4 abr. 2015

Príncipes.

Él es uno de esos chicos de sonrisa fácil, de esos que están sonriendo antes de que tú los veas y su sonrisa solo se ensancha más cuando ven la tuya. Porque no puedes evitar sonreír. Nunca.
Él es de esos que les encanta complacerte en cada pequeña cosa que quieras, alguien con quien solo mencionar algo ya está dispuesto a cumplirlo.
Él es de esos que recuerdan lo que dices porque te escuchan, que prestan atención a tus palabras y te sorprenden con cualquier detalle relacionado con ellas.
Él es de esos que te hablan de frente, que es franco y de verdad lo intenta, es creativo, es ingenioso.
Él es todo lo bueno, lo que las chicas soñamos vuelto realidad.
Y aun así no lo quieres...

Hacen algún tiempo ya, en una conversación de amigas, discutíamos sobre los chicos con los que habíamos salido: los buenos y los malos, los que se robaron nuestro corazón para destrozarlo y los que se enamoraron aun cuando nosotras dijimos que no lo hicieran y recuerdo perfectamente que mi amiga dijo "¿Por qué será que uno no puede enamorarse de un príncipe?", término que desde entonces adoré y uso con frecuencia.

Verán, un príncipe es un chico que tiene todo lo que alguna vez deseaste y un poco más [[no se engañen ni quieran engañar a otros, una siempre simpatiza más con "cualidades" específicas]] o con las que uno cree que será más fácil para caer perdidamente enamorada: que hable otro idioma, que toque la guitarra, que pueda eructar el abecedario de atrás hacía adelante o lo que sea que les guste a ustedes; pero este chico no es solo eso, además es un perfecto caballero, se interesa por lo que le dices, ansia por pasar tiempo contigo y [[lo mejor de todo]] es heterosexual.

Cuando te encuentras con un príncipe en esta vida crees que al fin todo tiene sentido, que ya fue suficiente de besar sapos, de pasar vacaciones sola y que ya es tiempo de invitar a alguien a casa o tener a alguien para salir corriendo de ella. Así que empiezas a tratar a este príncipe, sales con él, te babeas por su interés en ti y le cuentas a todas tus amigas que estás saliendo con el hombre de tus sueños [[solo que esta vez es real]]; pasará algo de tiempo antes de que te des cuenta que algo no está bien, que, cuando al fin tienes todo lo que quieres, ahora realmente no te llena tanto como creíste alguna vez que lo haría y entonces te dices "¿Pero qué carrizo está mal conmigo?" y al final terminas sintiéndote mal porque tienes a un chico maravilloso que estaría dispuesto a todo por ti y tú no le correspondes de la misma manera.

Así que terminas dejando al príncipe. [[O terminas en una relación tóxica porque crees que puedes fabricar sentimientos]]

La cosa es que estas espectaculares criaturas de Dios no tienen la culpa, y tampoco la tienes tú. Piénsalo bien: estás poniendo al cerebro decidir lo que le corresponde al corazón [[Y sí, sé que es un cliché, pero ajá sue me]] y ni siquiera es algo que puedas evitar. Desde que somos pequeñas la sociedad nos encamina a querer una familia y un hogar [[o al menos lo intenta]] y siempre te lo plantean con un esposo que tenga ciertas cualidades, a medida de que pasa el tiempo tu las vas ajustando con tus gustos y particularidades y antes de que puedas decir algo, ya tienes una lista de criterios que irás marcando cuando conozcas a alguien con potencial; lo que intentas es que algo meramente racional llegue a asuntos de lo sentimental ¿Para que me sirve que un novio hable francés fluidamente? Ah, si, que bien, puede ordenar la comida en cierto tipo de restaurantes y me dice cosas que suenan preciosas cuando estamos juntos; pero eso jamás definirá tu relación. A mí me gusta verlo como cosas accesorias, tipo que chévere que lo hagas más que Oh por Dios, no puedo salir contigo porque no lo hagas.

Pero de cierta manera, la sociedad no tiene la culpa de que tú y el príncipe no congenien, es algo que va más allá y que se adentra en el rincón superior izquierdo de nuestro pecho o en el centro del cerebro o en la amígdala o en un bebé volador con pañales que sabe usar arco y flecha. Es de esas cosas que por más que quieras controlar simplemente no van a pasar, puedes encontrar a la mismísima representación de todo lo que alguna vez quisiste, but life knows best.

Y conozco príncipes. He tenido la dicha de salir con unos cuantos príncipes que se han cruzado por mi camino y si algo he aprendido de ellos es lo siguiente [[o al menos así lo veo yo]]: primero que nada, no te límites de salir con uno, es una de las mejores experiencias que puedes tener [[a todas nos gusta que nos traten como princesas de vez en cuando]]; segundo, puedes intentarlo siempre y cuando él sepa lo que está pasando [[que quizás tú no estás tan adentro como lo está él]]; otra cosa que he aprendido sobre los príncipes, es que son felices siendo así, nadie los manda ni lo hacen por obligación ni nada son así [[y eso los hace más bellos]] por ende sentirte mal por no corresponderle a un príncipe es ilógico, sería como que alguien se sintiera mal porque tú colaboras con caridades o recoges basura de la calle cuando la ves, es decir, por cosas que te nazcan a ti. Otra cosa importante es que muchas veces ellos no quieren una princesa [[lo cual es genial]] por lo que no te sientas comprometida a ser una. Y, creo que el aprendizaje más importante, es recordar que siempre puedes decirle que no a un príncipe; ya que porque sea el Sr. Perfección no significa que estés obligada a salir con él [[aunque tus amigas te empujen todo lo posible para que eso pase]]

En fin, tenía una gran idea de lo que iba a ser este post, pero creo que se diluyó en el camino. O no. [[estoy perdiendo facultades]]. El punto es que muchas veces puedes creer que quieres o necesitas algo bastante específico, solo para que cuando lo tengas te des cuenta que eso no era ni de cerca lo que se ajustaba a tu realidad. Y a veces lo que va con tu realidad es aquello que nunca consideraste. Por eso es bueno dejarte sorprender. Después de todo, una vez que nos enamoramos, hasta la rana más fea del estanque se hace príncipe. Tu príncipe.

PD: Si, es un choque terrible aceptar que no quieres al príncipe y que en su lugar te enamoraste del ladrón sin escrúpulos o el vagabundo de la calle o el duque o de ya-no-sé-quién.

PD2: Conocer príncipes es una de las cosas más lindas y tortuosas de la vida. [[te hacen desear uno solo para que cuando llegue hagas una internalización de todo esto OTRA VEZ]]

PD3: No estoy diciendo que con los príncipes no funciones, sino que quizás ese no es tu príncipe.

PD4: Mencioné mucho la palabra príncipe [[18 veces]]

Pretty charming, ah?

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