- Me voy.
- ¿A dónde, cariño?
- Me voy de tu vida, para siempre - frunces el ceño y veo que no entiendes nada, típico: incluso cuando las palabras son tan claras como el agua prefieres irte al significado más rebuscado que a lo que se están refiriendo exactamente - es algo que debí hacer hace mucho y al fin veo que el momento correcto nunca llegará.
- No entiendo de qué estás hablando.
Sacó un bolso del armario y miro el hermoso apartamento que compartimos, el alquiler era un golpe constante en nuestros bolsillos pero lo compensaba lo hermoso, espacioso y perfecto que era. Era. Demonios, iba a extrañar el jodido lugar. Comienzo a meter mi ropa en el bolso de cualquier manera, te ríes desde la cocina y luego te acercas para ver mejor. Te congelas cuando ves mi seriedad.
- No estarás hablando en serio. Sea lo que sea que está pasando por tu mente lo podemos solucionar, tenemos que discutir esto.
- Estoy hasta la coronilla de "solucionar", "discutir" y "trabajar" sobre esto. Llevamos demasiado tiempo juntos, lo que hay es una costumbre a mi presencia a tu alrededor, a ser la extensión de tu brazo cuando vas por la calle, el contacto número uno en el teléfono y tu salida de los martes. Antes tenía miedo ¿Sabes? Me parecía desleal a todo lo que hemos pasado, me parecía que me estaba rindiendo en algo que estaba destinado, pero resulta que puedes vivir preso de la constancia.
- Ahora solo estás hablando disparates.
- Estamos muertos, tu y yo; desde nuestros sentimientos hasta la charla de relleno que tenemos a diario. Y no me gusta estar muerta. Me gusta sentir, vivir y reír.
- Haces eso conmigo, te he visto.
- Sé que me has estado ocultando cosas, mintiéndome - hay sorpresa en tu mirada, pero guardas silencio así que continúo - no te preocupes, no te lo estoy cobrando ni sacando en cara; solo quiero que sepas que sé, que lo he sabido desde hace mucho y he esperado que me digas. Pero nunca lo hiciste - miró mi bolso llenó de ropa - y está bien, con el tiempo empecé a hacerlo yo también.
- Escucha...
- Dejaste de ser mi persona - digo en una voz más baja y solo quedan los sonidos de la calle - nos prometimos muchas cosas hace mucho tiempo y estar contigo me aferra a lo que era y lo que soy. Pero quizás ya no quiera ser así. Quizás eres otro de mis múltiples fracasos y no quiero dejarte ir para no tener que admitir que es así. Tú bien sabes cuánto odio equivocarme.
- Estás saltando de un tema a otro, no puedo entender bien - pero de nuevo, tú nunca me entendiste.
- Necesito decirlo todo y así es como va saliendo. Porque yo hablo, yo confío, yo dejé mis escudos tan bajos cerca de ti que jamás me di cuenta de que te instalaste a vivir allí como un parásito, nunca aportaste nada.
Tomo los papeles de mi mesa de noche y veo una linda carta que me escribiste y adoraba releer por las noches.
- Fuimos buenos juntos ¿Lo sabes? Hubo una época en que no dudaría de ti ni aunque tuviese evidencia en frente. Pero las cosas han cambiado, como lo hiciste tú y como lo hice yo. Es momento de aceptar que crecimos separados, que esto no es lo que yo quiero y que tú... Tú ni sabes lo que quieres.
- Quiero esto. Te quiero a ti.
- No, no lo haces.
- Dijiste que perdonarías lo que fuera.
- Evidentemente yo asumí cosas de nuestra relación que tú no, pero ese fue mi problema. Asumir es un error.
- ¿Simplemente me tirarás a la basura como a los demás? ¿Crees que merezco el mismo trato que los anteriores?
- Siempre velaré por tus intereses, no hay razón en la tierra que me haga olvidar esto.
- Pero eso no es suficiente para quedarte.
- Me voy.
Y con ello me llevaba las lecturas que te gustaban para dormir, las meriendas de medianoche, las charlas incesables y agotadoras, pero necesarias, mis consejos, mis sonrisas y una parte de ti que probablemente me atormentaría después.
Nunca esperé que me detuvieras [[Sabía que no lo ibas en el hacer, en el fondo tú también querías esto]], ni que gritaras o intentaras ganarme el argumento. Habíamos pasado demasiadas veces por esto, así que la única diferencia era que esta vez no azoté la puerta ni salí enojada.
Al contrario, llevaba una sonrisa y la satisfacción de cerrar la puerta lentamente, con las llaves dentro de la casa, reflejadas en la cara. Era libre.
La cosa era qué hacer con esa libertad.
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30 ene 2016
Me voy.
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mini-historia
18 nov 2015
Semestre X - Finalizado *Et c'est fini*
Como buena analista conductual que soy, debo reconocer que estoy en un proceso de evitación con este post, ya que incluso antes de que pensara en hacerlo no quería hacerlo.
Pero ha llegado el momento. Después de ir a la Escuela hace dos semanas y ver como ocurría el proceso de inscripción sin mí (aunque yo tenía al menos cuatro años participando) y que ni siquiera me enterara y que el mundo no se cayó, me di cuenta que la vida puede seguir igual de funcional aunque no estés tú con tus superpoderes de coordinación para manejarla. Quién diría que todos somos tan prescindiblestú siempre lo dices, tonta.
En fin, cuando superé esa pequeña depresión - vamos, ¿Quién no quiere que lo extrañen un poquito? - Me dediqué a empezar este post, justamente el 08/10/2015, solo que lo abandoné... Otra vez. Hasta hoy.
Quedan menos de cuatro semanas para mi graduación como Licenciada en Psicología de la Universidad Central de Venezuela y después que superé el pánico de salir de allí, ahora estoy muy emocionada -y también tengo un poco de pánico por caerme frente a las dos mil y pico de personas- tan emocionada que iba a saltar este post e ir derechito a la graduación, pero no. Mi TOC puede más que eso.
En lo que siento yo fue hace una vida, cursé cinco materias en mi último semestre en la Universidad, en la mención Psicología Clínica. La primera de ellas fue Prácticas Clínicas, donde tuve la oportunidad de volver con mi profesora inicial y fue lo máximo; además que mi grupo era uno de los más pequeños y cool así que no teníamos que escuchar tantos casos como los demás -pero de alguna manera nos tomábamos el mismo tiempo- mis pacientes fueron geniales también, esta vez fueron cuatro casos y seis pacientes. Si, tenía dos casos de pareja y dos niños; #Confesión me gustaron ambas vertientes, quién sabe, quizás termine viendo adultos. Un #FunFact que disfruté bastante fue la experiencia de explicarle a los chicos de los semestres más bajos por qué se hacían las cosas de determinada manera y por qué no. El FunFact va para mí que siempre intento explicar cosas complicadas con manzanitas y la gente se pierde más que si lo hubiese explicado de la manera complicada.
