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17 jul 2015

Tus pasillos.

Antes, en algún momento de estos cinco años, escribí que no podía creer que hubiese conocido a personas tan buenas y tan especiales que me hubieran ofrecido su amistad, no podía creer que hubiese conocido profesores tan hermosos que lo único que querían era enseñar, no podía creer como un solo lugar podía cambiarlo todo y hacerte sentir tan bien.

Con el tiempo descubrí que solo en tus mágicos pasillos es eso posible.

Ellos están llenos de tantos momentos, risas, lágrimas, historias, victorias, derrotas, gente, personas, corridas de futbolista, cerebros, yonquis, cafetines sucios pero donde los batidos son deliciosos, perros -y ahora gatos-, amables señores que hacen la limpieza, odiosas personas que tramitan lo que necesitas, profesores geniales, profesores, mediocres, helados, donas, secretos escondidos y mucho más.

En tus pasillos me sentí libre, liviana y sentí que podía respirar; esa libertad que solo viene con saber que estás haciendo lo que amas y que por ese breve instante todo está bien en el mundo; no hay guerras, política o calentamiento global, solo estás tú disfrutando de tu pasión.

Conocí tal pluralidad de pensamiento que ya no puedo tomar nada como certeza, en tus pasillos conocí a personas que me querían hacer pensar más de lo normal y gracias a Dios lo lograron, que me enseñaron a hacerlo, que me mostraron perspectivas diferentes de la vida y me mostraron cuál era la mía. En ellos conocí la unicidad de cada persona, de cada momento y de cada conjunto. También me enseñaron a equivocarme y que la vida está para probar, para decir que  cada vez que quieras.

En tus pasillos terminé de crecer, me terminé de formar y aprendí que nunca dejas de aprender. En tus pasillos, esos que por cinco años me sonrieron, conocí la bondad del ser humano, la infinidad de la inteligencia y la importancia de una voz. Aprendí el significado de las cosas, de palabras y sobre los significados de los significados.

Comprendí que fui UCVista dos años antes de comenzar a estudiar allí cuando por primera vez recorrí sus pasillos y tuve miedo y ansias de perderme en su inmensidad, la viví por cinco años disfrutando de cada rincón y permanecerá por el resto de los días en mi corazón; porque ser UCVista es algo que se lleva en la sangre y que una vez que despierta ya no lo puedes apagar - pero tampoco lo quieres apagar.

Tus pasillos también me sirvieron de cama en innumerables oportunidades, siempre acondicionados con la iluminación perfecta [[si tienes una Escuela oscura, no puedes pedir que los estudiantes no duerman]], también fueron restaurante, café y sala de terapia. O cualquier otra cosa que mis amigos o yo quisiéramos que fuera.

En tus pasillos fui exploradora, de toda tu estructura y de la vida, descubrí tus infinitas obras de arte, tus leyendas, tu historia y como permanecerás pase lo que pase; como es estudiar en un museo aunque la gente de por sentado la escultura por la que pasan todos los días. Porque así eres tú, una dama magnífica inmiscuida en las entrañas de una gran ciudad, que se mantiene de la misma manera en la que alguna vez impactó, pero que la gente perdió a medida que pasó el tiempo. Porque no se puede deslumbrar siempre, aunque tú lo hagas.

En tus pasillos conocí la política de buena mano y lo sucia que es en todo los niveles, lo que son capaces de hacer las personas por poder (aunque sea meramente representativo) y como se llegan a perder. En ellos noté como todos están ciegos y sordos cuando creen en algo, que no puedes enseñar a nadie que no quiere aprender.

En tus pasillos conocí el amor. Aquel que sientes por lo que amas, el de amigos, por una institución, por un ideal y por alguien más. Me llegué a enamorar seriamente un par de veces: una de ti y una de él. Pero fueron tus pasillos los que me soportaron cuando él se fue.

En tus pasillos pensé que dejaría los últimos pasos de mi niñez, solo para entender que no hay tal cosa como esa, que seré la niña curiosa y hambrienta de conocimiento que siempre fui.

En tus pasillos aprendí a tener paciencia, a esperar los tiempos que quiere la vida. No voluntariamente, claro, pero si algo entendí de tus paros fue eso. Ellos también me enseñaron que hay tiempo para todo cuando tienes el afán de querer hacer, que estarán ahí para que puedas hacerlo.

