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7 dic 2017

24.

En tus veinticuatro vueltas al sol has hecho mucho más de lo que muchas personas se proponen en una vida entera. Tienes todo sin tener nada y la vida siempre te sonríe, Dios siempre te da los mejores regalos y las lecciones más fuertes cuando estás siendo necia.

Has conocido mucha gente: personas maravillosas, amarillos, pejes, humanos, vampiros y miles de otras clasificaciones que solo existen en tu telaraña mental. Gente que pensaste siempre estaría junto a ti, gente que estabas despidiendo desde que los conociste y personas que todavía te preguntas cómo es que siguen en tu vida [pero igual les agradeces]. Te han agradecido, te han llamado alma feliz y esperanza, te han dicho ingrata y malcriada. Te han dado la oportunidad de amar y ser amada.

Te han lastimado [un montón] y has llorado [aun más], has sentido ese dolor físico mítico que describen en los libros que queda de una herida sentimental y te has enfurecido tanto que has sentido el calor de la sangre en tus venas.

Pero sobre todo, has amado. Sin medida y con ilusión, entregando todo y tomando saltos de fe; te has parado ante la duda y has encontrado respuestas- Has reído hasta llorar, hasta no poder respirar y estar mareada sin poder parar de reír. Has comido delicias [y ranas] y dormido hasta que ya es hora de dormir de nuevo [y por supuesto, continuaste durmiendo]. Y tu corazón de algodón ahora sale más a pasear.

Has cumplido tantos sueños y has tenido tantas aventuras que a veces miras en retrospectiva y te preguntas si realmente pasó. Si te lanzaste en parapente en una montaña congelada, si nadaste en las aguas más claras, si le pediste una foto a un extraño simplemente porque era hermoso, si te tropezaste con un famoso y no lo reconociste hasta que te fuiste, si besaste entre las estrellas…

Puede que muchas cosas hayan cambiado en estos primeros veinticuatro  ciclos, pero aun te emociona ir al aeropuerto y tomar un avión, disfrutas de cada atardecer que atrapas, le haces muecas a los niños en las calles, duermes boca abajo e intentas participar en toda actividad posible. Y te encanta hacer sentir especial a las personas.

Hoy te preguntas si está bien ser tan sincera en cada acción. En mostrar tus sueños y esperanzas. En estar desnuda en un mundo de máscaras. En creer [[y esperar]] el amor bonito. En vivir a flor de piel. Te preguntas qué hacer con las expectativas y las cosas que no puedes controlar.

Pero al final sonríes… Porque no hay nada mejor que ser como eres.

Porque tu vida es tan buena que no quieres olvidar nada. Que guardas un montón de cosas para recordar, que escribes, que tienes cápsulas del tiempo y que aun así te parece que estás dejando atrás muchas cosas.

Que son veinticuatro, que parecen tantos y a la vez tan pocos, que me hacen feliz y me hacen soñar con el por venir.


Feliz cumpleaños a mí.


6 feb 2017

Nunca te vas del todo.

Me pregunto si alguna vez dejaremos de amar a las personas que en determinado momento de nuestra vida nos hicieron sentir de esa manera. Me pregunto, si aun después que se hayan ido, de que hayas conseguido paz con su partida y que realmente tengas el asunto superado, podrás ser capaz de no amarlos.

Me parece tan lógico como ilógico dejar de hacerlo.

Es algo en lo que he estado pensando, sobre como todo con lo que interactúamos tiene un impacto en nosotros y si eso es para las simples cosas que se cruzan en nuestra vida ¿Cuán grande es el efecto de esas personas que no solo aparecieron, sino que formaron parte de nosotros por tanto tiempo que te sientes un poco perdido cuando dejas de estar sin ellos?

Ni siquiera es cuestión de perder el sentido de ti por estar con alguien más, sino más bien la persona en la que te conviertes con los aportes de los seres significantes en tu vida. Son personas que te hacen replantearte tu realidad y tus sueños, que te muestran cosas que no conocías, que te hacen pensar y esforzarte más, te invitan y te hacen participe de su mundo. Los conoces un día y simplemente están ahí, pero con el tiempo, las conversaciones y los momentos, llegas a un punto en que no recuerdas cómo era la vida sin ellos. Y tampoco te importa, estás feliz tal como estás, con el mundo de cabeza, descubriendo partes de ti que no sabías que estaban ahí y enorgulleciéndote de las que trajeron a una persona tan genial a tu lado.

Pero entonces ocurre algo, algo impensable o que no habías considerado porque era demasiado absurdo, algo que no necesariamente es malo para ninguno de los dos, pero que igual trae su separación.

Y sufres. Porque la ruptura de un hábito siempre trae sufrimiento y si estamos hablando de personas es incluso más difícil, de repente no tienes con quién compartir los momentos más nulos de tu día, que comiste en el almuerzo o si viste una nube con forma de la estrella de la muerte; si estás feliz porque al fin quitaron una película del cine o si estás molesta porque se te olvidó comprar algo que era la única razón por la que saliste. O bueno, quizás si tengas con quién hacerlo, pero no es con quién quieres.

De alguna manera el tiempo consigue pasar; te das cuenta que no, realmente no te vas a morir sin ese pedacito de tu vida que ya no está, consigues nuevas personas, vives otras aventuras y sin siquiera pensarlo regresas a tu cotidianidad con todas las cosas que aprendiste de alguien, sin ese alguien. Incluso puede que ni te duela recordar que eso que tanto te gusta ahora es porque alguien te lo mostró un día y con el tiempo llegaste a amarlo.

La vida es buena, si algo siempre hace es seguir adelante sin importarle nada de lo que nos importa a nosotros y evolucionamos, maduramos y nos transformamos. Hasta que un día algo nos cruza la mente: un olor, una foto, una frase, un matiz en el color del cielo que casi nunca es perceptible y entonces recordamos.

Recordamos que hace una eternidad [[recordemos que hay eternidades que duran incluso un segundo]] hubo una persona en nuestra vida que amamos con el alma incluso cuando no éramos conscientes que era así, alguien que disfrutamos tanto que el concepto de fin era detestable, alguien ¿Sabes? Pero hoy no tienes idea de nada de su vida o lo que sabes solo se compara con nada con lo que antes sabías. Así que la nostalgia hace de las suyas y te lleva a preguntarte dónde están, qué estarán haciendo y si todavía recuerdan sus bromas internas y las gafedades que solo ustedes sabían entre sí [[te preguntas si aun te recuerda]], te preguntas que hubiese pasado si las cosas fueran sido diferentes, qué podrías haber hecho diferente...

Al final te sacudes la sensación y continuas con lo que estabas haciendo, tu nueva vida [[Y es que no puede haber una mejor definición que nuevo cuando una persona que rompió todos tus paradigmas y te ayudó a construirte se va]]. Eres feliz, a tu nueva manera de serlo y, en ese momento de nostalgia y recuerdos, esperas que ellos también lo sean.

Me pregunto si alguna vez dejaremos de amar a las personas que en determinado momento de nuestra vida nos hicieron sentir de esa manera. Me pregunto si solamente cambia el cómo los queremos, porque dejar de quererlos del todo me parece absurdo. Pienso que una parte de nosotros siempre los querrá por lo que aportaron a nuestra vida, por los momentos compartidos, por las promesas, risas, lágrimas... Sobre todo porque uno en retrospectiva suele recordar únicamente lo bueno.

Me parece tan lógico como ilógico dejar de hacerlo. Lógico porque ya no están [[aunque hay veces que quisieras que estuvieran]] e ilógico porque siempre van a formar parte ti.

1 dic 2016

Me fui - Amo volar.


He intentado explicar esto muchas veces, pero todas y cada una de ellas siento que me quedo corta; es como explicarle un arcoiris a una persona que jamás ha visto colores, el olor de la tierra mojada a alguien que solo ha conocido desiertos y el amor a alguien que no lo ha experimentado. Y, aun si esa persona entendiera todo eso, no significaría lo mismo para él o ella, pues no lo ve a través de tus ojos. Pero puede que entienda el sentimiento si lo compara con lo que más le gusta hacer en todo el mundo, con lo que ama sin importar qué.

Mi lugar favorito en el mundo son los aeropuertos, me parece que están llenos de esperanza, nuevos comienzos y aventuras. El sentimiento que me aborda cuando estoy en un avión es una felicidad tan plena que solo he sentido con muy pocas cosas en mi vida – como cuando me aprobaron mi trabajo de grado con la mayor de las notas, cuando logré hacer un tarte tatin fabuloso o cuando mis padres me dicen que están orgullosos de mí.

Cuando está moviéndose hacia la pista de vuelo, estoy más que ansiosa y veo por la ventana como poco a poco va tomando fuerza – oh, tanta fuerza – y te clava en tu asiento por un momento hasta que de repente estás flotando… Y luego toma fuerza de nuevo y te lleva lejos, a un destino deseado. Siempre me ha parecido sorprendente, poderoso.

El atardecer desde el cielo es otro nivel para los que amamos las puestas de sol; no es tan fabuloso como desde la tierra cuando juega con las nubes, porque estás encima de ellas, pero puedes apreciar la gama de colores de una forma particular, ves los distintos tipos de azules: desde el más oscuro hasta uno que están claro que parece blanco, una fina línea blanca, luego amarillo, naranja y un rojo profundo que se pierde en aquello que no alcanzas a ver.

