28 ago. 2012

Un par de recuerdos para llevar, por favor.

Siempre habrán situaciones que sirvan como punto de quiebre, que marquen un antes y un después, un pasado y un futuro; puedes elegir cualquier día, cualquier ocasión, cualquier momento, pero solo podrás hacerlo una vez que lo hayas vivido. Y en ese momento, mirarás hacía atrás y te darás cuenta de como todo ha cambiado, de como cambió la gente y como tú, que creíste siempre ser el mismo, también cambiaste.

Los cambios personales son los que menos se perciben, pues no puedes creer que cada circunstancia y situación que vivas día a día afectará tu carácter como persona -pero lo hace- siempre habrán ocasiones más importantes y que sean más definitorias que las demás, pero las pequeñas, esas que no notas, son las que más perdurarán. Ese día, que te dignes a preguntarle a tus allegados por qué han cambiado, asegúrate de haber revisado por qué cambiaste tu y no esperes una respuesta sensata de tu interlocutor, pues lo más probable es que, como tu hasta hace unos minutos, no se haya dado cuenta de que ha cambiado. Pero lo ha hecho.

Lo ha hecho y tú lo sabes, lo sientes, lo ves: cuando ordena las almohadas de manera distinta, cuando pide un par de cucharadas extra de azúcar con su café, cuando lee poesía antes de dormir, cuando sus temas de conversación se han desviado de cosas que realmente te interesan. De vez en cuando crees ver unos atisbos de esa persona que solía ser, solo para luego darte cuenta de que son solo restos sobre los cuales se ha construido algo más, migajas que se apilarán con las fotos perdidas, los momentos olvidados y los recuerdos deteriorados que solo permanecen en tu corazón, porque la otra persona no parece memorarlos de la misma manera en que lo haces tú.

Entonces te dices que lo mejor es que lo dejes ir, porque sabes que no quiere seguir allí contigo, lo vas a dejar ir porque sabes que necesita que lo hagas; e intentas alejarte -de verdad lo haces- pero esa persona está unida con fuego a tu alma, grabada con sangre en tu memoria, son muchos años, muchos recuerdos, muchos momentos que simplemente no puedas dejar atrás solo porque ya no es alguien con quien quisieras estar. Así que regresas y te interesas por como ordena las almohadas, aprendes a servirle su café con dos cucharadas extra de azúcar, le regalas libros de poesía para que piense en ti antes de dormir, le pides que te hable y te cuente de sus nuevos recuerdos, que te hable y te diga lo que ahora es, de su nueva forma de ver el mundo, le pides que te diga lo que siente y lo que vive a flor de piel; le pides todo eso con la esperanza de que vuelva a ser quien solía ser para ti, solo para luego darte cuenta de que esa persona no volverá y que quizás tengas que conocerla de nuevo para que vuelva a ser parte de tu vida.

Así que te preguntas cual es punto de todo, te preguntas que es lo verdaderamente importante ¿Convivir con alguien que ya no conoces, solo por costumbre? ¿Seguir intentando conocer esa nueva persona que cada vez te desagrada más y más? ¿Volver a alejarte, esta vez para nunca volver? Pero entonces lo ves salir del baño, secando su hermoso cabello oscuro con una toalla mientras ríe porque no te has movido ni un centímetro desde que se metió a bañar. Y allí, plasmada en su sonrisa, ves todas las respuestas por las que habías rogado y te das cuenta de que a pesar de que todo ha cambiado, nada lo ha hecho realmente, pues sigues amándolo con cada latido de tú corazón y por más que ambos cambien y se conviertan en seres horribles que no se soportan, eso nunca va a cambiar.

El cambio es lo único constante, mis queridos lectores, tenganlo siempre presente


"Pero entonces me di cuenta de que me estaba aferrando a algo que ya no existía. Que la persona que extrañaba ya no existía. La gente cambia. Las cosas que nos gustan y que no nos gustan cambian. Y pudiesemos desear durante todo el día que no fuera así, pero al final nunca resultaría."

5 ago. 2012

El placer de bailar


"Tu respiración se acelera, tu estómago se alborota, lo sientes en tu corazón e incluso antes de que lo veas, sabes que siempre estará allí para ti… Al decir estas palabras, cualquier persona pensaría que estoy hablando de un enamorado, sin embargo: las bailarinas y los bailarines sabría que hablo del espectáculo, del ansia que invade el cuerpo antes de bailar, de la emoción y los escalofríos que te abordan al escuchar tu pieza sonar, esa presión en el estómago justo antes de salir y como todo se evapora una vez que estás bailando, ya que dejas de pensar y empiezas a sentir.
 
