momento donde me bautizaría para siempre. Yo estaba de pie, con los ojos cerrados intentando respirar aire puro en el corazón de la ciudad, entre los edificios gigantes que antes habían llamado mi atención. Era una mañana como cualquier otra cuando había dejado mi casa tan solo dos horas antes, tenía una bufanda gris porque el frío decembrino era algo que disfrutaba más si estaba cubierta, unos jeans que no me quedaban bien y una camisa que no había pensado en ponerme. Había ido a tomar fotos a la plaza Altamira – o plaza Francia, según la conozcas – cosa que había querido hacer desde que mi mudanza, luego vi la pequeña plaza Bélgica y seguí subiendo a ver si encontraba otra. Pero te encontré a ti.
Después de pasar el edificio Letonia y el Mc Donald’s, observé los edificios que quedaban frente a este y perdí el aliento. Era esa típica sensación de ser demasiado pequeña, de que el ingenio humano es maravilloso, de que el viento canta entre los edificios; dejé caer mi pequeña mochila en las escaleras que estaban al lado de El León y cerré los ojos, dejé que la ciudad vibrara a través de mí y creía que estaba en paz, como siempre había conseguido hacerlo… Hasta que escuché su voz.
- ¿De dónde eres, forastera? – abrí los ojos y dirigí mi cuerpo a donde venía la voz.
Había un chico sentado en una de las últimas mesas de El león, cercano a mí,parecía que había terminado de comer y que no tenía otra cosa que hacer sino sonreírme. Era una muy buena sonrisa, de esas que te hacen mirar dos veces y luego quedarte guindando de ellas hasta que el dueño la quita, era amplia, blanca y parecía esculpida, llegaba hasta sus ojos claros y los iluminaba, haciéndolos parecer más azules de lo que en realidad eran. Mi estómago se comprimió y mi cuerpo reaccionó exactamente como cuando me había montado en un avión por primera vez: mis sentidos estaban atentos, piel de gallina, labios entre abiertos de los cuales tendían palabas que nunca iban a ser dichas.
- ¿Cómo sabes que no soy de aquí? – quise agregar citadino, pero realmente me gusta que las palabras de digo signifiquen lo que significan. Y yo no sabía si lo era.
- En esta ciudad nadie nunca se detiene a mirar los edificios, muchos menos a dejar su mochila en algún lugar mientras cierra los ojos – observé que en su mesa estaba mi pequeño bolso marrón – pero, sobre todo, nadie disfruta de la brisa decembrina un sábado por la mañana.
- ¿Tiendes siempre a observar tanto?
- Solo cuando lo extraordinario salta a la vista.
Su voz era melodiosa, era de esas para las que siempre quieres tener una pregunta, pues lo único que quieres hacer es oírlo; realmente no importa de que hablen, sino el sonido de su voz danzando entre tus oídos, ver como se mueven sus labios llenos para formar las palabras, sentir el rose de su voz como si te estuviese tocando, aun cuando sabes que eso no es posible.
- Me gustaría que me devolvieras mi bolso, Sr. Extraordinario – sonrió ante ello y yo me di cuenta de lo mucho que había querido que sonriera de nuevo.
- Me gustaría comprarte un café, forastera.
Me acerqué a su mesa bajando los escalones donde había estado congelada, noté sus jeans desgastados y su camisa negra con detalles en dorado y el escudo de un equipo de fútbol que siempre me había gustado, sus zapatos relucientes estaban firmes a cada lado de la silla – sin hacer ese molesto repiqueteo que no tolero – y su cabello oscuro se hubiese movido con el viento si lo hubiese tenido más largo. Sonrió complacido al pensar que yo había aceptado, coloqué mis manos a cada lado de mi bolso y lo miré fijamente a los ojos.
- No acepto nada de extraños.
- No soy extraño, solo soy un chico normal que vino a desayunar fuera de su casa y se encontró con algo inusual.
- Le hablas a gente que no conoces, eso no puede ser normal.
- Alguna vez le hablaste por primera vez a tu mejor amiga, a tu peluquero, a tu perro, a tu…
Tomé la mochila y halé con fuerza, él tenía una manga tomada pero no esperaba la sorpresa; la acomodé en mi hombro y caminé en dirección a la plaza Altamira de nuevo, tuve la tentación de voltear y ver que hacía, pero algo me decía que si me volteaba estaba perdida; y aunque me detuve un momento, conseguí continuar caminado en dirección a donde fuera que me dirigía. Entonces tu voz volvió a invadir mis oídos y supe que nunca la olvidaría.
- La vida trata de que no te quedes con ganas de hacer nada, forastera.