Pero lo mejor, lo que más amo de los vuelos a Europa, de volar de noche, son las estrellas. Cuando el avión está en su punto más alto, es como si un Dios hubiese dejado caer un inmenso pote de escarcha sobre el cielo, no hay smog, no hay luces. Solo la infinita paz de la noche y los miles de puntos que te miran tan de cerca que por un momento pensarías que puedes estirar la mano a través de la ventana y tomar unas cuantas de recuerdo. Y el avión está oscuro porque apagan las luces para que las personas duerman, y la luna brilla tan fuerte que algunas incluso cierran sus ventanas, pero yo no. Nunca.

Y ahí, en el cielo más oscuro, pero a la vez el más claro; con las estrellas cercanas, pero a la vez tan distantes; con la promesa de un amanecer distinto y el dolor de lo que dejas, me siento infinita.

En paz.

Tranquila.

Porque las cosas son exactamente como deberían ser.


Canción: Chasing the sun - The wanted.


10 sept 2016

Me fui - Indecisiones varias.

01/06/2016

Acabo de terminar un libro depresivo y, como no, ¿Qué otro remedio que escribir? El libro en cuestión se llama Me before you o Yo antes de ti de Jojo Moyes, la película ya se debe haber estrenado o si quieren el libro en digital me dicen y se los mando por correo electrónico. Para darles un poco de contexto – aunque ya he puesto la reseña en el link de arriba – trata sobre un hombre de 35 años que tiene todo lo que puede querer… Hasta que un accidente lo deja cuadripléjico; y una chica de 27 años conforme con su vida en una pequeña ciudad. * SPOILER ALERT* Sus caminos se cruzan y la chica se entera que el chico planea poner fin a su vida en seis meses, en los cuales ella hace lo posible para que él cambie de opinión. A pesar de toda la trama no-romántica y de sufrimiento-depresivo me parece genial la evolución de los personajes.

Pero no vine a hablar de eso. Cierto.

Siempre he sido una persona muy organizada, si le preguntas a mis amigos incluso te podrían decir que soy una nazi maniática del control, suelo encargarme desde dividir las cuentas cuando comemos todos fuera – ¿He mencionado alguna vez que soy buena para las matemáticas? – hasta desarrollar planes muy estructurados, calendarios con códigos de color e infinidades de listas. También soy impresionantemente activa y me gusta hacer mil cosas a la vez, encargarme de todo y hacer que el tiempo rinda. Una vez en la Universidad me preguntaron si tenía un giratiempo porque tenía clases de nueve a nueve, estaba de becaria, tenía actividades extras y veía clases de francés. Pero siempre he dicho que si te sabes organizar puedes hacerlo todo.

Pero ese tampoco es el tema en concreto Efecto random post-libro

La verdad es que tenía mi vida planeada hasta el día que saliera de la gloriosa Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela con mi diploma; incluso en el último año de la carrera, cuando me preguntaban que iba a hacer después, contaba entre risas que hasta ahí llegaba mi plan. Conforme inicié el último semestre caí en cuenta que eso en realidad estaba pasando, que me quedaban menos de siete meses para recibir mi título y que no tenía ni idea de qué iba a hacer a continuación.

Por más que uno quiera el tiempo no se detiene a esperarte ni un segundo.

No recuerdo un día que no haya querido irme de Venezuela, tengo tanto tiempo sin hacerlo que es como si siempre hubiese sido así y sabía que quería hacerlo con un título debajo del brazo, para tener más bases cubiertas, así que el post tampoco es sobre alguna duda de irme.

Es sobre dos cosas: inactividad y lo que voy a hacer. Y la mayoría de las cosas que voy a explicar tienen un estúpido contenido social que nos marca y aun yo, que sé claramente y soy capaz de reconocerlo, no puedo escapar de ello. Lo cual me molesta, por supuesto; pero nada se puede hacer.

Comencemos por la inactividad y lo que se relaciona con el libro, pues es que desde septiembre – ya no tenía clases – no siento que haya hecho nada de relevancia. Bueno, no en comparación con antes (básicamente he andado entre empleos, papeleo, francés e intentando atesorar tantos momentos con familia y amigos como puedo). Siempre me lo planteé como un “descanso” de la vida ajetreada que llevaba, a lo que mi miniyo respondía PERO NOSOTRAS AMAMOS ESA VIDA y yo la ignoraba. Este año he tenido demasiado tiempo para mí, lo cual ha sido genial por un lado porque he llegado a pensar en miles de cosas que por siempre estar ocupada no se me habrían ocurrido, he establecido unos estándares sobre las cosas que quiero y las que no quiero en mi vida; pero también ha sido un tiempo donde me he sentido como la peor vaga del mundo, parásito (a pesar que trabajo, eso no alcanza ni para dar un bolívar a mi casa), con sueño eterno (las siestas están de vuelta) y el rollito en la panza que hace un año aparecía y desaparecía se ha quedado y ha aumentado su tamaño. Considerablemente.

Quizás fue por leer un libro sobre un cuadripléjico o sobre una chica que no hacía nada más que estar en casa y trabajar, pero que terrible me he sentido, tanto tiempo mal invertido o no aprovechado al máximo como debería… Pero no sería yo si no fuera una dualidad andante que a la vez está en paz con eso, ya acepté que puse un STOP innecesario en mi vida y que no se puede llorar sobre leche derramada, solo espero haber aprendido lo suficiente de ello y que no ocurra de nuevo esta parte también dice que obviamente no fue tiempo mal invertido y que no hice nada, solo que no hice todo lo que podría haber hecho.

Lo que me lleva a lo que voy a hacer, por un año nada más y nada menos. ¿Irme a cuidar niños cuando tengo una profesión?


Pues bueno, siempre me digo que por algo se debe comenzar, que es un empleo/casa/comida seguro, que me servirá para estudiar el idioma y ver si el país como tal me gusta ¿A caso no podía encontrar un trabajo acorde a la psicología? Quizás, aunque uno tiene que sentar bases y una experiencia en el país me puede abrir más puertas que si no la tuviera (? Al menos eso espero.

Y queda la parte social. Claro que la cara de algunos amigos cuando les dije lo que iba a hacer fue de alarma total ¿Es que no planeas ejercer? ¿Sin experiencia en tu propio país? ¿Estás segura que justo después de graduada quieres hacer eso? Y un sinfín que suponía me haría pensar; pero yo estaba bien clara que quería salir y esa era la opción más lógica para mí. No fue hasta meses después que me di cuenta que si me había afectado la parte de las expectativas sociales que tenían sobre mí. Como cuando trabajé con una empresa del gobierno y la gente me miraba raro porque no sabían cómo había terminado ahí. O cuando estaba trabajando medio tiempo y al comentarlo la gente seguía esperando que siguiera diciendo que cosas estaba haciendo, al principio agregaba rápidamente que estaba estudiando francés por las tardes (aunque no todas, pero no aclaraba eso) porque sentía la presión de tener que estar haciendo algo más, como si lo otro no fuera suficiente, como si tuviese que justificar que estoy haciendo algo.

Y pues obvio que no. Para nada. Pero la presión es una cosa impresionante.

El punto es que me he dado mil veces la charla frente al espejo donde me digo que todo trabajo con el que te sientas cómoda, feliz, te alcance para las cuentas y que deje tu dignidad intacta es un buen trabajo (como mi trabajo a medio tiempo, que me hacía increíblemente feliz) y la verdad es que me encanta porque me conforta muchísimo hasta que tengo que repetirla por alguna situación y termino quejándome de la tonta sociedad.

En fin. 

Esto ha sido un montón de ideas aleatorias post-libro que me han dejado la cabeza loca. Los dejo con una frase que me animó después de deprimirme a horrores durante 200 páginas

“Te vas a sentir incómoda en tu nuevo mundo durante un tiempo. Siempre es extraño vernos fuera del lugar donde estábamos cómodos. Pero espero que también te sientas un poco dichosa (…) Hay anhelo en ti. Audacia (…) Te estoy pidiendo que vivas con osadía. Que seas exigente contigo misma. Que no te conformes.“ William Traynor, Yo antes de ti (Jojo Moyes)

A sí que si me disculpan, voy a hacerle caso a un personaje ficticio :)

PD: Todo esto fue producto de la ansiedad ¡Que bien se me dio escribirlo y soltar!

PD2: Siempre se va a temer a lo que se desconoce, por eso: salta. Y si tienes miedo, salta igual (No recuerdo dónde lo leí o si es un proverbio Chino/Japonés/Danés)

La canción del post: I hope you dance - Lee Ann Womack


21 jul 2016

Trenes

Hace un tiempo, en la graduación de bachiller de mi hermana, una de las chicas que daba los discursos dijo la cosas más curiosas sobre los trenes, ella lo relacionó con los problemas de sus clases de física y como todo esto (graduarse) sería una nueva aventura. Dijo algo como (o disculpenme si no fue así)

"(...) Es como uno de esos problemas de física que tanto nos costaba resolver, dónde el profesor nos preguntaba en qué momento exacto esos trenes chocarán, pero nosotros solo podíamos pensar en la estación de dónde había salido el tren, con quién iríamos, a dónde nos llevaría..."