Otra de las materias era Rehabilitación que fue la peor cosa del semestre: última materia teórica + un lunes, de 5.30 a 7 + un profesor terrible = la peor ecuación del mundo. ¿Que si aprendí algo? Si, claro, siempre aprendo algo. Como el modelo explicativo de la psicología de la Salud, lo mucho que necesitamos que la psicología sea interdisciplinaria, cómo tratar las discapacidades, cómo tratar niños en ambientes hospitalizados... Y un montón de cosas que de alguna forma ya había visto un poco en otras materias. Quizás era que mi tesis estaba medio implícita con algunas cosas. Quizás no. Las evaluaciones fueron extrañas, eran sencillas pero las querían hacer ver complicadas (?
Seguimos con Servicio Comunitario el cual consistía en un informe del mal que me tomó la vida para hacer y entregar, pero cuando me decidí, lo terminé y se lo envié a la comisión todo estuvo más que bien, lo cual era un alivio porque sin eso no podía defender mi tesis y mucho menos graduarme. Así que yey.
Mis Pasantías Institucionales las hice en el Hospital Cardiológico Infantil Lationamericano, donde no solo aprendí a tratar con niños y adolescentes en ambientes hospitalizados, sino a mejorar eso para ellos. Además, fue una experiencia genial con un maravilloso grupo de trabajo que estaba ansioso por enseñarme; teníamos días para jugar pin-pong, hacer yoga, comer donas o tortas y las máquinas expendedoras estaban literalmente a la vuelta de la esquina. Pude ver quirófanos, niños en terapia intensiva, comunicarle a unos padres que su hijo no había sobrevivido, decirles que habían superado la cirugía con éxito... Fue un sube y baja, muchas partes buenas y otras que contribuyeron a mi crecimiento profesional y a mi sensibilización como persona. Si supervisora era lo máximo, también.
Por último, está mi Trabajo Especial de Grado o Tesis. Ya les había comentado que era sobre niños hospitalizados así que fue lógico que la aplicara en donde hice mis pasantías, todo iba genial: la elaboración del trabajo estaba en marcha, nuestra tutora estaba encantada con nuestro trabajo, después de mucho buscar habíamos encontrado como medir y dónde aplicar y mi compañero y yo seguíamos en la misma página... Hasta que no lo estuvimos. Y entré en pánico. Después de que nos faltaban dos pasitos para finiquitar la tesis, tuvimos un problema enorme que nos retrasó casi un mes para la presentación.
Y no era solo eso, la Escuela y Control de Estudios estaban presionando con las fechas. Yo había planeado mi vida para terminar en Julio, él contemplaba la opción de presentar en Septiembre. Así que me puse como loca e hice correr a mi tutora, a mi compañero y a mí misma poniendo una cantidad enorme de presión sobre todos y trabajando incansablemente hasta que el trabajo estuvo terminado, la presentación hecha y los jueces solicitados. Nuestra tesis no solo fue aprobada, sino que obtuvimos los reconocimientos más altos que se le pueden dar, acá lo que dice el veredicto:
Constituye una investigación pionera en el contexto hospitalario por su relevancia social, valor clínico y heurístico. Apoya, además, sensiblemente el interés en el área y ofrece la posibilidad del desarrollo de nuevos proyectos orientados a la exploración de otros factores y variables inherentes al ámbito estudiado. El jurado de manera unánime le otorga la calificación de SOBRESALIENTE y recomienda la Mención Publicación.
Sip, estoy tan increíblemente orgullosa de mi bebé. Casi me hace olvidar todo el drama, lágrimas y molestias que tuvo involucrado.
Como a estas alturas ya sabrán, jamás me puedo quedar quieta. Así que este semestre mis actividades extra-curriculares también estuvieron muy ocupadas: mi equipo de fútbol ganó los juegos nacionales de Escuelas de Psicología, junto a cuatro amigas planeamos un evento que tuvo impacto nacional sobre lo que se está haciendo en Psicología en el país, tuvimos patrocinantes grandes y el evento fue un éxito total; se llamó Convención de Psicólogos: Aplicaciones del Siglo XIX y fue un evento pro-fondos para la Escuela, terminamos recaudando más de 100.000bs.
Como tradición de los alumnos que están próximos a graduarse, bailan tambores, así que también organicé eso. Por no mencionar todas las salidas con mis amigos, el aprendizaje, las participaciones en reuniones importantes con gente importante, hostigar a los representantes estudiantiles porque no querían dejar que entráramos a la graduación de Noviembre, de reunirme a hacer tesis más veces con mis amigos que con mi compañero, de hacer la cartelera con la cuenta regresiva para el último día de clases, de guiar nuevamente a los próximos estudiantes de la U en sus pasillos, de tener al fin mi birrete de foami, de escaparme de clases para ir a un cumple, mi trabajo como pasante en el Servicio de Psicología, las tardes en los pasillos, de ir a la graduación de algunas amigas sabiendo que la tuya es la próxima, de monopolizar el mundo, tener una compañera de crímenes, pasar casi ocho horas sentadas en un café, casi que comprar acciones en el café porque nos la pasábamos allí metidas, palabras hermosas del Director de mi Escuela justo cuando salí de mi defensa de tesis sobre lo orgulloso que está de mí y cuánto le alegraba que hubiese personas como yo que se preocupan por la Escuela, sus agradecimientos por todo lo que hicimos mientras estuvimos ocupando esos espacios, su tristeza porque nos vamos...
En fin. Parece que los lunes de donas que han llegado a su fin, que ya no va a haber corridas de futbolistas por los pasillos, que no veré los pasillos de mi Universidad por las noches, que no iré más al zoológico de contacto, nada de comprar pastelitos y batidos de fresa en Ingeniería, no más dormir en tierra de nadie ni pasear en tierra cubierta, no más caminar los pasillos que han sido mi casa por los últimos cinco años de mi vida.
Porque desde Mitaquerí a la piscina, la UCV seguirá siendo mía.
- Sin importar que me gradúe-
PD: Acá un montón de fotos de lo que este semestre fue para mí.
Pero ha llegado el momento. Después de ir a la Escuela hace dos semanas y ver como ocurría el proceso de inscripción sin mí (aunque yo tenía al menos cuatro años participando) y que ni siquiera me enterara y que el mundo no se cayó, me di cuenta que la vida puede seguir igual de funcional aunque no estés tú con tus superpoderes de coordinación para manejarla. Quién diría que todos somos tan prescindibles
En fin, cuando superé esa pequeña depresión - vamos, ¿Quién no quiere que lo extrañen un poquito? - Me dediqué a empezar este post, justamente el 08/10/2015, solo que lo abandoné... Otra vez. Hasta hoy.
Quedan menos de cuatro semanas para mi graduación como Licenciada en Psicología de la Universidad Central de Venezuela y después que superé el pánico de salir de allí, ahora estoy muy emocionada -
En lo que siento yo fue hace una vida, cursé cinco materias en mi último semestre en la Universidad, en la mención Psicología Clínica. La primera de ellas fue Prácticas Clínicas, donde tuve la oportunidad de volver con mi profesora inicial y fue lo máximo; además que mi grupo era uno de los más pequeños y cool así que no teníamos que escuchar tantos casos como los demás -pero de alguna manera nos tomábamos el mismo tiempo- mis pacientes fueron geniales también, esta vez fueron cuatro casos y seis pacientes. Si, tenía dos casos de pareja y dos niños; #Confesión me gustaron ambas vertientes, quién sabe, quizás termine viendo adultos. Un #FunFact que disfruté bastante fue la experiencia de explicarle a los chicos de los semestres más bajos por qué se hacían las cosas de determinada manera y por qué no. El FunFact va para mí que siempre intento explicar cosas complicadas con manzanitas y la gente se pierde más que si lo hubiese explicado de la manera complicada.