Entonces volteé… Y ya no estabas.

¿Medio lleno o medio vacío?


Sé que ya es tarde, que hace un mes [[menos un día]] que comencé clases y que está way out of line que escriba ahorita sobre el principio de semestre - pues ya no es el principio - pero soy una persona de costumbres desacontumbradas, así que... (?

Quinto semestre te dice algo ¿No? A este punto se supone que ya sabes en que dirección quieres que vaya tu carrera a menos de que seas como yo y ya sabes como funciona la escuela [[aunque siga siendo un misterio como ordenan los horarios para las inscripciones]] Este semestre veré seis materias - tres obligatorias, tres electivas - que prometen mantenerme ocupada y probablemente de malhumor.

¿Recuerdan psicometría I y el proyecto y todo aquello? Bueno ¡Bienvenidos a la continuación de esta telenovela! La verdad, han habido muchos cambios, primero que anda: ya cada salón ve clases con una profesora [[y no dos]], el proyecto ya está bajo control -por supuesto, nos comimos nuestras variables en la I- pero para la próxima semana es la primera entrega y sigo viendo gente con Test en los pasillos, la preocupación es grande -sobre todo porque el examen también es la semana próxima. Algo bueno que haya pasado es que ya no hay tantas contradicciones, de que cada grupo obtiene la atención que merece y que el ambiente resulta ser relajado, ya nadie espera una pregunta intimidante en el medio de la clase, al menos.

También estoy cursando psicología social, que gracias a Dios es la última de este departamento [[Si bien no sé que mención voy a elegir, sé muy bien que no será social]] y que gracias a Zeus tiene uno de los mejores profesores con los que he visto clase, es un Sr. de lo más cuchi que adora infinitamente su materia y su trabajo, que -creo que lo primero que- me enseñó es que si amas lo que haces jamás te va a pesar e incluso puedes hacer que los demás se contagien de ello. En social también hay un proyecto, que no es difícil sino complejo y también entramos en parciales la semana que viene.

La última obligatoria es Psicopatología que, si bien, antes pensaba que iba a ser el amor de mi vida [[como Neuro y Psicofisio]] ha resultado más tediosa y molesta que otra cosa, puede que parezca lo fácil esta vez, pero son tantos terminos extraños y un sin fin de detalles que realmente es para volverte loco.

En las electivas fui bastante creativa -dicen por ahí. Estoy viendo cine, que es una materia inter-facultad y que, gracias a Dios, es un respiro a mitad de semana con buenos films independientes -usualmente en otros idiomas- en un auditorio con un ambiente perfecto. También estoy cursando Introducción al estudio de la Familia que tiene una profesora super amor, que es una buena continuación para Evolutiva y que me permite ver más allá de lo que todos ven en cuanto a la base de la sociedad. Por último, está Introducción al tratamiento de la drogodependencia, que ha sido la revelación (? del semestre, es una materia increíblemente interesante, que definitivamente me hace querer saber más de las adicciones.

Sé que llevo un mes y que parecen pocas impresiones, pero la verdad estoy super contenta con las desiciones que tomé al inscribir las materias, que todas han resultado bien, que los profesores han estado mucho mejor que en años anteriores y que todo va bien -aunque todo siempre va bien hasta que comienzan los parciales.