Me hizo recordar mi propia graduación, cuatro años atrás, en el mismo lugar donde estaban todos ellos ese día. La verdad no escuché mucho más de lo que dijo, estaba suficientemente inmersa en revivir aquel recuerdo. Estaban muchos profesores que me dieron clase y me vieron crecer, estaban mis padres celebrando un logro e incluso habían algunos de mis compañeros con los que me gradué, pues sus hermanos también estudiaban con la mía. Eso también me hizo recordar las miles de cosas que nos dijimos ese día, como nos reuniriamos luego y celebrariamos los logros, como era un simple hasta luego, como siempre estaríamos allí para lo que necesitara el otro y todas esas cosas que te aseguras de decirle a tus amigos cuando sabes que una de las mayores encrucijadas de la vida viene hacia ti como un tren sin frenos. Por supuesto que les creí ¿Cómo no iba a hacerlo? Soy una aferrada, me aferro muchísimo a las cosas y había sido tan feliz en la secundaria y primaria que no quería perderlo por nada del mundo, así que creí e hice promesas que sólo yo me esmeraba por cumplir, intentando mantener lazos de seda que se escurrian por mis dedos cada vez más. 

Es curioso, me tomó cuatro años y algo más dejar ir todo el resentimiento que sentí una vez que comprendí que las cosas habían cambiado y que yo era la única mirando hacia atrás, la única que mantenía promesas a recuerdos, no personas; a pesar de tener un futuro brillante esperándome y dándome la bienvenida. Siempre he pensado (y creo que siempre lo haré) que si prometes algo es para cumplirlo, no cosas que se tomen a la ligera en un momento feliz; así que estaba furiosa con aquellas personas que durante tanto tiempo compartieron conmigo y me conocieron de verdad por no mantener lo que habían dicho. Pero el discurso de los trenes hizo que por fin entendiera que ellos realmente no rompieron nada, que a veces en el momento eso es verdaderamente lo que quieres y en lo que crees, que en ese espacio de tiempo tienes la absoluta certeza de que podrás cumplir con tus promesas porque ¿Qué podría cambiar? 

Lo que pasa es que en esos momentos jamás contemplamos que nosotros cambiaremos. Y que las circunstancias también lo harán. Que los momentos son meramente efímeros y que no puedes mantener nada como fue alguna vez, porque una de las leyes de la física es que todo se transforma. 

Así que hoy estoy bien con eso, con encontrar metáforas para la vida en un medio de transporte. Por comprender que hay trenes que tienes que dejar ir, aunque así no lo quieras; trenes que tienes que tomar aunque sabes que si pudieras no lo harías; porque a veces estaremos esperando en un anden con un ticket hacia algún lugar que te hará conocer nuevos compañeros de viaje, que te hará despedirte de aquellos que dejaste en la estación o en otro tren; porque a veces simplemente parece que tu tren no llega y tienes siglos esperando en una estación; y perderás lo que te parecerá el tren al destino que cambiará tu vida, solo para luego darte cuenta que seguir esperando en la estación era lo que necesitabas en ese momento. Hay trenes que compartes con muchísimas personas, son viajes inolvidables y cuando llegan al destino no quieres decir adiós (aun cuando tienes un par de compañeros que no veían este día llegar), pero hay tanta gente esperándote allí y con boletos para otro tren que simplemente no puedes decir que no. Hay trenes que te obligan a tomar, que no sabes a dónde van o cuando llegarán. Hay tantos trenes como estaciones que visitar.

Me gustan los trenes, puedes conseguir llegar a tantos lugares, tienen una facilidad que no ves en los aviones, una calma que no tienen los autobuses e infinitas estaciones para ser lo que quieras. Son buenos para tomar solos o acompañados, para viajes largos o cortos. Son apropiados. Son prácticos. 

Es casi una casualidad que se parezcan tanto a la vida. 


Estación de trenes St. Pancras - Londres, Inglaterra


12 abr 2016

Te conozco tanto.

Que sé que vas a contestar cuando te llamo por teléfono.

Que es lo que vas a pedir en un restaurante, cual es tu favorito y que querrás de tomar. Si tengo suerte y estás de humor, el postre sera lo que quiero yo.

Sé cómo hablas con tu mama y qué le vas a responder, incluso sé que ella te llamará siempre que estés conmigo y no le dirás que estás junto a mí. Sé que es amor, también.

Sé que te quiero matar la mitad del tiempo que te quiero, que te fastidio, te molesto y te hago ir más allá. Pero es porque sé cómo hacerlo y me gusta ver cuando piensas fuera de tus casillas - me gusta saber como llevarte al límite.

Sé que me vas a decir las cosas incluso cuando haz dicho mil veces que no. Sé que me toca compartirte y que haces tu mayor esfuerzo por lograr un equilibrio - y lo logras.

Sé que te cuesta dormir sin ruido y con luz. Que libro te va a gustar y que película vas a amar. Cuál es tu color favorito y tu temor más grande.

Sé todo eso y aun me sorprendes con tu día a día. 

A estas alturas pensarías que después de tanto tiempo estaría acostumbrada, pero sigo esperando que llegues al final del día para que me comentes que tal te fue y todavía no me aburre escucharlo. Porque te conozco tanto que no me canso de seguir haciéndolo.

- Y probablemente nunca lo haré -



Es impresionante encontrar escritos así, que sé que hice cuando estaba completamente segura de algo, y que tan solo 163 días después... Bueno, la realidad haya cambiado de tal manera que solo queda un buen recuerdo. Y el conocimiento de que la única certeza es que no hay de esas.

Siempre creeré en los para siempre [[Incluso en aquellos que duran diez segundos o doce años]]

23 mar 2016

Chico lindo.

Creo que aquel día que te vi sonreír fue como si te hubiese visto por primera vez, no importaba que te conociera desde siempre, ese día cálido en el que nos cruzamos, dijiste mi nombre y sonreíste como si fuera la cosa que te diera más felicidad en el mundo, pero a la vez se sentía tan natural. Ese día me hiciste sonreír con tu sonrisa. Y que lindo se sintió. Justo en el estómago, algo diferente y digno de repetir; era tan honesta, tan real y entonces me pregunté ¿Por qué antes no sonreías así? ¿Por qué no te había visto sonreír así? Incluso me pregunté algo aun mucho más egoísta ¿Yo te había hecho sonreír así?

Después de eso todo fue un espiral de eventos sucesivos que me llevó a ver muchas más sonrisas [[Y mucho más de ti]] En general me gusta ver como la gente cambia, pero más me gustó ver como cambiaste tú; como te llegaste a transformar a algo tan diferente a lo que siempre había conocido, a como saliste de las sombras y empezaste a buscar lo que querías, a pararte por ti mismo, a hablar más.

Y pronto te transformaste en mi chico lindo, a quién recurría cuando quería contarle la cotidianidad de mi día a alguien, quién le hacía seguimiento a mis problemas, a quien quiero comerme a besitos todo el tiempo [pero no lo hago, porque entonces querrás tú comerme a besos y eso no me gusta tanto].

Te agradezco que siempre me hagas sentir hermosa, que en pijamas o desfachatada, después de llorar o de comer, siempre me recuerdes lo linda que soy ante tus ojos. Pero más que nada te agradezco que me devolvieras la fe en el amor, que me recordaras que no me tienen que tratar como princesa, pero hay personas que quieren hacerlo; por recordarme el amor bonito, ese que te hace sentir cálido por las noches, que te hace despertar feliz cada mañana y que sin importar cuántas veces al día lo veas o los miles de días que tienes viéndolo, aun puedes sentir las mariposas en el estómago.

Eres mi chico lindo porque haces que me olvide del mundo con solo tomarme de la mano y porque cuando lo intentamos por primera vez te haya podido decir lo raro que era ir de la mano con alguien tan alto, que tu sonrieras y me tomaras de otra forma que se sentía mucho más natural, mucho más de nosotros. Eres mi chico lindo porque nunca utilizaste una pick-up line conmigo, que con encontrar mis cosquillas te bastó; por imaginar como me quedarán tus camisas cada vez que ves mis pijamas enormes [no te preocupes, se te nota y yo también lo hago]; por estar aun cuando yo no quiero que estés.

Porque quizás no eres el típico chico lindo para todas, pero eres mi chico lindo.

[[Y que lindo poder decir que eres mío]]

Es una lástima que el tiempo no esté de nuestra parte todavía. Cuz is all about timing.


8 nov 2015

Despertar.

Verte despertar se ha vuelto mi nuevo juego favorito de las mañanas. Aparte del desayuno, es lo que más me gusta de ellas.

Puede ser ese momento en la cama, con nada de espacio entre los dos, con tu mano mano laxa sobre mi vientre. Tomo una respiración y de repente sé que justo ha dejado de llover, el aire está fresco y ligero y tú te acurrucas más. Entrelazo nuestros dedos. Dibujas sobre la palma de mi mano. Dejo que tu cabello me haga cosquillas en la cara cuando por fin despiertas y te acercas para darme un beso en la mejilla mientras sonrío.

O cuando me pierdo en la cama en el medio de la noche, solo para luego girar durante un sueño y encontrarte allí, que mi brazo se deslice por tu pecho y mi mano asegure los latidos de tu corazón; entonces aunque no esté plenamente en este mundo, sonrió, porque todo va bien.

