27 abr. 2015

Caer.

Hay noches como hoy en las que solo me provoca caer.

Sería tan fácil. Un solo acercamiento, rápido y violento con eso que tanto necesito.
Es que el período de abstinencia ha sido largo -siempre lo son-, tortuoso y aun sigo sintiendo esa ansia como si fuese ayer mismo que lo hubiese dejado.

Supongo que por eso nos llaman adictos.

Es algo que necesito, aunque a todos les parezca una exageración ¿Qué sabrán ellos de necesidades o de lo que podría necesitar yo?
Una última dosis directa en las venas, sentir el frío reconfortante de la aguja contra mi piel, su familiaridad. Y ese breve momento en que todo se paraliza y por fin siento el leve pinchazo mientras mis ojos se cierran y contemplo la paz mental que llega a través de mi torrente sanguíneo.
Hay noches como hoy en las que todo es muy real, en la que un escape sería lo adecuado y lo único que respondería a esta necesidad. Perderme no para escapar, sino para olvidar un rato todo lo que está ocurriendo y al fin descansar de ello.

Sería tan fácil caer.

Ni siquiera ya creo que sea cuestión de una decisión que haya tomado antes y me quiera mantener fiel a ella. Ya ni siquiera creo que lo estoy haciendo por mi propio bien o que es lo adecuado para mí y la vida "sana" que "quiero" vivir. A veces solo creo que lo hago por no reconocer que fue un error [[sabiendo que no lo fue]], por orgullo y cobardía de lo que pudiese encontrar del otro lado.

Tan, pero tan fácil.

Casi tanto que no tengo ni que pensarlo, es como una extensión de mí que estuvo tanto tiempo bajo un hábito que no me costaría nada. Nada.
Y vuelvo a creer que es una necesidad, que realmente necesito esa sensación en mi piel que solo eso puede darme, ese brinco en el estómago y esas ganas de presionar más mi cerebro para que actúe de la manera correcta. Es añorar con toda tu alma por un segundo más donde pudieses olvidar la historia y simplemente ser tú con tu objeto de adicción y que nadie se atreva a entorpecer ese tierno momento donde al fin los dos vuelven a colidir y el mundo vuelve a estar en paz y no necesitas de nada más pues tu mundo se muestra y te abraza después de tanto tiempo.

Quiero caer.

Porque los rompeolas solo pueden aguantar por cierto tiempo, al igual que las represas con las lluvias, llegará un momento en que se va a desbordar si no tiene ese pequeño escape. Esa válvula que hace que todo esté bien y el equilibrio de las cosas no se vea amenazado. No quiero necesitar una válvula.
Y la primera vez que lo hice vuelve a mis recuerdos, todo es tan fresco como si lo estuviese viviendo de nuevo, las sensaciones están allí y si estiro mi mano lo suficiente las tocaré y todo será demasiado otra vez. Demasiado bueno. Demasiado como debe ser. Esa felicidad de por fin dejarse ir y no tener miedo, de estirar los brazos fuera de la ventana del carro y asegurar que estás volando mientras la brisa marina se apresura a asegurarte que no lo estás haciendo; esa libertad que solo encuentras con tu adicción. Mierda. Necesito una válvula.

Necesito caer.

Porque todo siempre es mejor en los recuerdos. Y en las noches como esta en la que todo simplemente resulta demasiado te encargas de auto-sabotearte reproduciendo una y otra vez la parte que necesitas, excluyendo todo lo demás que implica. Los pinchazos y marcas en la piel, la picazón en el cuerpo, la ansiedad y el sudor cuando no le das la dosis, la desesperación porque llegue, el dolor fijo en tu pecho cuando te das cuenta de lo que te hace.

Quiero caer. Quiero caer en ti.

Pero no lo hago, porque soy de acero. Una cartulina doble faz. Porque no lo necesito tanto como creo. Porque creo que soy fuerte y eso me hacer ser fuerte.

Porque caer sería el camino fácil y siempre he tenido simpatía con lo difícil.

No caigo, no caigo nunca más [[en noches como esta.]]



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