Nos leemos - o no.

Te respiro en la ciudad


Nunca sabes cuándo van a pasar las cosas, pero dicen que siempre tienes que estar preparado ¿Cómo te puedes preparar para algo que no tienes ni idea que va a pasar? Realmente nunca me había cuestionado semejante tontería, hasta que un día no estaba preparada y supe que debí estarlo.

                Era un día normal – siempre son días normales – tenía planes para comer con mis amigas y para regresar caminando a casa porque el clima se prestaba para ello; sin embargo, terminé corriendo por las calles de Caracas con tan solo medio almuerzo y la típica felicidad extraña que siempre me invade cuando te voy a ver.

Solo cuando estaba a mitad de camino me detuve a pensar… Entonces fui consciente de lo que antes, muy orgullosamente, había ignorado: me percaté de que había pasado todo el día haciendo diligencias y que probablemente el baño que había tomado en la mañana no era suficiente, que mi cabello estaba sucio porque esa mañana me había dado flojera lavarlo, que estaba sudada y sonrojada por la carrera, que llevaba la camisa de tu equipo favorito, pero que eso no bastaba. También sabía que contaba con poco tiempo, que en menos de cinco minutos ibas a dedicar toda tu atención a algo por más de una hora – algo que disfruto cuando no me distraigo contigo – y que no podía hacer mucho conmigo. Así que entré a un restaurante y até mi cabello en un moño alto, lavé mi cara y esperé a que el rubor se fuera, me tranquilicé un poco y terminé llegando tarde a nuestro encuentro.

Dicen que siempre hay que estar preparados, pero yo no entendía para qué; y realmente nunca lo sabrás hasta que te encuentres con alguien que te haga ser consciente de ti, de tu alrededor, de lo que sientes, de tus sonrisas – de sus sonrisas – de que importa muchísimo que seas la primera persona que te sonríe en el día, de que te vayas a dormir después de sus últimas palabras, de que el estómago se te hace un nudo cuando sabes que lo vas a ver, de que percibes todo más fuerte a su alrededor – como si tan solo estar cerca de él incrementara tu vitalidad – de que ves el mundo en sus ojos y no a través de ellos; ya que muchos pueden tener los ojos azules, pero solo con él te sientes en el cielo.

Escondidas

- La verdad ya estoy harta de que todos crean que estoy escondiendo algo – solté a penas lo vi en el pasillo, sin saludos ni introducciones, una acción que solo podía hacer con pocas personas. Él levantó la mirada del libro que estaba leyendo, me vio empapada y lo cerró.

- Es que no entiendo – continué después de lanzar mi bolso y sentarme a su lado – realmente no lo entiendo. Uno no puede venir arreglado, porque va a ver a alguien; uno no puede suspirar, debe estar pensando en alguien; uno no puede sonreír sin causa aparente, ya que evidentemente está relacionado con algo ¡Ni siquiera puedo escribir libremente porque ya me emparejan con cualquier personaje que invente! Al principio era divertido, claro, todos creen que sabes algo que en realidad no sabes, que no escondes nada, que no tienes necesidad de eso porque realmente no tienes nada que contar¿Y qué manía tienen con hacerme ojitos? Deberían creerme: esa parte de mi vida no es tan divertida.

                Él miró un rato, intimidándome un poco con sus ojos oscuros, luego sonrió tan rápido que apenas me percaté de que lo había hecho.
                - ¿Pretendes quitar toda la diversión que tiene construir hipótesis? Que importa que divagen, que importa que te digan o te miren, si solo tu, y solo tu, sabes.

                -Eso no le quita lo molesto.
                - ¿Acaso no escondes algo? – dijo.

                - Si, pero no sobre lo que ellos quieren saber.

                - Ah – guardó el libro en su bolso y se levantó – eso es lo que tú no sabes, pero lo que finges esconder.