Aunque también soy fanática de perseguir el reloj la primera vez que suena algunas mañanas, sobre todo si sé que no tienes que levantarte temprano. Entonces me escabullo de mi lado de la cama, soy lo más delicada que puedo con tu brazo o tu pierna, te doy un beso de mariposa en la frente y salgo de la cálida burbuja de felicidad. Esa parte no me gusta. Pero luego simplemente estás allí, desplomado y revuelto entre las sábanas, con respiración pesada y cara completamente plácida. Y sonrío todo el camino al baño porque sé que te dejo en un mundo de paz del que yo formo parte. Y es que aunque tenga de dejarte al despertar, siempre regreso a ti.

¿Sabes cuántas veces me has asustado por despertar repentinamente? Incluso después de leer aquella noticia de que eso pasa porque tus signos vitales están muy bajos y tu cerebro envía una señal a todo tu cuerpo para que se active, no me parece algo divertido. Lo lindo es que cuando pasa te volteas y me sostienes más cerca y más fuerte entre tus brazos y ¿Cómo no ser feliz allí?

O cuando me despiertas porque quiero ignorar el despertador y te gruño y me volteo y persistes para que me levante. Incluso cuando me dejas cinco minutos más y ya tú estás listo y con el desayuno hecho. Porque toda mi vida había pensado que los comienzos del día eran tediosos.

Ahora siempre es diferente.


Y acerca de eso son mis mañanas.

8 oct 2015

Dichoso aquel que se va y no ve las lágrimas de quien queda.

Remodelaron la estación de gasolina donde te besé apasionadamente por última vez.

Quiero decirte, pero no lo hago; porque no es algo que hagamos más. Ni siquiera estoy segura de por qué recuerdo esto mentira, si lo sé, pero ayer cuando recorría las calles de esta ciudad a una hora donde realmente puedes recorrerla, sin querer pasé por allí y lo noté. Casi no lo hago, el semáforo estaba en verde y el carro simplemente siguió andando, fue casi un milagro que hubiese volteado y visto las láminas de zinc cubriéndolo todo y el techo rojo aun brillando sin necesidad de luces.

¿Milagro para quién?

Si, la verdad es que recuerdo esa noche en particular, como cada instante que pasé junto a ti. A estas alturas me parece un poco patético ¿Sabes? Pero hace tiempo que dejé de pelear con el sentimiento y simplemente lo siento. Porque es bueno sentir algo. Después de ti, pasé tanto tiempo obnubilada que casi abracé el dolor que vino cuando esa etapa pasó. Una maraña de piel que no sentía nada y luego empezó a sentir demasiado...

Pero eso no era lo que estaba escribiendo ¿O sí? Escribía sobre aquella noche donde justo antes de llevarme a mi casa decidiste parar a poner gasolina, como cualquier noche, y te estacionaste en la que estaba más cercana al borde de la calle, justo del lado izquierdo, como siempre hacías. Jugabas con la palanca de cambios mientras yo pensaba en el beso impulsivo que te iba a dar. ¿Sabes? De esos que pareciera que no pudieses contener el sentimiento que llevas dentro y dejas que tome el control por un momento y entonces estás encima de la persona que quieres y ambos ríen y  solo existen entre ellos.

Y si, eso es lo más impulsiva que puedo ser. Planeando besos impulsivos. Así que cuando me miraste y sonreíste agostaste tus oportunidades de escape. Me lancé hacia ti como había visto que hacían en las películas y como había leído que hacían en los libros rezando para que nuestros dientes no chocaran porque odio cuando eso pasa y la sensación que deja atrás.

Y el beso resultó perfecto. No hubo choques innecesarios, ni el cinturón de seguridad incomodando; no te alejaste ni te reíste.

Puse mi mano en tu cabello, porque así era como lo había imaginado, y te sujeté con más fuerza de la necesaria porque quería que sintieras lo rudo que lo quería. Tú cediste, como siempre, y cumpliste con mi petición silente. Me besaste y correspondiste mi beso y no te apuraste aun cuando el señor de la gasolinera se puso al lado de mi ventana y me seguiste besando por lo que pudieron haber sido dos siglos y medio. Y eso que quizás no sabías que ese beso era mi último intento contigo, para ver si podías sentir la desesperación que me comía por dentro a medida que nos hundíamos, para ver si mis labios te hacían entender que quería salir gritando y corriendo lejos de nosotros. Pero por supuesto que no fue así. Fue solo otro beso para ti.

O quizás lo supiste y sentiste, pero no te importó. ¿A quién le importa ya? Solo pasó.

Lo que si fue tremenda sorpresa para mí fue lo que sentí. O lo que no sentí. Porque a medida que mi lengua luchaba por bajar por tu garganta y mis manos intentaban aferrarte como nunca, podía pensar. Y eso claramente estaba mal ¿Cómo podía tener coherencia de pensamiento cuando te estaba besando tan apasionadamente? Y mientras más lo pensaba más me daba cuenta que no estaba en ese momento.

Que ya no sentía nada. Que era solo un beso. Y que podía vivir sin ese beso.

Te separaste con una sonrisa en los labios hinchados y el cabello desordenado. Le pagaste al señor y terminamos de recorrer los otros cinco minutos hasta mi casa.

- Te quiero - te dije desde la puerta del carro mientras tus ojos oscuros se alejaban de mí y yo sentía un miedo extraño en el estómago.

- Si, yo también - dijiste y te pusiste en marcha.

No esperaste a que entrara. No dijiste yo también te quiero como sabías que me gustaba. No pusiste tus manos en mi cara cuando te besé. No entendiste ni preguntaste por qué.

Simplemente te fuiste, y aunque yo también me había ido, dolió como si no lo hubiese estado esperando.

Porque siempre esperé que fueras tú el que se fuera.

31 jul 2015

Hay que estar.

Hace algún tiempo deseaba que algo malo me sucediera. Algo como que me rompiera una pierna y me pusieran un yeso o me hospitalizaran. No me malinterpreten, no soy sádica ni nada de eso, solo lo quería en cierto nivel para ver cuanta gente venia a verme o a firmar el yeso. Es tonto, y súper extraño, lo sé, pero estamos hablando de uno de los pensamientos más ocultos y excéntricos de una ya oculta y excéntrica chica de catorce años (aproximadamente)

Mucho tiempo después (o quizás poco, la relatividad del tiempo siempre me es fascinante) me encontré con que la idea seguía siendo tonta y extraña, pero también con lo muy equivocada que estaba. Y la vida lo probo así. Realmente, hasta el sol de hoy y gracias a todos los dioses del cielo, nada lo suficientemente malo me ha ocurrido e igual siempre he podido visibilizar a las personas a mi alrededor. Como digna hija de un par de ingenieros siempre me ha gustado el lado cuantitativo de las cosas y, como pueden ver, saber quiénes pueden estar no es la excepción.

Sin embargo, y agradezco mil veces por esto, la vida me ha mostrado que no es necesario, que nada de eso lo es, que quién pensaste siempre estaría ya no está y de quién esperabas se fuera a la mañana siguiente de alguna manera consiguió amanecer todos los días junto a ti. Me parece uno de los aprendizajes más valiosos que he obtenido, nadie es imprescindible, pero nadie sobra tampoco, cuando están por algo es.

Siempre he estado agradecida con las personas que me rodean e intento demostrárselos estando allí para ellos, ser esa persona con la que siempre pueden contar y alguien que siempre tiene una respuesta. Hasta hace poco pensaba que era un camino unidireccional, sin darme cuenta que cada vez que he estirado la mano en busca de ayuda (incluso cuando no lo he hecho y me he quedado en el suelo haciendo una rabieta) siempre ha llegado alguien a levantarme. Así que un día cualquiera como hoy, mientras bailaba desnuda recién salida del baño e intentaba peinarme el cabello sin dejar de hacer lo primero, me miré al espejo y sonreí pensando en lo bueno que es ser afortunado.

Y construir tu fortuna.

Y estar para las personas.

Y que no es necesario que nada malo te pase para que te des cuenta de eso.


17 jul 2015

Tus pasillos.

Antes, en algún momento de estos cinco años, escribí que no podía creer que hubiese conocido a personas tan buenas y tan especiales que me hubieran ofrecido su amistad, no podía creer que hubiese conocido profesores tan hermosos que lo único que querían era enseñar, no podía creer como un solo lugar podía cambiarlo todo y hacerte sentir tan bien.

Con el tiempo descubrí que solo en tus mágicos pasillos es eso posible.

Ellos están llenos de tantos momentos, risas, lágrimas, historias, victorias, derrotas, gente, personas, corridas de futbolista, cerebros, yonquis, cafetines sucios pero donde los batidos son deliciosos, perros -y ahora gatos-, amables señores que hacen la limpieza, odiosas personas que tramitan lo que necesitas, profesores geniales, profesores, mediocres, helados, donas, secretos escondidos y mucho más.

En tus pasillos me sentí libre, liviana y sentí que podía respirar; esa libertad que solo viene con saber que estás haciendo lo que amas y que por ese breve instante todo está bien en el mundo; no hay guerras, política o calentamiento global, solo estás tú disfrutando de tu pasión.

