31 dic. 2011

Sentido de pertenencia

Llega a su casa y deja su bolso en la mesa de la sala, a medida que camina se descalza los tacones de siete pulgadas que se puso esta mañana, lanza la camisa al suelo y la falda al lavandero; para cuando llega a su cuarto solo está en ropa interior, ese conjunto de encaje negro sobre seda celeste, se para frente al espejo. No está nada mal, es casi delgada, casi alta, casi morena oscura y casi pelinegra. Casi, porque eso siempre fue.

Se sienta en la cama y suspira, mira alrededor y por poco pareciera que no es su propia casa. No se extraña de eso, pues pocas veces fueron las que sintió que perteneció a un lugar. En el colegio mientras todos parecían tener grupos a donde llegar, con quienes hacer las actividades y quienes se preocupaban entre ellos, ella siempre fue intermitente, interactuando con todos pero nunca cómoda a su alrededor. En su casa, con aquellos a quien llamaba familia pero que nunca sintió como tal, pues cada quien vivía confinado en su mundo. Durante la Universidad, ese maravilloso espacio donde tienes la oportunidad de experimentar tanto contigo como con tu ambiente, pero que ella sintió tan extraño y monótono, donde solo veía pasillos y gente, pero nunca personas.

Después de que se graduó, pensó que todo sería diferente, que por fin pertenecería a ese lugar de trabajo, donde hacia lo que amaba y estaría con gente que lo ama también, que después de que comprara su casa y tuviese su carro propio todo iba a estar bien... Pero nada cambió.

Sigue vagando por las calles mirando borrones de gente, encontrando cosas que compartir pero nadie con quien hacerlo. Se siente sola, pero eso no le molesta, lo que la incómoda es no tener ese algo, ese lugar a donde puede llegar, esos brazos que sin importar el nivel de oscuridad siempre la abrazarán, ese sentimiento de pertenecer a algún lugar. Ella, con su amor por el cine, con su fe en el amor, con sus ganas de que la quieran, con sus libros no leídos, con su creencia en los mensajes que tienen todas las películas: que todos tenemos un lugar, con sus falsos encuentros y desencuentros, con su temor a no encontrarlo nunca, con sus ansias de ver su casa, un país, una ciudad, alguien y reconocer que allí sería el lugar donde la magia ocurriría, donde se sentiría en paz y no como la extraña que todos le hacen creer que es. Ese lugar que ella lucha por encontrar y llora por no hacerlo, pero siempre termina por soñarlo. Ella, con su búsqueda insaciable de ese sentimiento.

Mientras todos se preguntan: ¿Está mal eso que ella hace? ¿Está mal eso que ella anhela?. Yo lo único que formulo en mi mente es: ¿No es lo que queremos todos?

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