 
Llevo alrededor de seis años pasando por esto, por toda la preparación, el estrés, la dedicación, la devoción y el crecimiento que significa vivir para el espectáculo. Porque las bailarinas y los bailarines somos de los seres más dedicados y disciplinados que pueden existir, muchas veces cambiamos salidas por ensayos, regalos por zapatillas, noches de fiesta por una presentación, ropa de moda por vestuario. Pero no importa lo que tengamos que abandonar, pues el placer y la satisfacción que nos otorga el bailar y dar lo mejor de nosotros en el escenario es suficiente para hacernos felices. Nosotros creemos en el sentir las piezas, en el vivir las melodías, en que hay una interpretación y un sentido para cada momento que se experimenta en el escenario. Por supuesto, ninguna de nosotras hubiese llegado hoy aquí sin el apoyo de nuestras familias, que junto con nosotras han sacrificado fines de semana para que asistamos a los ensayos, que han vivido toda la preparación que conllevan las semanas previas al gran debut, que siempre nos ayudan y solventan cuando hay problemas de vestuario, que siempre están dispuestos a hacer lo necesario para que no nos falte nada y podamos bailar como todos los demás. Tampoco estuviésemos aquí sin la entrega y el amor de nuestras profesoras, ya que ellas son las que siempre están allí, presionando para que las cosas salgan bien, tratando de que cada quien destaque a su manera en la pieza que baile, formando pequeños talentos que algún día florecerán, animándonos a que no nos rindamos fácilmente, a que si las cosas no se dan hoy: mañana habrá una nueva oportunidad para intentarlo.  
El ballet, a pesar de lo que muchos digan, me ha hecho una persona plena, me ha permitido desarrollarme a nivel personal y profesional, me ha dado la dicha de compartir con personas hermosas y la oportunidad de aprender y de enseñar a cada una de ellas. El ballet está basado en la disciplina, en el esfuerzo continúo, en la dedicación, en aprender de los errores y ser mejor a partir de ellos, en convertir una agrupación en un solo ser. Más que vida, el ballet es una forma de vivir y como toda forma de vivir, no es para todos; así que los que hoy nos presentamos aquí, los ciento noventa y tres bailarines que conformamos las diecisiete coreografías que van a disfrutar, es porque realmente sentimos devoción por bailar, es porque a cuesta de sudor y dedicación hemos llegado aquí, es porque somos…"


Lo que acaban de leer fue algo que escribí y leí el día de la función de mi acto de ballet (28/07/2012) en el cual fui certificada como bailarina del ballet de La Victoria. Eso que escribí fue producto de los infinitos ensayos, de la constancia y de lo que siento cada vez que bailo.


Recuerdo que un amigo de la universidad, al enterarse de que era bailarina, me dijo que seguramente yo era una persona masoquista, que él no comprendía como las bailarinas, voluntariamente, ensayaban tantas horas, soportaban el dolor y las críticas, las dietas, la frustración y todo eso por lo cual pasábamos. Yo, tranquilamente, le respondí que podíamos manejar todo eso por la satisfacción, la libertad y el placer que nos otorga bailar, que donde el veía sangre en una zapatilla, nosotras veíamos el fruto de algún movimiento que al fin podíamos hacer, que donde el veía lágrimas de frustración, nosotras veíamos una razón para seguir intentándolo y hacerlo mejor, que donde el veía dietas, nosotras veíamos una manera de saltar más alto, de estilizar más la figura y lograr una mejor percepción visual de los movimientos. Con eso, conseguí que cerrara la boca y viera las cosas de manera distinta.

No digo que siempre sea así, que siempre seamos tan decididas y optimistas. Por supuesto que no, son muchos los días en los que provoca dejar todo, botar las zapatillas y más nunca asistir a un ensayo, pero hay algo que nos los impide, algo que nos hace aguantar y soportar todo el esfuerzo que debemos realizar... Es ese algo que está presente cuando nos llegan las zapatillas nuevas, ese algo que sentimos cuando escuchamos la pieza que vamos a bailar -mucho antes de montarle una coreografía-, algo que nos invade al hacer clase, al aprender un movimiento nuevo o cuando, por primera vez, vez esas preciosas zapatillas de puntas con las cuales has soñado desde siempre, con las que cuando llegaste al ballet y viste a las más grandes sabías que te quedarías y aprenderías a usarlas; eso que está cuando tocas el raso, cuando amarras las cintas en tus tobillos y sientes como se moldean a tus pies... Ese es placer único que está cuando vives todo eso: el amor por el ballet.