Tus pasillos fueron los escenarios para los disfraces que me puse durante cinco años, aquellos donde tenía que usar bata y hablar con términos médicos complicados o cuando tuve que usar tu escudo en mi pecho como si fuera un estandarte para orientar a las miles de personas que por primera vez pisaban tus gloriosas tierras; tus pasillos estaban allí para mí para cualquier ocurrencia que tuviera, siempre y cuando me desenvolviera en ellos.

Porque tus pasillos son como las venas que nutren la gran Universidad Central de Venezuela, esos que mantienen vivos los estudiantes cuando hacen vida universitaria, cuando se encuentran con sus amigos o cuando salen a protestar; tus pasillos, esos techados que recorren y te llevan a cualquier rincón de la Universidad son los que recordaré ahora que no los viviré a diario, cuando esté lejos, cuando escuche a alguien hablar de su Universidad y cada vez que te piense.

Pues tus pasillos lo son todo.




23 abr 2015

Rinconeando - Antigua.


Creo que tengo un nuevo lugar favorito. Lo cual es una frase extraña para comenzar con esta nueva sección del Blog. Verán, Rinconeando es uno de mis proyectos actuales que me servirán tanto para conocer un poco más de Caracas, como para una novela que estoy decidiendo escribir. Además que adoro comer y toda la cosa, por lo cual es una excusa perfecta. Es importante destacar, que todo lo que aquí escriba es en base a mi percepción y gustos, sin ánimos de ofender a nadie ni nada (ni que fuera crítica de cocina o algo por el estilo, ni cerca de eso)

Antigua es un restaurante italiano que queda en Las Mercedes, Caracas (la dirección Aquí) es muy fácil de llegar, aunque el letrero que lo identifica es pequeño y está cercano a un jardín por lo que dificulta la vista. Tiene la estructura de una casa colonial de dos pisos, techos amplios y decoraciones distintas pero hogareñas para cada uno de los ambientes que dispone. Hay uno que está cercano a la mesa de postres, una salita como para esperar mientras bebes algo y un lugar un poco más amplio para comer; eso sin contar el segundo piso y la terraza que también está en el local. A pesar de ser una decoración hogareña (únicamente porque son artículos del hogar como lámparas, cojines, la cabecera de una cama...) es impresionante como la combinación le da un aire sofisticado y glamoroso. Como si eso fuera poco, al ambiente se le suma una música relajante que es lo suficientemente fuerte como para que la escuches, pero no tanto como para que interfiera tu conversación. Es justo lo que necesitas.

La atención también es muy buena, los mesoneros son extremadamente atentos y siempre tienen una sonrisa en el rostro; enseguida llegas te abordan con la carta y con lo que desees para beber. Una de las cosas que más me gustó y me llamó la atención fue que solo te entregan la carta con lo que tienen disponible en el restaurante, ya que por la situación del país esta se ha limitado, esto reduce bastante tu tiempo de elección y no hay posibilidad de frustración ante un posible "no hay".

Muy bien, ahora vamos con lo importante: La comida. No se imaginan lo buena que estaba, quiero decir, Dios... Pedí una pizza capresse que estaba simplemente suculenta, acompañada de un jugo de durazno que estaba en su punto; todo estaba increíblemente fresco y la combinación de los dos quesos en la pizza con el pesto, era lo máximo. Por no mencionar que los tomates cherry estaban tan bien cocidos que a penas los ponías en tu boca explotaban, generando una sensación impresionante dentro de la boca. Para terminar: un exquisito mil hojas de chocolate y arequipe acompañado con un buen café con leche. Repito: Dios... Mis papilas gustativas tuvieron su momento de éxtasis cuando vieron lo enorme que era el pedazo y fue aun mucho mejor cuando lo probaron y se dieron cuenta que era tan delicioso como parecía. Y eso que ya estaban extasiadas por la pizza.

Me encantó descubrir este hermoso lugar en Las Mercedes y -mucho más- darme cuenta de lo divino que puede ser salir a comer un miércoles cualquiera.

PD: En cuanto a los precios, la cuenta fueron como 1500bs (una pizza para dos personas, café, jugo y postre compartido) Soy mala juzgando precios, así que ustedes vean.

PD2: Me quiero casar con ese mil hojas de chocolate y arequipe ¡QUE EXCELENTE INVENTO!