16 oct. 2012

Escondidas

- La verdad ya estoy harta de que todos crean que estoy escondiendo algo – solté a penas lo vi en el pasillo, sin saludos ni introducciones, una acción que solo podía hacer con pocas personas. Él levantó la mirada del libro que estaba leyendo, me vio empapada y lo cerró.

- Es que no entiendo – continué después de lanzar mi bolso y sentarme a su lado – realmente no lo entiendo. Uno no puede venir arreglado, porque va a ver a alguien; uno no puede suspirar, debe estar pensando en alguien; uno no puede sonreír sin causa aparente, ya que evidentemente está relacionado con algo ¡Ni siquiera puedo escribir libremente porque ya me emparejan con cualquier personaje que invente! Al principio era divertido, claro, todos creen que sabes algo que en realidad no sabes, que no escondes nada, que no tienes necesidad de eso porque realmente no tienes nada que contar¿Y qué manía tienen con hacerme ojitos? Deberían creerme: esa parte de mi vida no es tan divertida.

                Él miró un rato, intimidándome un poco con sus ojos oscuros, luego sonrió tan rápido que apenas me percaté de que lo había hecho.
                - ¿Pretendes quitar toda la diversión que tiene construir hipótesis? Que importa que divagen, que importa que te digan o te miren, si solo tu, y solo tu, sabes.

                -Eso no le quita lo molesto.
                - ¿Acaso no escondes algo? – dijo.

                - Si, pero no sobre lo que ellos quieren saber.

                - Ah – guardó el libro en su bolso y se levantó – eso es lo que tú no sabes, pero lo que finges esconder.

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