Otra de las materias era Rehabilitación que fue la peor cosa del semestre: última materia teórica + un lunes, de 5.30 a 7 + un profesor terrible = la peor ecuación del mundo. ¿Que si aprendí algo? Si, claro, siempre aprendo algo. Como el modelo explicativo de la psicología de la Salud, lo mucho que necesitamos que la psicología sea interdisciplinaria, cómo tratar las discapacidades, cómo tratar niños en ambientes hospitalizados... Y un montón de cosas que de alguna forma ya había visto un poco en otras materias. Quizás era que mi tesis estaba medio implícita con algunas cosas. Quizás no. Las evaluaciones fueron extrañas, eran sencillas pero las querían hacer ver complicadas (?
Seguimos con Servicio Comunitario el cual consistía en un informe del mal que me tomó la vida para hacer y entregar, pero cuando me decidí, lo terminé y se lo envié a la comisión todo estuvo más que bien, lo cual era un alivio porque sin eso no podía defender mi tesis y mucho menos graduarme. Así que yey.
Mis Pasantías Institucionales las hice en el Hospital Cardiológico Infantil Lationamericano, donde no solo aprendí a tratar con niños y adolescentes en ambientes hospitalizados, sino a mejorar eso para ellos. Además, fue una experiencia genial con un maravilloso grupo de trabajo que estaba ansioso por enseñarme; teníamos días para jugar pin-pong, hacer yoga, comer donas o tortas y las máquinas expendedoras estaban literalmente a la vuelta de la esquina. Pude ver quirófanos, niños en terapia intensiva, comunicarle a unos padres que su hijo no había sobrevivido, decirles que habían superado la cirugía con éxito... Fue un sube y baja, muchas partes buenas y otras que contribuyeron a mi crecimiento profesional y a mi sensibilización como persona. Si supervisora era lo máximo, también.
Por último, está mi Trabajo Especial de Grado o Tesis. Ya les había comentado que era sobre niños hospitalizados así que fue lógico que la aplicara en donde hice mis pasantías, todo iba genial: la elaboración del trabajo estaba en marcha, nuestra tutora estaba encantada con nuestro trabajo, después de mucho buscar habíamos encontrado como medir y dónde aplicar y mi compañero y yo seguíamos en la misma página... Hasta que no lo estuvimos. Y entré en pánico. Después de que nos faltaban dos pasitos para finiquitar la tesis, tuvimos un problema enorme que nos retrasó casi un mes para la presentación.
Y no era solo eso, la Escuela y Control de Estudios estaban presionando con las fechas. Yo había planeado mi vida para terminar en Julio, él contemplaba la opción de presentar en Septiembre. Así que me puse como loca e hice correr a mi tutora, a mi compañero y a mí misma poniendo una cantidad enorme de presión sobre todos y trabajando incansablemente hasta que el trabajo estuvo terminado, la presentación hecha y los jueces solicitados. Nuestra tesis no solo fue aprobada, sino que obtuvimos los reconocimientos más altos que se le pueden dar, acá lo que dice el veredicto:
Constituye una investigación pionera en el contexto hospitalario por su relevancia social, valor clínico y heurístico. Apoya, además, sensiblemente el interés en el área y ofrece la posibilidad del desarrollo de nuevos proyectos orientados a la exploración de otros factores y variables inherentes al ámbito estudiado. El jurado de manera unánime le otorga la calificación de SOBRESALIENTE y recomienda la Mención Publicación.
Sip, estoy tan increíblemente orgullosa de mi bebé. Casi me hace olvidar todo el drama, lágrimas y molestias que tuvo involucrado.
Como a estas alturas ya sabrán, jamás me puedo quedar quieta. Así que este semestre mis actividades extra-curriculares también estuvieron muy ocupadas: mi equipo de fútbol ganó los juegos nacionales de Escuelas de Psicología, junto a cuatro amigas planeamos un evento que tuvo impacto nacional sobre lo que se está haciendo en Psicología en el país, tuvimos patrocinantes grandes y el evento fue un éxito total; se llamó Convención de Psicólogos: Aplicaciones del Siglo XIX y fue un evento pro-fondos para la Escuela, terminamos recaudando más de 100.000bs.
Como tradición de los alumnos que están próximos a graduarse, bailan tambores, así que también organicé eso. Por no mencionar todas las salidas con mis amigos, el aprendizaje, las participaciones en reuniones importantes con gente importante, hostigar a los representantes estudiantiles porque no querían dejar que entráramos a la graduación de Noviembre, de reunirme a hacer tesis más veces con mis amigos que con mi compañero, de hacer la cartelera con la cuenta regresiva para el último día de clases, de guiar nuevamente a los próximos estudiantes de la U en sus pasillos, de tener al fin mi birrete de foami, de escaparme de clases para ir a un cumple, mi trabajo como pasante en el Servicio de Psicología, las tardes en los pasillos, de ir a la graduación de algunas amigas sabiendo que la tuya es la próxima, de monopolizar el mundo, tener una compañera de crímenes, pasar casi ocho horas sentadas en un café, casi que comprar acciones en el café porque nos la pasábamos allí metidas, palabras hermosas del Director de mi Escuela justo cuando salí de mi defensa de tesis sobre lo orgulloso que está de mí y cuánto le alegraba que hubiese personas como yo que se preocupan por la Escuela, sus agradecimientos por todo lo que hicimos mientras estuvimos ocupando esos espacios, su tristeza porque nos vamos...
En fin. Parece que los lunes de donas que han llegado a su fin, que ya no va a haber corridas de futbolistas por los pasillos, que no veré los pasillos de mi Universidad por las noches, que no iré más al zoológico de contacto, nada de comprar pastelitos y batidos de fresa en Ingeniería, no más dormir en tierra de nadie ni pasear en tierra cubierta, no más caminar los pasillos que han sido mi casa por los últimos cinco años de mi vida.
Porque desde Mitaquerí a la piscina, la UCV seguirá siendo mía.
- Sin importar que me gradúe-
PD: Acá un montón de fotos de lo que este semestre fue para mí.
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| Cosas por hacer. |
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| Con el barbudo de Juan. |
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| Las cosas más bonita de mamá. |
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| Graduación. |
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| Con la cuchu bajo las nubes. |
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| Los pa' la joda y la cartelera. |
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| Sesión de Tesis. |
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| Otra sesión de tesis. |
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| Si, más tesis. |
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| Planeando la convención |
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| Compañeras de crimen |
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| Y más tesis. |
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| Adicta a los calendarios. |
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| Estudiando / Tesis / Café |
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| Equipo Prueba Interna |
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| Amarillo. |
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| Último día de clases. |
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| Lcd |
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| Soy importante. |
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| Nuestro super pendón. |
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| Yep, teníamos mercancía |
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| Día de éxitos. |
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| En los Juegos Nacionales de Psicología. |
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| Cuenta para los tambores. |
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| Pa la joda en los tambores. |
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| Con mamá. |
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| Mi familia. |
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| Futuros psicólogos. |
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| Chicas convención. |
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| Día de tesis. |
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| <3 i="">3> |
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| :D |
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| El Director de mi Escuela. |
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| Con nuestra super tutora. |
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| Nuestros padrinos y los graduandos. |
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| TEDxUCV |
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| ¡Felicidades! |
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8 oct 2015
Dichoso aquel que se va y no ve las lágrimas de quien queda.