Este año, también tuve la oportunidad de darle clase a diferentes grupos en la academia, desde las pequeñas de 4 años hasta al grupo donde bailo; pero la experiencia más gratificante son las pequeñas: ya que ellas son como pequeñas esponjas, quieren aprender todo y todo lo que ven lo reflejan, las corriges y solo tienes que hacerlo una vez, porque todas quieren hacerlo bien para la "maestra" Son pequeños ángeles que bailan con cualquier canción, que se emocionan cuando ven Angelina Ballerina y son más felices aun cuando las dejas crear su propia coreografía con el juego del teatro.

Por todo lo que me ha aportado -y por lo que pude seguir enseñándome- el ballet es un arte que perdurará en mi vida. Y si bien no quiero ser bailarina profesional (seamos sinceros, ya estoy vieja para ello) me encanta poder participar en la formación de niñas que puedan llegar a hacerlo y no solo hablo de las pequeñas a las que les di clase por momentos, sino del grupo donde me encuentro, que si una de las cosas que le sobra es talento y dedicación.


Adiós, 4S

V A C A C I O N E S, pero que palabra hermosa ¿No? Sobre todo después de que has pasado meses que parecían eternos esperando por ella, después de sufrir tanto en un semestre despiadado (?. No, hoy no he terminado las clases - a decir verdad, las terminé el 09/07 - pero hoy es que tengo un tiempo para realizar este post (realmente hoy es que no me ha dado flojera xD).

Verán, yo realmente estaba super ansiosa por el semestre 4, iba a ver materias completamente nuevas, iba a estar desde el comienzo y tenía ciertas cosas establecidas para este nuevo ciclo. Pero como todas las cosas que planeas, no se dio así. Quiero decir, sí, pasó todo eso, pero desde una perspectiva que no había considerado cuando estaba creando mis expectativas ¿Fue mejor? Si, de cierta forma lo fue, pues aprendí más de lo que había pensado - y no estoy hablando solo de teorías o clases ~

A ver, este semestre cursé 4 materias y, orgullosamente lo digo, aprobé todas con notas que no esperaba (para mejor*). Se suponía que en segundo semestre debía empezar a ver Inglés, pero por suerte logré inscribir la suficiencia de inglés y me salté los tres semestres que debía cursar (aunque la calificación no fue lo que esperaba). Antes de inscribirla todo el mundo decía que la suficiencia era la cosa más difícil y que era mucho mejor cursar los tres semestres. Sin embargo, después de que me cambiaran unas cuatro veces la fecha en la que la iba a presentar, me di cuenta que la gente exagera mucho, que los chismes de pasillo son solamente eso, que no debes creer en lo que te dicen y deberías hacer lo que crees.

Una de las materias que me quería sacar canas verdes fue psicometría I. Si bien creía que era una integración de la estadística a la psicología, en la primera semana las profesoras (si, veía clase con dos profesoras a la vez) se encargaron de hacernos claro que no era así, que estaban "minimamente" relacionados -aka, no hice tantos cálculos como me hubiese gustado. No es una materia que me haya gustado y que mucho menos quisiera ver otra vez (pero hay psicometría II...) Tuvimos que hacer un proyecto sobre una variable que quisiéramos (pero que no estuviese muy estudiada) sobre la cual las profesoras nos asesorarían (nos prondrían infinidades de peros) para crear un instrumento psicológico que fuera capaz de medirlo (es decir, hacer una cantidad de ítems estúpidamente grande). Entre contradicciones, clases de inmensa tensión que se encargaban de diferenciar entre tildes y acentos, de hacer que las personas pasaran penas, de molestar a la profe para que ella nos molestara, de esperar por consultas y pelear por cualquier cosas, de grupos extraños, diferentes y sorpresivos, de noches en vela, de mucha plata gastada, de buscar investigaciones que no te llevaban a ningún lado, de groseros comentarios de pasillo, de muchos complots no realizados, de palabras que solo pocos conocíamos su significado y que eran dichas únicamente para hacer sentir mal a los demás; se acabó psicometría I. Y al fin puedo dormir en paz.