Conocí tal pluralidad de pensamiento que ya no puedo tomar nada como certeza, en tus pasillos conocí a personas que me querían hacer pensar más de lo normal y gracias a Dios lo lograron, que me enseñaron a hacerlo, que me mostraron perspectivas diferentes de la vida y me mostraron cuál era la mía. En ellos conocí la unicidad de cada persona, de cada momento y de cada conjunto. También me enseñaron a equivocarme y que la vida está para probar, para decir que  cada vez que quieras.

En tus pasillos terminé de crecer, me terminé de formar y aprendí que nunca dejas de aprender. En tus pasillos, esos que por cinco años me sonrieron, conocí la bondad del ser humano, la infinidad de la inteligencia y la importancia de una voz. Aprendí el significado de las cosas, de palabras y sobre los significados de los significados.

Comprendí que fui UCVista dos años antes de comenzar a estudiar allí cuando por primera vez recorrí sus pasillos y tuve miedo y ansias de perderme en su inmensidad, la viví por cinco años disfrutando de cada rincón y permanecerá por el resto de los días en mi corazón; porque ser UCVista es algo que se lleva en la sangre y que una vez que despierta ya no lo puedes apagar - pero tampoco lo quieres apagar.

Tus pasillos también me sirvieron de cama en innumerables oportunidades, siempre acondicionados con la iluminación perfecta [[si tienes una Escuela oscura, no puedes pedir que los estudiantes no duerman]], también fueron restaurante, café y sala de terapia. O cualquier otra cosa que mis amigos o yo quisiéramos que fuera.

En tus pasillos fui exploradora, de toda tu estructura y de la vida, descubrí tus infinitas obras de arte, tus leyendas, tu historia y como permanecerás pase lo que pase; como es estudiar en un museo aunque la gente de por sentado la escultura por la que pasan todos los días. Porque así eres tú, una dama magnífica inmiscuida en las entrañas de una gran ciudad, que se mantiene de la misma manera en la que alguna vez impactó, pero que la gente perdió a medida que pasó el tiempo. Porque no se puede deslumbrar siempre, aunque tú lo hagas.

En tus pasillos conocí la política de buena mano y lo sucia que es en todo los niveles, lo que son capaces de hacer las personas por poder (aunque sea meramente representativo) y como se llegan a perder. En ellos noté como todos están ciegos y sordos cuando creen en algo, que no puedes enseñar a nadie que no quiere aprender.

En tus pasillos conocí el amor. Aquel que sientes por lo que amas, el de amigos, por una institución, por un ideal y por alguien más. Me llegué a enamorar seriamente un par de veces: una de ti y una de él. Pero fueron tus pasillos los que me soportaron cuando él se fue.

En tus pasillos pensé que dejaría los últimos pasos de mi niñez, solo para entender que no hay tal cosa como esa, que seré la niña curiosa y hambrienta de conocimiento que siempre fui.

En tus pasillos aprendí a tener paciencia, a esperar los tiempos que quiere la vida. No voluntariamente, claro, pero si algo entendí de tus paros fue eso. Ellos también me enseñaron que hay tiempo para todo cuando tienes el afán de querer hacer, que estarán ahí para que puedas hacerlo.

Tus pasillos fueron los escenarios para los disfraces que me puse durante cinco años, aquellos donde tenía que usar bata y hablar con términos médicos complicados o cuando tuve que usar tu escudo en mi pecho como si fuera un estandarte para orientar a las miles de personas que por primera vez pisaban tus gloriosas tierras; tus pasillos estaban allí para mí para cualquier ocurrencia que tuviera, siempre y cuando me desenvolviera en ellos.

Porque tus pasillos son como las venas que nutren la gran Universidad Central de Venezuela, esos que mantienen vivos los estudiantes cuando hacen vida universitaria, cuando se encuentran con sus amigos o cuando salen a protestar; tus pasillos, esos techados que recorren y te llevan a cualquier rincón de la Universidad son los que recordaré ahora que no los viviré a diario, cuando esté lejos, cuando escuche a alguien hablar de su Universidad y cada vez que te piense.

Pues tus pasillos lo son todo.




27 abr 2015

Caer.

Hay noches como hoy en las que solo me provoca caer.

Sería tan fácil. Un solo acercamiento, rápido y violento con eso que tanto necesito.
Es que el período de abstinencia ha sido largo -siempre lo son-, tortuoso y aun sigo sintiendo esa ansia como si fuese ayer mismo que lo hubiese dejado.

Supongo que por eso nos llaman adictos.

Es algo que necesito, aunque a todos les parezca una exageración ¿Qué sabrán ellos de necesidades o de lo que podría necesitar yo?
Una última dosis directa en las venas, sentir el frío reconfortante de la aguja contra mi piel, su familiaridad. Y ese breve momento en que todo se paraliza y por fin siento el leve pinchazo mientras mis ojos se cierran y contemplo la paz mental que llega a través de mi torrente sanguíneo.
Hay noches como hoy en las que todo es muy real, en la que un escape sería lo adecuado y lo único que respondería a esta necesidad. Perderme no para escapar, sino para olvidar un rato todo lo que está ocurriendo y al fin descansar de ello.

Sería tan fácil caer.

Ni siquiera ya creo que sea cuestión de una decisión que haya tomado antes y me quiera mantener fiel a ella. Ya ni siquiera creo que lo estoy haciendo por mi propio bien o que es lo adecuado para mí y la vida "sana" que "quiero" vivir. A veces solo creo que lo hago por no reconocer que fue un error [[sabiendo que no lo fue]], por orgullo y cobardía de lo que pudiese encontrar del otro lado.

Tan, pero tan fácil.

Casi tanto que no tengo ni que pensarlo, es como una extensión de mí que estuvo tanto tiempo bajo un hábito que no me costaría nada. Nada.
Y vuelvo a creer que es una necesidad, que realmente necesito esa sensación en mi piel que solo eso puede darme, ese brinco en el estómago y esas ganas de presionar más mi cerebro para que actúe de la manera correcta. Es añorar con toda tu alma por un segundo más donde pudieses olvidar la historia y simplemente ser tú con tu objeto de adicción y que nadie se atreva a entorpecer ese tierno momento donde al fin los dos vuelven a colidir y el mundo vuelve a estar en paz y no necesitas de nada más pues tu mundo se muestra y te abraza después de tanto tiempo.

Quiero caer.

Porque los rompeolas solo pueden aguantar por cierto tiempo, al igual que las represas con las lluvias, llegará un momento en que se va a desbordar si no tiene ese pequeño escape. Esa válvula que hace que todo esté bien y el equilibrio de las cosas no se vea amenazado. No quiero necesitar una válvula.
Y la primera vez que lo hice vuelve a mis recuerdos, todo es tan fresco como si lo estuviese viviendo de nuevo, las sensaciones están allí y si estiro mi mano lo suficiente las tocaré y todo será demasiado otra vez. Demasiado bueno. Demasiado como debe ser. Esa felicidad de por fin dejarse ir y no tener miedo, de estirar los brazos fuera de la ventana del carro y asegurar que estás volando mientras la brisa marina se apresura a asegurarte que no lo estás haciendo; esa libertad que solo encuentras con tu adicción. Mierda. Necesito una válvula.

Necesito caer.

Porque todo siempre es mejor en los recuerdos. Y en las noches como esta en la que todo simplemente resulta demasiado te encargas de auto-sabotearte reproduciendo una y otra vez la parte que necesitas, excluyendo todo lo demás que implica. Los pinchazos y marcas en la piel, la picazón en el cuerpo, la ansiedad y el sudor cuando no le das la dosis, la desesperación porque llegue, el dolor fijo en tu pecho cuando te das cuenta de lo que te hace.

Quiero caer. Quiero caer en ti.

Pero no lo hago, porque soy de acero. Una cartulina doble faz. Porque no lo necesito tanto como creo. Porque creo que soy fuerte y eso me hacer ser fuerte.

Porque caer sería el camino fácil y siempre he tenido simpatía con lo difícil.

No caigo, no caigo nunca más [[en noches como esta.]]



10 abr 2015

Una serie de eventos desafortunados.

Seguro fue porque no se tomó el jugo de naranja esa mañana ¿O será porque se puso las medias dispares? Era algo sencillo de recordar, de eso estaba segura, estas cosas, al final, solo pasan por tonterías. Tal vez había sido que le agregó dos lonjas extras de queso a su sándwich y no se sintió culpable al respecto. O que empezó un nuevo libro cuando iba en el tren que la llevaría a sus clases.

La verdad es que no parecía haber una conexión lógica entre tales eventos, pero cuando llegó a la Universidad sitió como si se le hubiese quedado algo en casa. Pudo haber sido el libro que había quedado olvidado o su inocencia. O ambos. Si era el libro no podía hacer mucho, una historia mal contada sobre brujas y vampiros no se iba a mover de dónde la hubiese dejado; pero si era el caso de su inocencia, tendría más problemas que retrasar una lectura antes de dormir. Si eso era lo que se le había quedado, tendría un día de tropezones y malas caras para todos, no se oiría el sonido de su risa ni se le vería caminando por el borde de las aceras intentando agarrar las hojas otoñales que caen en su efímero viaje al pavimento.