Remodelaron la estación de gasolina donde te besé apasionadamente por última vez.
Quiero decirte, pero no lo hago; porque no es algo que hagamos más. Ni siquiera estoy segura de por qué recuerdo estomentira, si lo sé, pero ayer cuando recorría las calles de esta ciudad a una hora donde realmente puedes recorrerla, sin querer pasé por allí y lo noté. Casi no lo hago, el semáforo estaba en verde y el carro simplemente siguió andando, fue casi un milagro que hubiese volteado y visto las láminas de zinc cubriéndolo todo y el techo rojo aun brillando sin necesidad de luces.
¿Milagro para quién?
Si, la verdad es que recuerdo esa noche en particular, como cada instante que pasé junto a ti. A estas alturas me parece un poco patético ¿Sabes? Pero hace tiempo que dejé de pelear con el sentimiento y simplemente lo siento. Porque es bueno sentir algo. Después de ti, pasé tanto tiempo obnubilada que casi abracé el dolor que vino cuando esa etapa pasó. Una maraña de piel que no sentía nada y luego empezó a sentir demasiado...
Pero eso no era lo que estaba escribiendo ¿O sí? Escribía sobre aquella noche donde justo antes de llevarme a mi casa decidiste parar a poner gasolina, como cualquier noche, y te estacionaste en la que estaba más cercana al borde de la calle, justo del lado izquierdo, como siempre hacías. Jugabas con la palanca de cambios mientras yo pensaba en el beso impulsivo que te iba a dar. ¿Sabes? De esos que pareciera que no pudieses contener el sentimiento que llevas dentro y dejas que tome el control por un momento y entonces estás encima de la persona que quieres y ambos ríen y solo existen entre ellos.
Y si, eso es lo más impulsiva que puedo ser. Planeando besos impulsivos. Así que cuando me miraste y sonreíste agostaste tus oportunidades de escape. Me lancé hacia ti como había visto que hacían en las películas y como había leído que hacían en los libros rezando para que nuestros dientes no chocaran porque odio cuando eso pasa y la sensación que deja atrás.
Y el beso resultó perfecto. No hubo choques innecesarios, ni el cinturón de seguridad incomodando; no te alejaste ni te reíste.
Puse mi mano en tu cabello, porque así era como lo había imaginado, y te sujeté con más fuerza de la necesaria porque quería que sintieras lo rudo que lo quería. Tú cediste, como siempre, y cumpliste con mi petición silente. Me besaste y correspondiste mi beso y no te apuraste aun cuando el señor de la gasolinera se puso al lado de mi ventana y me seguiste besando por lo que pudieron haber sido dos siglos y medio. Y eso que quizás no sabías que ese beso era mi último intento contigo, para ver si podías sentir la desesperación que me comía por dentro a medida que nos hundíamos, para ver si mis labios te hacían entender que quería salir gritando y corriendo lejos de nosotros. Pero por supuesto que no fue así. Fue solo otro beso para ti.
O quizás lo supiste y sentiste, pero no te importó. ¿A quién le importa ya? Solo pasó.
Lo que si fue tremenda sorpresa para mí fue lo que sentí. O lo que no sentí. Porque a medida que mi lengua luchaba por bajar por tu garganta y mis manos intentaban aferrarte como nunca, podía pensar. Y eso claramente estaba mal ¿Cómo podía tener coherencia de pensamiento cuando te estaba besando tan apasionadamente? Y mientras más lo pensaba más me daba cuenta que no estaba en ese momento.
Que ya no sentía nada. Que era solo un beso. Y que podía vivir sin ese beso.
Te separaste con una sonrisa en los labios hinchados y el cabello desordenado. Le pagaste al señor y terminamos de recorrer los otros cinco minutos hasta mi casa.
- Te quiero - te dije desde la puerta del carro mientras tus ojos oscuros se alejaban de mí y yo sentía un miedo extraño en el estómago.
- Si, yo también - dijiste y te pusiste en marcha.
No esperaste a que entrara. No dijiste yo también te quiero como sabías que me gustaba. No pusiste tus manos en mi cara cuando te besé. No entendiste ni preguntaste por qué.
Simplemente te fuiste, y aunque yo también me había ido, dolió como si no lo hubiese estado esperando.
Porque siempre esperé que fueras tú el que se fuera.
Quiero decirte, pero no lo hago; porque no es algo que hagamos más. Ni siquiera estoy segura de por qué recuerdo esto
¿Milagro para quién?
Si, la verdad es que recuerdo esa noche en particular, como cada instante que pasé junto a ti. A estas alturas me parece un poco patético ¿Sabes? Pero hace tiempo que dejé de pelear con el sentimiento y simplemente lo siento. Porque es bueno sentir algo. Después de ti, pasé tanto tiempo obnubilada que casi abracé el dolor que vino cuando esa etapa pasó. Una maraña de piel que no sentía nada y luego empezó a sentir demasiado...
Pero eso no era lo que estaba escribiendo ¿O sí? Escribía sobre aquella noche donde justo antes de llevarme a mi casa decidiste parar a poner gasolina, como cualquier noche, y te estacionaste en la que estaba más cercana al borde de la calle, justo del lado izquierdo, como siempre hacías. Jugabas con la palanca de cambios mientras yo pensaba en el beso impulsivo que te iba a dar. ¿Sabes? De esos que pareciera que no pudieses contener el sentimiento que llevas dentro y dejas que tome el control por un momento y entonces estás encima de la persona que quieres y ambos ríen y solo existen entre ellos.
Y si, eso es lo más impulsiva que puedo ser. Planeando besos impulsivos. Así que cuando me miraste y sonreíste agostaste tus oportunidades de escape. Me lancé hacia ti como había visto que hacían en las películas y como había leído que hacían en los libros rezando para que nuestros dientes no chocaran porque odio cuando eso pasa y la sensación que deja atrás.
Y el beso resultó perfecto. No hubo choques innecesarios, ni el cinturón de seguridad incomodando; no te alejaste ni te reíste.
Puse mi mano en tu cabello, porque así era como lo había imaginado, y te sujeté con más fuerza de la necesaria porque quería que sintieras lo rudo que lo quería. Tú cediste, como siempre, y cumpliste con mi petición silente. Me besaste y correspondiste mi beso y no te apuraste aun cuando el señor de la gasolinera se puso al lado de mi ventana y me seguiste besando por lo que pudieron haber sido dos siglos y medio. Y eso que quizás no sabías que ese beso era mi último intento contigo, para ver si podías sentir la desesperación que me comía por dentro a medida que nos hundíamos, para ver si mis labios te hacían entender que quería salir gritando y corriendo lejos de nosotros. Pero por supuesto que no fue así. Fue solo otro beso para ti.
