10 sept. 2016

Me fui - Indecisiones varias.

01/06/2016

Acabo de terminar un libro depresivo y, como no, ¿Qué otro remedio que escribir? El libro en cuestión se llama Me before you o Yo antes de ti de Jojo Moyes, la película ya se debe haber estrenado o si quieren el libro en digital me dicen y se los mando por correo electrónico. Para darles un poco de contexto – aunque ya he puesto la reseña en el link de arriba – trata sobre un hombre de 35 años que tiene todo lo que puede querer… Hasta que un accidente lo deja cuadripléjico; y una chica de 27 años conforme con su vida en una pequeña ciudad. * SPOILER ALERT* Sus caminos se cruzan y la chica se entera que el chico planea poner fin a su vida en seis meses, en los cuales ella hace lo posible para que él cambie de opinión. A pesar de toda la trama no-romántica y de sufrimiento-depresivo me parece genial la evolución de los personajes.

Pero no vine a hablar de eso. Cierto.

Siempre he sido una persona muy organizada, si le preguntas a mis amigos incluso te podrían decir que soy una nazi maniática del control, suelo encargarme desde dividir las cuentas cuando comemos todos fuera – ¿He mencionado alguna vez que soy buena para las matemáticas? – hasta desarrollar planes muy estructurados, calendarios con códigos de color e infinidades de listas. También soy impresionantemente activa y me gusta hacer mil cosas a la vez, encargarme de todo y hacer que el tiempo rinda. Una vez en la Universidad me preguntaron si tenía un giratiempo porque tenía clases de nueve a nueve, estaba de becaria, tenía actividades extras y veía clases de francés. Pero siempre he dicho que si te sabes organizar puedes hacerlo todo.

Pero ese tampoco es el tema en concreto Efecto random post-libro

La verdad es que tenía mi vida planeada hasta el día que saliera de la gloriosa Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela con mi diploma; incluso en el último año de la carrera, cuando me preguntaban que iba a hacer después, contaba entre risas que hasta ahí llegaba mi plan. Conforme inicié el último semestre caí en cuenta que eso en realidad estaba pasando, que me quedaban menos de siete meses para recibir mi título y que no tenía ni idea de qué iba a hacer a continuación.

Por más que uno quiera el tiempo no se detiene a esperarte ni un segundo.

No recuerdo un día que no haya querido irme de Venezuela, tengo tanto tiempo sin hacerlo que es como si siempre hubiese sido así y sabía que quería hacerlo con un título debajo del brazo, para tener más bases cubiertas, así que el post tampoco es sobre alguna duda de irme.

Es sobre dos cosas: inactividad y lo que voy a hacer. Y la mayoría de las cosas que voy a explicar tienen un estúpido contenido social que nos marca y aun yo, que sé claramente y soy capaz de reconocerlo, no puedo escapar de ello. Lo cual me molesta, por supuesto; pero nada se puede hacer.

Comencemos por la inactividad y lo que se relaciona con el libro, pues es que desde septiembre – ya no tenía clases – no siento que haya hecho nada de relevancia. Bueno, no en comparación con antes (básicamente he andado entre empleos, papeleo, francés e intentando atesorar tantos momentos con familia y amigos como puedo). Siempre me lo planteé como un “descanso” de la vida ajetreada que llevaba, a lo que mi miniyo respondía PERO NOSOTRAS AMAMOS ESA VIDA y yo la ignoraba. Este año he tenido demasiado tiempo para mí, lo cual ha sido genial por un lado porque he llegado a pensar en miles de cosas que por siempre estar ocupada no se me habrían ocurrido, he establecido unos estándares sobre las cosas que quiero y las que no quiero en mi vida; pero también ha sido un tiempo donde me he sentido como la peor vaga del mundo, parásito (a pesar que trabajo, eso no alcanza ni para dar un bolívar a mi casa), con sueño eterno (las siestas están de vuelta) y el rollito en la panza que hace un año aparecía y desaparecía se ha quedado y ha aumentado su tamaño. Considerablemente.

Quizás fue por leer un libro sobre un cuadripléjico o sobre una chica que no hacía nada más que estar en casa y trabajar, pero que terrible me he sentido, tanto tiempo mal invertido o no aprovechado al máximo como debería… Pero no sería yo si no fuera una dualidad andante que a la vez está en paz con eso, ya acepté que puse un STOP innecesario en mi vida y que no se puede llorar sobre leche derramada, solo espero haber aprendido lo suficiente de ello y que no ocurra de nuevo esta parte también dice que obviamente no fue tiempo mal invertido y que no hice nada, solo que no hice todo lo que podría haber hecho.

Lo que me lleva a lo que voy a hacer, por un año nada más y nada menos. ¿Irme a cuidar niños cuando tengo una profesión?


Pues bueno, siempre me digo que por algo se debe comenzar, que es un empleo/casa/comida seguro, que me servirá para estudiar el idioma y ver si el país como tal me gusta ¿A caso no podía encontrar un trabajo acorde a la psicología? Quizás, aunque uno tiene que sentar bases y una experiencia en el país me puede abrir más puertas que si no la tuviera (? Al menos eso espero.

Y queda la parte social. Claro que la cara de algunos amigos cuando les dije lo que iba a hacer fue de alarma total ¿Es que no planeas ejercer? ¿Sin experiencia en tu propio país? ¿Estás segura que justo después de graduada quieres hacer eso? Y un sinfín que suponía me haría pensar; pero yo estaba bien clara que quería salir y esa era la opción más lógica para mí. No fue hasta meses después que me di cuenta que si me había afectado la parte de las expectativas sociales que tenían sobre mí. Como cuando trabajé con una empresa del gobierno y la gente me miraba raro porque no sabían cómo había terminado ahí. O cuando estaba trabajando medio tiempo y al comentarlo la gente seguía esperando que siguiera diciendo que cosas estaba haciendo, al principio agregaba rápidamente que estaba estudiando francés por las tardes (aunque no todas, pero no aclaraba eso) porque sentía la presión de tener que estar haciendo algo más, como si lo otro no fuera suficiente, como si tuviese que justificar que estoy haciendo algo.

Y pues obvio que no. Para nada. Pero la presión es una cosa impresionante.

El punto es que me he dado mil veces la charla frente al espejo donde me digo que todo trabajo con el que te sientas cómoda, feliz, te alcance para las cuentas y que deje tu dignidad intacta es un buen trabajo (como mi trabajo a medio tiempo, que me hacía increíblemente feliz) y la verdad es que me encanta porque me conforta muchísimo hasta que tengo que repetirla por alguna situación y termino quejándome de la tonta sociedad.

En fin. 

Esto ha sido un montón de ideas aleatorias post-libro que me han dejado la cabeza loca. Los dejo con una frase que me animó después de deprimirme a horrores durante 200 páginas

“Te vas a sentir incómoda en tu nuevo mundo durante un tiempo. Siempre es extraño vernos fuera del lugar donde estábamos cómodos. Pero espero que también te sientas un poco dichosa (…) Hay anhelo en ti. Audacia (…) Te estoy pidiendo que vivas con osadía. Que seas exigente contigo misma. Que no te conformes.“ William Traynor, Yo antes de ti (Jojo Moyes)

A sí que si me disculpan, voy a hacerle caso a un personaje ficticio :)

PD: Todo esto fue producto de la ansiedad ¡Que bien se me dio escribirlo y soltar!

PD2: Siempre se va a temer a lo que se desconoce, por eso: salta. Y si tienes miedo, salta igual (No recuerdo dónde lo leí o si es un proverbio Chino/Japonés/Danés)

La canción del post: I hope you dance - Lee Ann Womack


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