Pudo haber dejado también su ingenio, esa rapidez de respuesta acertada que la caracterizaba, por lo que cuando entró a su clase se quedó callada mientras observaba a los demás hacer las participaciones que normalmente corresponderían a ella; también fue por eso que el profesor la ignoró con felicidad por primera vez desde que había comenzado el curso, así no tendría que fingir querer darle la palabra y escucharla por dos horas que se asemejaban a la eternidad. Sus compañeros tampoco pudieron extrañarla menos, les encantaba que estuviese presente para ver como otros también tenían voces y estaban dispuestos a levantarla.

Su gracia también se podría haber encontrado perdida, pero esto era mucho más difícil de observar, no es como si todos observaran su forma de caminar y la manera en la que casi no tocaba el suelo cuando lo hacía; o la forma en la que movía las manos con cada ademán pareciendo un río que fluye desde una montaña y desciende lenta y pacíficamente sobre la praderas.

Pero ella siguió pensando que era algo más que las cualidades que mejor la definían estuviesen perdidas, ella siguió atribuyéndolo a que había elegido la ensalada César para almorzar en vez de las costillas, que había preferido la Coca-Cola sobre el agua o que no había dejado suficiente propina para el mesero. El hecho de que estuviese distraída cuando se encontró con su prometido no le pareció importante, incluso cuando él hizo más que besarla en el asiento de un parque mientras el atardecer los bañaba y ella retenía pequeños gritos de placer y él se regodeaba por ello manteniendo los suyos.

Incluso se atrevió a contradecir esa inquietud que se manifestaba por su pecho y que sentía pesada en su estómago diciendo que todo estaba bien, que solo había sido un día diferente; se sirvió una copa de vino tinto, a pesar de que siempre bebía blanco, y se acomodó en el sofá nuevo de su casa en los brazos de su prometido mientras intentaba creerse eso. Porque no hay nada más desesperante que querer creer algo aun cuando sabes que, precisamente, por algo no lo haces.

Hubiese sido inteligente de su parte haber prestado atención a cada señal que el día le lanzó para prevenirla, solo que era realmente imposible descifrar eso que para el destino era tan obvio, así que quizás al final no fue nada de eso, pero de igual manera, cuando el día hubo acabado, terminó perdiéndolo todo.


4 abr 2015

Príncipes.

Él es uno de esos chicos de sonrisa fácil, de esos que están sonriendo antes de que tú los veas y su sonrisa solo se ensancha más cuando ven la tuya. Porque no puedes evitar sonreír. Nunca.
Él es de esos que les encanta complacerte en cada pequeña cosa que quieras, alguien con quien solo mencionar algo ya está dispuesto a cumplirlo.
Él es de esos que recuerdan lo que dices porque te escuchan, que prestan atención a tus palabras y te sorprenden con cualquier detalle relacionado con ellas.
Él es de esos que te hablan de frente, que es franco y de verdad lo intenta, es creativo, es ingenioso.
Él es todo lo bueno, lo que las chicas soñamos vuelto realidad.
Y aun así no lo quieres...

Hacen algún tiempo ya, en una conversación de amigas, discutíamos sobre los chicos con los que habíamos salido: los buenos y los malos, los que se robaron nuestro corazón para destrozarlo y los que se enamoraron aun cuando nosotras dijimos que no lo hicieran y recuerdo perfectamente que mi amiga dijo "¿Por qué será que uno no puede enamorarse de un príncipe?", término que desde entonces adoré y uso con frecuencia.

Verán, un príncipe es un chico que tiene todo lo que alguna vez deseaste y un poco más [[no se engañen ni quieran engañar a otros, una siempre simpatiza más con "cualidades" específicas]] o con las que uno cree que será más fácil para caer perdidamente enamorada: que hable otro idioma, que toque la guitarra, que pueda eructar el abecedario de atrás hacía adelante o lo que sea que les guste a ustedes; pero este chico no es solo eso, además es un perfecto caballero, se interesa por lo que le dices, ansia por pasar tiempo contigo y [[lo mejor de todo]] es heterosexual.

Cuando te encuentras con un príncipe en esta vida crees que al fin todo tiene sentido, que ya fue suficiente de besar sapos, de pasar vacaciones sola y que ya es tiempo de invitar a alguien a casa o tener a alguien para salir corriendo de ella. Así que empiezas a tratar a este príncipe, sales con él, te babeas por su interés en ti y le cuentas a todas tus amigas que estás saliendo con el hombre de tus sueños [[solo que esta vez es real]]; pasará algo de tiempo antes de que te des cuenta que algo no está bien, que, cuando al fin tienes todo lo que quieres, ahora realmente no te llena tanto como creíste alguna vez que lo haría y entonces te dices "¿Pero qué carrizo está mal conmigo?" y al final terminas sintiéndote mal porque tienes a un chico maravilloso que estaría dispuesto a todo por ti y tú no le correspondes de la misma manera.

Así que terminas dejando al príncipe. [[O terminas en una relación tóxica porque crees que puedes fabricar sentimientos]]

La cosa es que estas espectaculares criaturas de Dios no tienen la culpa, y tampoco la tienes tú. Piénsalo bien: estás poniendo al cerebro decidir lo que le corresponde al corazón [[Y sí, sé que es un cliché, pero ajá sue me]] y ni siquiera es algo que puedas evitar. Desde que somos pequeñas la sociedad nos encamina a querer una familia y un hogar [[o al menos lo intenta]] y siempre te lo plantean con un esposo que tenga ciertas cualidades, a medida de que pasa el tiempo tu las vas ajustando con tus gustos y particularidades y antes de que puedas decir algo, ya tienes una lista de criterios que irás marcando cuando conozcas a alguien con potencial; lo que intentas es que algo meramente racional llegue a asuntos de lo sentimental ¿Para que me sirve que un novio hable francés fluidamente? Ah, si, que bien, puede ordenar la comida en cierto tipo de restaurantes y me dice cosas que suenan preciosas cuando estamos juntos; pero eso jamás definirá tu relación. A mí me gusta verlo como cosas accesorias, tipo que chévere que lo hagas más que Oh por Dios, no puedo salir contigo porque no lo hagas.

Pero de cierta manera, la sociedad no tiene la culpa de que tú y el príncipe no congenien, es algo que va más allá y que se adentra en el rincón superior izquierdo de nuestro pecho o en el centro del cerebro o en la amígdala o en un bebé volador con pañales que sabe usar arco y flecha. Es de esas cosas que por más que quieras controlar simplemente no van a pasar, puedes encontrar a la mismísima representación de todo lo que alguna vez quisiste, but life knows best.

Y conozco príncipes. He tenido la dicha de salir con unos cuantos príncipes que se han cruzado por mi camino y si algo he aprendido de ellos es lo siguiente [[o al menos así lo veo yo]]: primero que nada, no te límites de salir con uno, es una de las mejores experiencias que puedes tener [[a todas nos gusta que nos traten como princesas de vez en cuando]]; segundo, puedes intentarlo siempre y cuando él sepa lo que está pasando [[que quizás tú no estás tan adentro como lo está él]]; otra cosa que he aprendido sobre los príncipes, es que son felices siendo así, nadie los manda ni lo hacen por obligación ni nada son así [[y eso los hace más bellos]] por ende sentirte mal por no corresponderle a un príncipe es ilógico, sería como que alguien se sintiera mal porque tú colaboras con caridades o recoges basura de la calle cuando la ves, es decir, por cosas que te nazcan a ti. Otra cosa importante es que muchas veces ellos no quieren una princesa [[lo cual es genial]] por lo que no te sientas comprometida a ser una. Y, creo que el aprendizaje más importante, es recordar que siempre puedes decirle que no a un príncipe; ya que porque sea el Sr. Perfección no significa que estés obligada a salir con él [[aunque tus amigas te empujen todo lo posible para que eso pase]]

En fin, tenía una gran idea de lo que iba a ser este post, pero creo que se diluyó en el camino. O no. [[estoy perdiendo facultades]]. El punto es que muchas veces puedes creer que quieres o necesitas algo bastante específico, solo para que cuando lo tengas te des cuenta que eso no era ni de cerca lo que se ajustaba a tu realidad. Y a veces lo que va con tu realidad es aquello que nunca consideraste. Por eso es bueno dejarte sorprender. Después de todo, una vez que nos enamoramos, hasta la rana más fea del estanque se hace príncipe. Tu príncipe.

PD: Si, es un choque terrible aceptar que no quieres al príncipe y que en su lugar te enamoraste del ladrón sin escrúpulos o el vagabundo de la calle o el duque o de ya-no-sé-quién.

PD2: Conocer príncipes es una de las cosas más lindas y tortuosas de la vida. [[te hacen desear uno solo para que cuando llegue hagas una internalización de todo esto OTRA VEZ]]

PD3: No estoy diciendo que con los príncipes no funciones, sino que quizás ese no es tu príncipe.

PD4: Mencioné mucho la palabra príncipe [[18 veces]]

Pretty charming, ah?

27 mar 2015

A ti que te vas - o que te fuiste.