O quizás lo supiste y sentiste, pero no te importó. ¿A quién le importa ya? Solo pasó.
Lo que si fue tremenda sorpresa para mí fue lo que sentí. O lo que no sentí. Porque a medida que mi lengua luchaba por bajar por tu garganta y mis manos intentaban aferrarte como nunca, podía pensar. Y eso claramente estaba mal ¿Cómo podía tener coherencia de pensamiento cuando te estaba besando tan apasionadamente? Y mientras más lo pensaba más me daba cuenta que no estaba en ese momento.
Que ya no sentía nada. Que era solo un beso. Y que podía vivir sin ese beso.
Te separaste con una sonrisa en los labios hinchados y el cabello desordenado. Le pagaste al señor y terminamos de recorrer los otros cinco minutos hasta mi casa.
- Te quiero - te dije desde la puerta del carro mientras tus ojos oscuros se alejaban de mí y yo sentía un miedo extraño en el estómago.
- Si, yo también - dijiste y te pusiste en marcha.
No esperaste a que entrara. No dijiste yo también te quiero como sabías que me gustaba. No pusiste tus manos en mi cara cuando te besé. No entendiste ni preguntaste por qué.
Simplemente te fuiste, y aunque yo también me había ido, dolió como si no lo hubiese estado esperando.
Porque siempre esperé que fueras tú el que se fuera.
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17 jul 2015
Tus pasillos.
Antes, en algún momento de estos cinco años, escribí que no podía creer que hubiese conocido a personas tan buenas y tan especiales que me hubieran ofrecido su amistad, no podía creer que hubiese conocido profesores tan hermosos que lo único que querían era enseñar, no podía creer como un solo lugar podía cambiarlo todo y hacerte sentir tan bien.
Con el tiempo descubrí que solo en tus mágicos pasillos es eso posible.
Ellos están llenos de tantos momentos, risas, lágrimas, historias, victorias, derrotas, gente, personas, corridas de futbolista, cerebros, yonquis, cafetines sucios pero donde los batidos son deliciosos, perros -y ahora gatos-, amables señores que hacen la limpieza, odiosas personas que tramitan lo que necesitas, profesores geniales, profesores, mediocres, helados, donas, secretos escondidos y mucho más.
En tus pasillos me sentí libre, liviana y sentí que podía respirar; esa libertad que solo viene con saber que estás haciendo lo que amas y que por ese breve instante todo está bien en el mundo; no hay guerras, política o calentamiento global, solo estás tú disfrutando de tu pasión.
Conocí tal pluralidad de pensamiento que ya no puedo tomar nada como certeza, en tus pasillos conocí a personas que me querían hacer pensar más de lo normaly gracias a Dios lo lograron, que me enseñaron a hacerlo, que me mostraron perspectivas diferentes de la vida y me mostraron cuál era la mía. En ellos conocí la unicidad de cada persona, de cada momento y de cada conjunto. También me enseñaron a equivocarme y que la vida está para probar, para decir que sí cada vez que quieras.
En tus pasillos terminé de crecer, me terminé de formar y aprendí que nunca dejas de aprender. En tus pasillos, esos que por cinco años me sonrieron, conocí la bondad del ser humano, la infinidad de la inteligencia y la importancia de una voz. Aprendí el significado de las cosas, de palabras y sobre los significados de los significados.
Comprendí que fui UCVista dos años antes de comenzar a estudiar allí cuando por primera vez recorrí sus pasillos y tuve miedo y ansias de perderme en su inmensidad, la viví por cinco años disfrutando de cada rincón y permanecerá por el resto de los días en mi corazón; porque ser UCVista es algo que se lleva en la sangre y que una vez que despierta ya no lo puedes apagar - pero tampoco lo quieres apagar.
Tus pasillos también me sirvieron de cama en innumerables oportunidades, siempre acondicionados con la iluminación perfecta [[si tienes una Escuela oscura, no puedes pedir que los estudiantes no duerman]], también fueron restaurante, café y sala de terapia. O cualquier otra cosa que mis amigos o yo quisiéramos que fuera.
En tus pasillos fui exploradora, de toda tu estructura y de la vida, descubrí tus infinitas obras de arte, tus leyendas, tu historia y como permanecerás pase lo que pase; como es estudiar en un museo aunque la gente de por sentado la escultura por la que pasan todos los días. Porque así eres tú, una dama magnífica inmiscuida en las entrañas de una gran ciudad, que se mantiene de la misma manera en la que alguna vez impactó, pero que la gente perdió a medida que pasó el tiempo. Porque no se puede deslumbrar siempre, aunque tú lo hagas.
En tus pasillos conocí la política de buena mano y lo sucia que es en todo los niveles, lo que son capaces de hacer las personas por poder (aunque sea meramente representativo) y como se llegan a perder. En ellos noté como todos están ciegos y sordos cuando creen en algo, que no puedes enseñar a nadie que no quiere aprender.
En tus pasillos conocí el amor. Aquel que sientes por lo que amas, el de amigos, por una institución, por un ideal y por alguien más. Me llegué a enamorar seriamente un par de veces: una de ti y una de él. Pero fueron tus pasillos los que me soportaron cuando él se fue.
En tus pasillos pensé que dejaría los últimos pasos de mi niñez, solo para entender que no hay tal cosa como esa, que seré la niña curiosa y hambrienta de conocimiento que siempre fui.
En tus pasillos aprendí a tener paciencia, a esperar los tiempos que quiere la vida. No voluntariamente, claro, pero si algo entendí de tus paros fue eso. Ellos también me enseñaron que hay tiempo para todo cuando tienes el afán de querer hacer, que estarán ahí para que puedas hacerlo.
Tus pasillos fueron los escenarios para los disfraces que me puse durante cinco años, aquellos donde tenía que usar bata y hablar con términos médicos complicados o cuando tuve que usar tu escudo en mi pecho como si fuera un estandarte para orientar a las miles de personas que por primera vez pisaban tus gloriosas tierras; tus pasillos estaban allí para mí para cualquier ocurrencia que tuviera, siempre y cuando me desenvolviera en ellos.
Porque tus pasillos son como las venas que nutren la gran Universidad Central de Venezuela, esos que mantienen vivos los estudiantes cuando hacen vida universitaria, cuando se encuentran con sus amigos o cuando salen a protestar; tus pasillos, esos techados que recorren y te llevan a cualquier rincón de la Universidad son los que recordaré ahora que no los viviré a diario, cuando esté lejos, cuando escuche a alguien hablar de su Universidad y cada vez que te piense.
Pues tus pasillos lo son todo.

Con el tiempo descubrí que solo en tus mágicos pasillos es eso posible.
Ellos están llenos de tantos momentos, risas, lágrimas, historias, victorias, derrotas, gente, personas, corridas de futbolista, cerebros, yonquis, cafetines sucios pero donde los batidos son deliciosos, perros -y ahora gatos-, amables señores que hacen la limpieza, odiosas personas que tramitan lo que necesitas, profesores geniales, profesores, mediocres, helados, donas, secretos escondidos y mucho más.
En tus pasillos me sentí libre, liviana y sentí que podía respirar; esa libertad que solo viene con saber que estás haciendo lo que amas y que por ese breve instante todo está bien en el mundo; no hay guerras, política o calentamiento global, solo estás tú disfrutando de tu pasión.