¿Recuerdan la materia que suspendí en el primer semestre, esa de la cual me quejaba muchísimo del profesor y estaba negada a volver a ver una asignatura con él? Bueno, estructura social de Venezuela fue el escenario perfecto para darme cuenta cual mal estaba acerca de ese profesor (si, terminé viendo la materia con él). Esta materia fue un verdadero respiro este semestre, no solo por su forma de evaluar tan peculiar (sin parciales, pero con 4 evaluaciones que iban desde "sencillas" hasta "¿Qué demonios es esto?") sino por sus clases, que terminaban siendo más debates, conversatorios y ofrecían la verdad desde distintos puntos de vista (por no mencionar que gracias al horario que pude obtener, tenía un día libre a la semana, lo cual era como el cielo) ya que el aula estaba integrado por personas (muchas que nunca antes había visto) de diversas edades y con distintas apreciaciones de la realidad. La verdad, estructura (a la cual me referí como teoría durante todo el semestre ~) fue un "fume" extraño del cual, increíblemente, aprendí un montón.

Por último está, mi materia favorita de lo que llevo de carrera, Psicología Evolutiva que trata del desarrollo del individuo desde el momento de la concepción hasta que fallece (aunque solo revisáramos hasta la adolescencia). Verán, esta asignatura era como ver tres materias a la vez: tenía una parte teórica (dada por una profesora), una parte seminarial (?) y una parte práctica (estas dos, dictadas por otra profe). Las clases de teoría casi siempre servían como mini-consultas, todo el mundo se encargaba de preguntar por qué el primo del sobrino de la abuela de la amiga de su mamá actuaba de X o Y manera, también estaban llenas de anécdotas y observaciones, de risas y comentarios. Los seminarios usualmente resultaban divertidos, era una ocasión perfecta para meternos con Ernesto (un chico de mi grupo que nos soportó demasiado bien xD) y siempre terminábamos haciendo todo en cinco minutos porque nos distraíamos. Sin embargo, la mejor parte de Evolutiva eran las prácticas, tuvimos la oportunidad de compartir con niños de maternal, preescolar y de todos los grados de primaria; en los cuales (en todas las ocasiones) pudimos observar lo que los psicólogos de hace un par de siglos habían descrito. Era simplemente sorprendente.

Lo que si era un dolor en el trasero era hacer los reportes de las prácticas, ya que teníamos que reflejar toda la conducta del niño comparada con la teoría obligatoria de las tres clases (práctica, seminario y teoría) además de cualquier otra lectura que nos hubiese mandado la profe (que es un amor de persona y sabe un montón, btw) Ahh, por cierto, aprendí a insultar de una manera tan disfrazada que nunca se enterarían de que lo estoy haciendo (a menos de que sean psicólogos o entiendan de eso)


Como actividades extra-currilares (?) me enorgullece decir que ya conozco más de Caracas (?), que marché por mi universidad y fue una cosa cansonamente divertida, fui a congresos y eso le dio otra perspectiva a la carrera (y a mi vida), ya no suelo pasármela en tierra de nadie -cosa que, de cierta forma, me deprime-, ahora conozco la universidad de noche, colegios en ccs, que la entrada de los nuevos estudiantes no es tan divertida como dicen, ni los semestres son tan fáciles como los pintan. Conocí a un pelirrojo guapo que solía acosar (?) quizás no debí escribir eso planeamos un nuevo movimiento que nunca se llevó a cabo (¡Que viva el A12!), pasé tardes completas en la universidad y muchas veces no creí que fuera a salir de ella, hablé mucho y me divertí -a pesar de muchas cosas.

Este semestre también me sirvió para reconocer que hay amigos semestrales y otros que te acompañarán a lo largo de la carrera (y de la vida), que siempre hay gente que no te conoce pero que está dispuesta a ayudarte, que aunque no estés en un grupo con una persona eso no les impide continuar con su amistad, que no se puede estar bien con Dios y con el Diablo, que hay tiempo para todo si te sabes organizar, que la gente que te quiere te perdona, que hay brazos que siempre estarán abiertos para ti, que escapar de vez en cuando es maravilloso, que mientras más hables y discutas más aprendes, que tienes que buscar evidencia empírica a pesar de las constataciones teóricas, que no importa cuando le adviertas a una persona sobre algo ya que solo aprenderá de lo que le pase, que la universidad de noche es hermosa pero da miedo, que Caracas ofrece más de lo que muchos conocen, que la universidad no solo te enseña de materias, sino que te forma en la vida.

Agregando solo una cosa más: mil gracias a Dani, Majo, Karla, Heiling, Rosi, Nathy, Rebe & Juan por formar parte de un semestre único, de conversaciones divertidas, de situaciones incómodas & de infinito desprecio, de risas, de fotos, de trabajos y salidas, de todo < 3