Primero que nada quiero decirte que esta carta no es para disuadirte de tu decisión, es simplemente un último recuerdo para ti que vas mientras yo me quedo. Y no lo digo a manera de queja o reclamo; después de todo cada quien es dueño de sus planes y sueños; y aunque comprenda tus razones para marcharte, aun no las comparto lo suficiente, por lo que te dedicaré las siguientes palabras:

Espero que hayas tenido suerte con todo el papeleo que tuviste que hacer, que te hayan tocado los funcionarios menos gruñones y más eficientes, que hayas finalizado todos tus trámites y que en ese último viaje por carretera hayas disfrutado de manejar entre las montañas y al ras de las nubes, viendo el oro trigueño de nuestros jardines eternos y espiando entre los árboles a la luna o al sol. Que hayas sentido el asfalto bajo las ruedas del carro y ese brinco agitado en el corazón cuando esquivas una irregularidad. Que hayas tenido una despedida adecuada y hayas hecho la promesa de volver para visitar.

Porque hay algo curioso sobre poder elegir qué vamos a extrañar.

Y como adoramos extrañar lo que ya no tenemos, para ti serán las hallacas en navidad, los días feriados y el clima tropical,  para mí serás tú y todo lo que dejas aquí,  porque no te va a pesar irte sino todo lo que dejas. Y verás que con lo mucho que ayuda Skype, en realidad no ayuda tanto. Quizás estoy omitiendo la carismática personalidad de nuestra gente o su ingenio o lo sencillo que es todo en el país de lo posible, pero tú ya debes saber bastante de eso.

También te quiero advertir que cuando escuches “Venezuela”, así estés nuevamente en nuestro territorio, probablemente empezarás a llorar o se te hará un nudo en la garganta; porque una vez que te despides de la cromointerferencia ambientación de color aditivo de Cruz Diez en el aeropuerto de Maiquetía no hay forma de que sientas esa canción igual. O que veas nuestra bandera y no te acerques a ver quién es o si escuchas nuestro acento no quieras iniciar una conversación.  Porque son cosas que ocurrirán e incluso no te darás cuenta, es como buscar la pieza que siempre faltará del rompecabezas.

Pero no te agobies, esto pasará. Así como el ansia de buscar las diferencias y similitudes para formar un nuevo hogar, la nostalgia por el sabor de la comida y la costumbre de hacer el cambio a nuestra moneda. Las nuevas costumbres y rutinas, la cultura y sus particularidades,  la gente y las nuevas posibilidades, intentarán colarse en ti; pero la sangre que corre por tus venas siempre será tricolor con vinotinto, porque los atropellos a nuestro país los vivirás conmigo, porque te enorgullecerás de sus triunfos y, sobre todo, porque dejas un pedacito de tu corazón en esta tierra que te vio crecer.

Así que espero que hayas doblado bien tus sueños y los hayas empacado en la maleta. Porque una vida no cabe en ella, pero los sueños si.



15 dic 2014

Amistad.

Creo que mi yo del pasado se sentiría bastante decepcionada de como veo ciertas cosas ahora o por lo menos me miraría feo. Ella era decidida, las cosas eran blanco o negro, solo había una manera de hacer las cosas y era como ella lo decía; de cierta forma la extraño porque siempre tenía la certeza sobre las cosas en las que ella creía y a las cuales se aferraba y defendía. Quizás a ustedes les parezca una tirana [[y de cierta manera lo era]] pero durante mucho tiempo las cosas funcionaron para nosotras y si algo funciona ¿Para que cambiarlo?

Lo que les decía era que ella no estaría de acuerdo conmigo en ciertos aspectos que yo considero ahora, ya que de un momento para acá he aprendido a ver los grises entre el blanco y el negro, ahora todo "depende" de las cosas que influyan, ahora solo sé que las certezas son viles ilusiones y que nada es tan real. Creo que puedo culpar a la Universidad de esto, jamás hubiese ampliado tanto mi visión sino fuera una estudiante universitaria y, más aun, una de la gloriosa UCV.

Una de las cosas más preciosas y preciadas de la vida para mí es la amistad, me parece que es uno de los valores que aun pueden verse y preservarse, que es uno de los vínculos más valiosos entre personas. Durante al menos dieciséis años creí en la promesa del para siempre, en la lealtad, en el servir sin esperar nada a cambio y creía tanto en esos conceptos que pocas veces llamaba a alguien amigo claramente, pero después ya no tenía que ser necesariamente así, empecé a hacer concesiones y excepciones que no me iban mal y todo empezó a cambiar. Comprendí que una de las cosas más preciosas de la amistad es que no depende de que la otra persona sea tu amiga [[por supuesto, muchos necesitan que sea bidireccional]] con que para ti lo sea es suficiente y en cuando aprendas a reconocer esto dejarás de esperar algo de la otra persona y sabrás que tus acciones son completamente desinteresadas porque a su vez contarás con personas que si son eso para ti. Se puede ver como una relación de uno con el otro sin que sea dependiente y que solo existirá en cuanto el otro te reconozca como amigo, de esta manera tu sabrás quienes son tus amigos pero no de quién eres amigo.

Aunque se lea complicado.

Esa era una de las cosas que mi yo del pasado no hubiese aceptado, era casi inconcebible, ya que ella quería que el nivel de sacrificio que ella hacia fuera reconocido e igualado [[y si era un sacrificio ¿Realmente por qué lo hacías?]] para ella solo existía la amistad recíproca y sufría demasiado cuando las cosas no resultaban así, cuando ella hacía algo y no obtenía nada a cambio. Esto, por supuesto, llevaba a que se aferrara mucho de las cosas y cuando ya nos las tenía el sufrimiento era casi insoportable, por lo menos hasta que le daba un par de cachetadas y pudiésemos seguir adelante.

Creo que ahora mi concepto de amistad va más allá y un poco menos a la vez, he aprendido que cuando las personas se quieren ir es necesario que las dejes, por más que te hayan prometido que siempre se iban a quedar o que tú hayas prometido lo mismo, simplemente no puedes estar para alguien que no quiere que estés. También he aprendido a aceptar que muchas veces la vida te incita a separar caminos y que no son siempre obstáculos que debes superar, sino caminos que debes aceptar y eso no significará que estés decepcionando a nadie. Otra cosa es que no tienes que dejar de dar aunque no recibas nada a cambio, siempre y cuando eso te haga feliz y sea respetado, nada de dejar que la gente se aproveche de ti. Aun creo en la nobleza de sentimientos y en la inocencia que lo acompaña, en el siempre estar, en la lealtad y en el sentido de pertenencia que existe en la amistad. También aprendí que aunque algunas no hayan funcionado para ti eso no significa que debas perder la fe o que siempre será así, que el tiempo no es realmente importante, que ni siquiera verle la cara a alguien lo es.

La amistad es poder contar con alguien sin importar el día, la hora o el tema del que le vas a hablar, es poder reír o llorar, es poder decirles cualquier cosa y saber que aunque algunas veces les puedan molestar siempre podrás decírselas, es poder ser tú en tu máximo esplendor, es confiar ciegamente en que esa persona no te va a herir, es que no importa cuanto tiempo puedan tener sin hablarse siempre puedes volver a ellos, es la magia de retomar las cosas justo donde las dejaron la última vez, es recordar las cosas realmente importantes, es estar cómodos en los silencios y hablar hasta por los codos incluso cuando tú no eres así, es no esperar nada a cambio pero igual obtenerlo, es más, mucho más.

Alguien alguna vez dijo que los amigos son la familia que Dios te permitió escoger, pero tu realmente no escoges a tus amigos, simplemente lo eres y lo son para ti.

8 nov 2014

Otra vez.

Me pican las manos por escribirte. 

Es otra vez esa ansiedad loca de querer decirte lo que hago y como me acordé de ti porque una nube tapó el sol.
Es otra vez ese chiste que para ti no lo sería pero igual lo comprenderías y te reirías de que se me ocurran cosas tan tontas. 
Es otra vez esa mirada perdida en el cielo, sonriendo, que solo tú pudieras descodificar que es lo que me tiene feliz allí. 
Es otra vez esas ganas de gastar las madrugadas hablando de los caminos de la vida, las posibilidades, el futuro, el pasado, el presente y los quizás. 
Es otra vez las ganas de querer huir y retomar los planes para ver el mundo. 
Es otra vez esa foto mirándome desde la pared que me dice lo feliz que nos hacíamos y que estábamos mejor juntos. 
Es otra vez el baúl de recuerdos que me grita que junto a ti estaban mis mejores momentos y la mejor versión de mi. 
Es otra vez el chico de las pizzas preguntándome si quiero la mitad con anchoas o no.
Es otra vez la alfombra diciéndome que ya nadie se acuesta a buscarle formas a la madera.
Es otra vez mi calendario advirtiéndome de los juegos de mi equipo favorito ya que no lo haces tú. 
Es otra vez ese playlist de las canciones que alguna vez creíste se parecían a mí, a ti, a nosotros.  
Es otra vez mi almohada susurrándome los secretos que me dijiste y que prometí no le diría a nadie. 
Es otra vez la luna quejándose de que ya nadie me dice que la salga a ver. 
Es otra vez mi día a día que espera que se lo cuente a alguien que pregunte por él. Bueno, no a alguien, a ti. 
Es otra vez el cielo diciéndome que te extraña. 
Es otra vez el reloj diciéndome que no es muy tarde, el mapa que no hay distancias tan grandes y el corazón que te extraña. 

¡Porque como te extraño, joder!