Conocí tal pluralidad de pensamiento que ya no puedo tomar nada como certeza, en tus pasillos conocí a personas que me querían hacer pensar más de lo normal
En tus pasillos terminé de crecer, me terminé de formar y aprendí que nunca dejas de aprender. En tus pasillos, esos que por cinco años me sonrieron, conocí la bondad del ser humano, la infinidad de la inteligencia y la importancia de una voz. Aprendí el significado de las cosas, de palabras y sobre los significados de los significados.
Comprendí que fui UCVista dos años antes de comenzar a estudiar allí cuando por primera vez recorrí sus pasillos y tuve miedo y ansias de perderme en su inmensidad, la viví por cinco años disfrutando de cada rincón y permanecerá por el resto de los días en mi corazón; porque ser UCVista es algo que se lleva en la sangre y que una vez que despierta ya no lo puedes apagar - pero tampoco lo quieres apagar.
Tus pasillos también me sirvieron de cama en innumerables oportunidades, siempre acondicionados con la iluminación perfecta [[si tienes una Escuela oscura, no puedes pedir que los estudiantes no duerman]], también fueron restaurante, café y sala de terapia. O cualquier otra cosa que mis amigos o yo quisiéramos que fuera.
En tus pasillos fui exploradora, de toda tu estructura y de la vida, descubrí tus infinitas obras de arte, tus leyendas, tu historia y como permanecerás pase lo que pase; como es estudiar en un museo aunque la gente de por sentado la escultura por la que pasan todos los días. Porque así eres tú, una dama magnífica inmiscuida en las entrañas de una gran ciudad, que se mantiene de la misma manera en la que alguna vez impactó, pero que la gente perdió a medida que pasó el tiempo. Porque no se puede deslumbrar siempre, aunque tú lo hagas.
En tus pasillos conocí la política de buena mano y lo sucia que es en todo los niveles, lo que son capaces de hacer las personas por poder (aunque sea meramente representativo) y como se llegan a perder. En ellos noté como todos están ciegos y sordos cuando creen en algo, que no puedes enseñar a nadie que no quiere aprender.
En tus pasillos conocí el amor. Aquel que sientes por lo que amas, el de amigos, por una institución, por un ideal y por alguien más. Me llegué a enamorar seriamente un par de veces: una de ti y una de él. Pero fueron tus pasillos los que me soportaron cuando él se fue.
En tus pasillos pensé que dejaría los últimos pasos de mi niñez, solo para entender que no hay tal cosa como esa, que seré la niña curiosa y hambrienta de conocimiento que siempre fui.
En tus pasillos aprendí a tener paciencia, a esperar los tiempos que quiere la vida. No voluntariamente, claro, pero si algo entendí de tus paros fue eso. Ellos también me enseñaron que hay tiempo para todo cuando tienes el afán de querer hacer, que estarán ahí para que puedas hacerlo.
Tus pasillos fueron los escenarios para los disfraces que me puse durante cinco años, aquellos donde tenía que usar bata y hablar con términos médicos complicados o cuando tuve que usar tu escudo en mi pecho como si fuera un estandarte para orientar a las miles de personas que por primera vez pisaban tus gloriosas tierras; tus pasillos estaban allí para mí para cualquier ocurrencia que tuviera, siempre y cuando me desenvolviera en ellos.
Porque tus pasillos son como las venas que nutren la gran Universidad Central de Venezuela, esos que mantienen vivos los estudiantes cuando hacen vida universitaria, cuando se encuentran con sus amigos o cuando salen a protestar; tus pasillos, esos techados que recorren y te llevan a cualquier rincón de la Universidad son los que recordaré ahora que no los viviré a diario, cuando esté lejos, cuando escuche a alguien hablar de su Universidad y cada vez que te piense.
Pues tus pasillos lo son todo.

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27 mar 2015
A ti que te vas - o que te fuiste.
Primero que nada quiero decirte que esta carta no es para disuadirte de tu decisión, es simplemente un último recuerdo para ti que vas mientras yo me quedo. Y no lo digo a manera de queja o reclamo; después de todo cada quien es dueño de sus planes y sueños; y aunque comprenda tus razones para marcharte, aun no las comparto lo suficiente, por lo que te dedicaré las siguientes palabras:
Espero que hayas tenido suerte con todo el papeleo que tuviste que hacer, que te hayan tocado los funcionarios menos gruñones y más eficientes, que hayas finalizado todos tus trámites y que en ese último viaje por carretera hayas disfrutado de manejar entre las montañas y al ras de las nubes, viendo el oro trigueño de nuestros jardines eternos y espiando entre los árboles a la luna o al sol. Que hayas sentido el asfalto bajo las ruedas del carro y ese brinco agitado en el corazón cuando esquivas una irregularidad. Que hayas tenido una despedida adecuada y hayas hecho la promesa de volver para visitar.
Porque hay algo curioso sobre poder elegir qué vamos a extrañar.
Y como adoramos extrañar lo que ya no tenemos, para ti serán las hallacas en navidad, los días feriados y el clima tropical, para mí serás tú y todo lo que dejas aquí, porque no te va a pesar irte sino todo lo que dejas. Y verás que con lo mucho que ayuda Skype, en realidad no ayuda tanto. Quizás estoy omitiendo la carismática personalidad de nuestra gente o su ingenio o lo sencillo que es todo en el país de lo posible, pero tú ya debes saber bastante de eso.
También te quiero advertir que cuando escuches “Venezuela”, así estés nuevamente en nuestro territorio, probablemente empezarás a llorar o se te hará un nudo en la garganta; porque una vez que te despides de la cromointerferencia ambientación de color aditivo de Cruz Diez en el aeropuerto de Maiquetía no hay forma de que sientas esa canción igual. O que veas nuestra bandera y no te acerques a ver quién es o si escuchas nuestro acento no quieras iniciar una conversación. Porque son cosas que ocurrirán e incluso no te darás cuenta, es como buscar la pieza que siempre faltará del rompecabezas.
Pero no te agobies, esto pasará. Así como el ansia de buscar las diferencias y similitudes para formar un nuevo hogar, la nostalgia por el sabor de la comida y la costumbre de hacer el cambio a nuestra moneda. Las nuevas costumbres y rutinas, la cultura y sus particularidades, la gente y las nuevas posibilidades, intentarán colarse en ti; pero la sangre que corre por tus venas siempre será tricolor con vinotinto, porque los atropellos a nuestro país los vivirás conmigo, porque te enorgullecerás de sus triunfos y, sobre todo, porque dejas un pedacito de tu corazón en esta tierra que te vio crecer.
Así que espero que hayas doblado bien tus sueños y los hayas empacado en la maleta. Porque una vida no cabe en ella, pero los sueños si.
Espero que hayas tenido suerte con todo el papeleo que tuviste que hacer, que te hayan tocado los funcionarios menos gruñones y más eficientes, que hayas finalizado todos tus trámites y que en ese último viaje por carretera hayas disfrutado de manejar entre las montañas y al ras de las nubes, viendo el oro trigueño de nuestros jardines eternos y espiando entre los árboles a la luna o al sol. Que hayas sentido el asfalto bajo las ruedas del carro y ese brinco agitado en el corazón cuando esquivas una irregularidad. Que hayas tenido una despedida adecuada y hayas hecho la promesa de volver para visitar.
Porque hay algo curioso sobre poder elegir qué vamos a extrañar.
Y como adoramos extrañar lo que ya no tenemos, para ti serán las hallacas en navidad, los días feriados y el clima tropical, para mí serás tú y todo lo que dejas aquí, porque no te va a pesar irte sino todo lo que dejas. Y verás que con lo mucho que ayuda Skype, en realidad no ayuda tanto. Quizás estoy omitiendo la carismática personalidad de nuestra gente o su ingenio o lo sencillo que es todo en el país de lo posible, pero tú ya debes saber bastante de eso.
También te quiero advertir que cuando escuches “Venezuela”, así estés nuevamente en nuestro territorio, probablemente empezarás a llorar o se te hará un nudo en la garganta; porque una vez que te despides de la cromointerferencia ambientación de color aditivo de Cruz Diez en el aeropuerto de Maiquetía no hay forma de que sientas esa canción igual. O que veas nuestra bandera y no te acerques a ver quién es o si escuchas nuestro acento no quieras iniciar una conversación. Porque son cosas que ocurrirán e incluso no te darás cuenta, es como buscar la pieza que siempre faltará del rompecabezas.
Pero no te agobies, esto pasará. Así como el ansia de buscar las diferencias y similitudes para formar un nuevo hogar, la nostalgia por el sabor de la comida y la costumbre de hacer el cambio a nuestra moneda. Las nuevas costumbres y rutinas, la cultura y sus particularidades, la gente y las nuevas posibilidades, intentarán colarse en ti; pero la sangre que corre por tus venas siempre será tricolor con vinotinto, porque los atropellos a nuestro país los vivirás conmigo, porque te enorgullecerás de sus triunfos y, sobre todo, porque dejas un pedacito de tu corazón en esta tierra que te vio crecer.
Así que espero que hayas doblado bien tus sueños y los hayas empacado en la maleta. Porque una vida no cabe en ella, pero los sueños si.
27 ene 2015
27 ene 2014
Molesta.
No me agrada que me recuerdes que fue un
error que me gustaras tanto como lo haces.
No me agrada que vivas esperando por algo
que ni siquiera tú sabes.
No me agrada donde estamos. No me agrada no
saber si estamos.
Tú, capitán de lo obvio, te has tenido que
dar cuenta y sin embargo no has hecho nada ¿A caso eso no te hace la peor de
las personas? Sé que te gusta jugar, y no tenía ningún problema con eso, hasta
que decidiste hacerlo conmigo.
¿Lo peor? No entiendo a qué juegas, no
entiendo por qué lo haces. Vives en un laberinto intentando ser el gato y
temiendo ser el ratón, no te das cuenta que solo tú estás atrapado y que nadie
te persigue. Sabía que eras problemas desde el momento
en que te vi. Sabía que esto sería un problema desde que empecé a conocerte; y
es que no entiendo por qué si me abriste todas las ventanas te empeñaste en
cerrar la puerta. No sé qué quieres y muero por preguntarte, pero eres el rey
de los cobardes y huyes. Huyes casi tanto como lo hacía yo cuando me enteré de
esto, buscando salidas que no aparecerán y que no aparecieron.
¿Es que tú crees que fue fácil para mí?
Aceptar que mi curiosidad pudo más que mi sentido de preservación, sabía que
mientras más enterrara el puñal más lastimada quedaría yo. ¿Hacia dónde vas?
Vives caminando de atrás para adelante sin realmente caminar, hablas mucho pero
no dices nada, prometes para olvidar, ilusionas para decepcionar.
Sin embargo, creo que lo pensaste muy bien:
para que nada separe, que nada nos una ¿Por qué dar nombres que traigan
responsabilidades y más? Fui víctima de un cuento que solo yo me supe armar, una
tragedia con sabor a comedia que nadie escuchará jamás.
Mis palabras quedarán ahogadas, tal como
tus actos eran solo para mí, nunca sabrás de mi llanto, como los demás nunca
sabrán que fuimos algo más que dos extraños. Y la cólera que me lleva a
escribir, es la misma cólera que me lleva a callar.
¿Cómo me pude fijar en ti, cuando sé que
merezco mucho más? ¿Cómo pude ver solo lo bueno que hay en ti y pensar que con
eso bastará? Vivimos en mundos distintos y esperamos distintas cosas. Si sigo
aquí lo único que harás es decepcionarme y demostrarme que la realidad no me va
a dar más.
Sí, estoy molesta y tuviste la oportunidad
de hacer algo, pero no lo hiciste como era de esperar. Estoy molesta, pero no
es por ti. Estoy molesta conmigo por esperar tanto de alguien que no sabe cómo
dar más, molesta por pensar que te dabas cuenta de que mis te quiero eran a
cuenta gotas y porque los sentía de verdad, me molesta mi vil imaginación que
siempre soñaba con las cosas que pensé que harías, pero que nunca hiciste. Me
molesta saber tanto de ti y que al final eso no sirva de nada. Me molesta ser
tan ingenua y pensar que todo esto realmente significaba algo, me molesta que
me haya involucrado tanto.
Una vez leí que “aceptamos el amor que
creemos merecer” y creo que merezco más. Mucho más. También creo que tú nunca
serás capaz de dármelo. También creo que aunque no puedo elegir a quien querer
si puedo elegir como quererlo.
No creo que pueda seguir con esto, con este
juego del que nadie me explicó nunca las reglas, te he permitido opinar, te he
permitido hurgar e ir más allá, te he abierto la puerta para que entres y tú lo
que quieres es jugar. Yo no puedo. Yo no soy así. Y cada vez que estoy sola
pienso en cómo me has cambiado, en lo que me has enseñado y en el bien que me
has hecho; pero pienso en lo que quiero y en no saber si tú quieres lo mismo,
pienso en lo que no haces, pienso en lo que no dices, pienso en lo que dices y
como lo dices; y entonces quiero preguntar: porque las
mujeres asumimos mucho y preguntamos poco. Pero luego te miro a los ojos y me
falta valor, se me olvidan las palabras y las preguntas ya parecen contestadas;
porque prefiero quedarme con esto que –no sé- tenemos a perderte.
Sí, me he convertido en esa clase de tonta
conformista que siempre odié.
Y por eso estoy molesta.
Caracas, 27/01/2013
6.43pm.
Es increíble lo mucho que pueden cambiar las cosas en dos horas... En un año.
Ve donde estás hoy e intenta recordar dónde estabas hace un año
¿Puedes hacerlo?
O mejor, ¿Puedes recordar todo lo que pasó en el medio, lo que consiguió que hoy estés aquí?
Yo si, y puedo sonreír mientras lo hago.
![]() |
| Mi vista favorita de esta ciudad. |
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11 oct 2013
¿Por qué... Gossip Girl?
Pensé que lloraría cuando Gossip Girl acabara. Pero no fue así.