13 jun 2014

Luciérnagas.

- He estado muriendo por besarte desde la última vez que te vi.

Susurro en tu oreja mientras trepo por tu suéter. Estás caliente por debajo de la ropa, pero igual tiemblas cuando sonrío junto a tu mejilla. Mis manos están bien sujetas a las hebillas de tu pantalón, asegurando tus caderas y su cercanía a mi. Me gusta tenerte así, cerca; muy cerca. Muerdo un poco el lóbulo de tu oreja y te escucho reír, por lo que bajo de las puntas de mis pies y me quedo frente a ti; memorizando tus rasgos en un milisegundo que me aguanto antes de asaltarte con un beso. El primer beso de hoy.

Dios, como extrañaba tus labios.

Cálidos,  suaves, llenos, bienvenidos [[siempre bienvenidos]], agresivos, dulces, cambiantes. Respiro de ti a medida que nuestro contacto se intensifica. Es así como lo imaginé siempre y sonrío sin dejar de besarte, de morderte un poco, de retarte. Y como te gustan los retos... Antes de siquiera ser consciente de lo que hago me enredo en las hebras oscuras y me ato más, como si de repente todo fuera accesorio y solo necesitara cobijarme en ti.

Nos separamos [[no queda de otra]] y me tomas de la mano para caminar sobre la oscura, nublada y fría noche; es una de esas donde todo parece tétrico y misterioso; incluso junto a ti parece que todo esto se intensificara más, pero claro, mis sentidos siempre se agudizan cuando estoy contigo. Sé que no tienes miedo - aunque nada parece provocarte eso durante estos días - pero la grava que cede ante nuestros pies y el silbido del viento en nuestros dedos me dicen que quizás deberías hacerlo, que quizás deberías alejarte del risco si tienes miedo de las alturas o si no quieres caer. Me aferro a tu brazo y te das cuenta que el frío se ha colado en mí, me colocas tu suéter y te quedas en la ligera franelilla que cubre poco de tu piel bronceada, quedo más sobrecogida de lo que jamás haya esperado, llega justo a mi alma y a ese rincón abandonado.

Mis pequeños exploradores no se quedan prisioneros de tus manos y van a la búsqueda de nuevas terminaciones que respondan, te recorren de arriba a abajo y no van viendo límites o fronteras; hay zonas en reclamación donde discuten con soldados infiltrados que fingen deben sacarlos de allí, aunque queda el acuerdo tácito de que pronto volverán a reunirse. La grama está mojada y fría, las gotas que dejó la neblina juegan de aquí para allá, anunciando que va a regresar. Mis uñas se deleitan recitándote cosquillas y mi cabello sigue las huellas que ellas dejan para soltar un remanente en su rastro. La luna nos sorprende, iluminando todo de repente, como si tus palabras acalladas hubiesen sido lo suficientemente fuertes como para soplar las nubes lejos [[tal como te dije]].

- Al fin está aquí ¿La puedes ver?

- Solo puedo ver tus ojos.

Por supuesto que es así. Dejo de estirarme para dejar de ver a nuestro astro favorito y logro perderme en la inmensidad que se oculta tras tus pupilas, sé muy bien como debo lucir para ti, pequeña e inocente, que estás mirando desde arriba; y a pesar que tienes la luz en contra y que solo ciertas facciones de tu cara sobresalen, soy capaz de rememorar cuando vi tus ojos en vez del atardecer por primera vez. Espirales doradas que no se quedaban quietas y jugaban a escabullirse dentro del chocolate, pixeles diminutos que me hicieron acercarme más y toda la inspiración que se encuentra allí escondida esperando que las personas crean en ti.

Hace rato que haces pulseras en mi muñeca mientras me pierdo en los sube y baja de tu piel y dibujo constelaciones nuevas en el rumor de tus lunares, es todo un universo de ti. Nubes esponjosas se colean y se sacuden cuando trazo una combinación especial, me río y también lo haces tú; dices que tenías eones sin liberar tantas endorfinas y sigo riendo, pues los eones son demasiado tiempo que compensar.

La luna se ha vuelto a ocultar y caemos por el abismo, enseguida te paras para dejarte caer nuevamente, un minuto, quizás dos. Tus codos junto a mis manos, tus manos suspendidas sobre mi pecho. Y hay luz justo en el medio, descubriendo tu sonrisa y nada más; alumbrando tus sueños de niño y esperanzas de hombre. Al instante todo a nuestro al rededor comienza a brillar, señales doradas intermitentes que danzan en la oscuridad, entre los árboles, contra el viento y todo lo demás. Somos risas, somos caricias, somos mordidas, somos cosquillas, somos juegos, somos espías, somos tramposos, somos el  del otro.

Es que me has traído luz.

27 ene 2014

Molesta.


No me agrada que me recuerdes que fue un error que me gustaras tanto como lo haces.

No me agrada que vivas esperando por algo que ni siquiera tú sabes.

No me agrada donde estamos. No me agrada no saber si estamos.

Tú, capitán de lo obvio, te has tenido que dar cuenta y sin embargo no has hecho nada ¿A caso eso no te hace la peor de las personas? Sé que te gusta jugar, y no tenía ningún problema con eso, hasta que decidiste hacerlo conmigo.

¿Lo peor? No entiendo a qué juegas, no entiendo por qué lo haces. Vives en un laberinto intentando ser el gato y temiendo ser el ratón, no te das cuenta que solo tú estás atrapado y que nadie te persigue. Sabía que eras problemas desde el momento en que te vi. Sabía que esto sería un problema desde que empecé a conocerte; y es que no entiendo por qué si me abriste todas las ventanas te empeñaste en cerrar la puerta. No sé qué quieres y muero por preguntarte, pero eres el rey de los cobardes y huyes. Huyes casi tanto como lo hacía yo cuando me enteré de esto, buscando salidas que no aparecerán y que no aparecieron.

¿Es que tú crees que fue fácil para mí? Aceptar que mi curiosidad pudo más que mi sentido de preservación, sabía que mientras más enterrara el puñal más lastimada quedaría yo. ¿Hacia dónde vas? Vives caminando de atrás para adelante sin realmente caminar, hablas mucho pero no dices nada, prometes para olvidar, ilusionas para decepcionar.

Sin embargo, creo que lo pensaste muy bien: para que nada separe, que nada nos una ¿Por qué dar nombres que traigan responsabilidades y más? Fui víctima de un cuento que solo yo me supe armar, una tragedia con sabor a comedia que nadie escuchará jamás.

Mis palabras quedarán ahogadas, tal como tus actos eran solo para mí, nunca sabrás de mi llanto, como los demás nunca sabrán que fuimos algo más que dos extraños. Y la cólera que me lleva a escribir, es la misma cólera que me lleva a callar.

¿Cómo me pude fijar en ti, cuando sé que merezco mucho más? ¿Cómo pude ver solo lo bueno que hay en ti y pensar que con eso bastará? Vivimos en mundos distintos y esperamos distintas cosas. Si sigo aquí lo único que harás es decepcionarme y demostrarme que la realidad no me va a dar más.

Sí, estoy molesta y tuviste la oportunidad de hacer algo, pero no lo hiciste como era de esperar. Estoy molesta, pero no es por ti. Estoy molesta conmigo por esperar tanto de alguien que no sabe cómo dar más, molesta por pensar que te dabas cuenta de que mis te quiero eran a cuenta gotas y porque los sentía de verdad, me molesta mi vil imaginación que siempre soñaba con las cosas que pensé que harías, pero que nunca hiciste. Me molesta saber tanto de ti y que al final eso no sirva de nada. Me molesta ser tan ingenua y pensar que todo esto realmente significaba algo, me molesta que me haya involucrado tanto.

Una vez leí que “aceptamos el amor que creemos merecer” y creo que merezco más. Mucho más. También creo que tú nunca serás capaz de dármelo. También creo que aunque no puedo elegir a quien querer si puedo elegir como quererlo.

No creo que pueda seguir con esto, con este juego del que nadie me explicó nunca las reglas, te he permitido opinar, te he permitido hurgar e ir más allá, te he abierto la puerta para que entres y tú lo que quieres es jugar. Yo no puedo. Yo no soy así. Y cada vez que estoy sola pienso en cómo me has cambiado, en lo que me has enseñado y en el bien que me has hecho; pero pienso en lo que quiero y en no saber si tú quieres lo mismo, pienso en lo que no haces, pienso en lo que no dices, pienso en lo que dices y como lo dices; y entonces quiero preguntar: porque las mujeres asumimos mucho y preguntamos poco. Pero luego te miro a los ojos y me falta valor, se me olvidan las palabras y las preguntas ya parecen contestadas; porque prefiero quedarme con esto que –no sé- tenemos a perderte.

Sí, me he convertido en esa clase de tonta conformista que siempre odié.

Y por eso estoy molesta.

Caracas, 27/01/2013
6.43pm.

Es increíble lo mucho que pueden cambiar las cosas en dos horas... En un año. 

Ve donde estás hoy e intenta recordar dónde estabas hace un año 

¿Puedes hacerlo? 

O mejor, ¿Puedes recordar todo lo que pasó en el medio, lo que consiguió que hoy estés aquí?

Yo si, y puedo sonreír mientras lo hago. 


Mi vista favorita de esta ciudad.