La verdad, nunca había pensado en lo mucho que me gustaba esta serie hasta que vi el último capítulo y supe que la podría ver completa de nuevo o que cada vez que repetían un capítulo podía mirarlo y reír con las cosas que me habían hecho reír las otras mil veces que lo había visto.
Estaba en noveno grado cuando comenzó la serie y ellos también lo estaban. Eran una cuerda de niños ricos que se metían en las situaciones más locas y bastante imposibles que podías pensar y aun así lograban salir de ellas fuera por sus encantos, su dinero o sus padres. Pasaron por el primer amor y el engaño del segundo. O del segundo siendo siempre el primero. Se enfrentaron a sus padres y regresaron con la cola entre las piernas, comieron, bebieron y abusaron de todo para luego arrepentirse - o para nunca hacerlo - tuvieron que elegir a qué Universidad irían y si sus vidas serían lo que ellos querían. Ninguno de ellos terminó de comenzar la Universidad y aun así llegaron a ser y tener todo lo que alguna vez quisieron
La singularidad de los personajes también hace única a la serie, los cinco protagonistas (a mi juicio: Blair, Serena, Chuck, Nathaniel y Daniel) son contrarios e iguales al mismo tiempo, tienen chispa, son inteligentes y hacen referencias a la literatura y a la vida actual; comenzando siendo extremos de sus personalidades pero a medida de que avanza la serie te muestran lo que pasa en la vida: puedes estar muy fijado a ser algo pero con el paso del tiempo eso se va atenuando y solo queda la esencia. Eso eres tú. Yo adoro a Blair, siempre pensé en ella como un hermoso modelo a seguir y, con el final de temporada, no puedo decir que eso haya cambiado. Serena siempre me pareció muy sobrevalorada. Me gustaba el personaje de Dan las primeras temporadas, pero cuando empezaron a tergiversarlo fue mucho para mí. Nate siempre fue el amor de mi vida, el chico de mis ojos. Y, jamás pensé que lo diría, pero creo que terminé amando a Chuck en contra de todas las probabilidades. En algún punto de la serie me enamoré de cada uno de los personajes de la misma, e incluso a la vez de varios, y a medida de que cambiaban y crecían todo parecía tener más sentido (Pueden ver su evolución en las fotos de abajo)
Crecí viendo Gossip Girl - bien, quizás no crecí, pero al menos estuvo bastante presente en mi proceso de maduración y en ciertas etapas que se compaginaban con lo que estaban viviendo ellos - y creo que con su final de temporada hay un ciclo de mi vida que se ha cerrado. For good Creo que lo más sorprendente de todo fue ver como poco a poco ellos iban creciendo y orientándose a ser lo que querían ser, la determinación que tenían en ser alguien propio y no lo que todos habían planeado para ellos, de ser una marca relevante en un mundo de marcas, de ser feliz haciendo lo que amas y con quien amas; la valentía con la que se enfrentaban a cada reto, la perseverancia cuando pensaban que no podían caer más bajo pero que les decía que siempre se tienen que levantar. La viveza y la astucia con la que eran capaces de manejar cualquier situación. Porque no solo eran grandes personajes por separado, sino que hacían un todo perfecto donde cada uno completaba al otro incluso cuando fuera él quien le hubiera quitado la pieza.
De esta serie aprendí que no es lo que todos esperan que hagas, sino lo que realmente quieras hacer tú y lo que estés dispuesto a hacer para lograrlo, pero también me enseñó que demostrarle y hacerle entender a todas esas personas que esperan algo de ti será incluso más difícil que llegar a la meta. Puedes tenerlo todo, pero todo puede irse en algún momento, lo único que te quedará es aquello -y aquellos- que estén resguardados en tu corazón.
Me enseñó que a veces puedes esperar toda una vida por algo, pero valdrá tanto la pena cuando llegue porque simplemente eras feliz esperándolo. Hay muchas maneras de llegar a la gente y muchas maneras de obtener las cosas que quieres, pero siempre tienes que tener en cuenta que todo lo que haces vendrá por ti después, para bien o para mal. Puedes parecer la persona más segura, inteligente y hermosa del mundo, pero siempre tendrás inseguridades que creerás que solo otros podrán llenar, pero que solo serás tu quien lo haga con la referencia de otros, otros que no sean otros que aquellos que te aman sin importar qué; y que esos que siempre han estado allí para ti, a pesar de que te hagan cosas odiosas y puedas odiarlos por un tiempo, siempre estarán allí para ti porque son los únicos que te conocen por quien eres, quizás podrás pretender ser alguien más, pero ellos siempre sabrán.
También me enseñó que nunca debes cambiar lo que eres para ser aceptados por otros, siempre habrá alguien (es) que son exactamente para ti, y nadie te querrá si no eres tu, porque las máscaras fallan en algún momento. Que debes probar de todo y disfrutar - sin culpas. Sin importar cuanto trates de desafiar e independizarte de tus padres, ellos siempre van a estar allí simplemente para recoger tus pedazos o para hacer que te revuelques sobre ellos. Que las únicas barreras que nos alejan de algo son las que ponemos nosotros mismos y que con una buena actitud y sin voz temblorosa puedes convencer a cualquiera de que realmente sabes lo que estás haciendo.
Muchas veces podrás querer regresar a lo que considerabas eran tiempos mejores, simplemente por la comodidad que te ofrecía y que ya sabías que todo iba a salir bien, pero siempre es importante recordar que los tiempos pasan y las etapas se queman en contra de nuestra voluntad, es mejor enfocarte en tu ahora y dejar el pasado como un bonito lugar para pasear. El amor puede resolverlo todo -si existe de verdad. Los secretos siempre salen a la luz y siempre, siempre, hay alguien buscando. Que a veces eso con lo que has soñado toda tu vida puede ser realmente algo que no querías... O que no necesitas. La venganza puede ser realmente divertida, pero siempre habrá alguien queriendo vengarse de ti y que la lealtad es difícil de encontrar, pero es bien recompenzada.
La verdad duele en tantos sentidos solo porque a nadie le gusta verse expuesto, y dolerá aun más si viene de alguien a quien queremos. Siempre van a haber problemas, del tamaño del Upper East Side o de un anillo de Tiffany's. Creer en algo solo te da más fuerzas para conseguirlo. No tienes que renunciar a aquello que no quieres y si crees que alguien te puede obligar, es porque no lo quieres that badly. Nunca sabrás todas las veces que te han manipulado... Y es imposible que cuentes todas aquellas situaciones en las que manipulaste.
Creo que más que todo me enseñó a confiar y a tener fe en mi misma, en que en mi reside el poder para cambiar las cosas y para hacer lo que quiera, que conmigo basta, pero que los demás simplemente hacen la vista más hermosa. Y que una chica puede hacerlo todo, incluso usando TACONES.
Gossip Girl me enseñó a decir adiós porque todo en la vida acaba y a estar agradecida por todo lo que tengo - y no tengo - porque no hay mejor lugar que en el que estás ahorita, y no hay mejor vida para vivir que la tuya.
Fuera de todo lo que se lee como auto-ayuda, realmente estoy agradecida por esta serie que formó -y me inspiró muchas veces- parte de seis años de mi vida. Y por el maravilloso desenlace que tuvo.
Season 1
Season 2
Season 3
Season 4
Season 5
Season 6
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