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4 abr 2014

También lo hago cuando no está.

Me tomas por la espalda de sorpresa, mi rostro se aquieta mientras cierras tus manos firmes sobre mi vientre y me preguntas por qué estoy sola en el balcón esperando por la luna. He prendido que esa es tu manera de preguntar si todo esta bien. Te contesto sin voltearme, adoro la sensación del calor de tu pecho desnudo contra mi espalda y la risa que se cuela en tu voz por las cosquillas que te hace mi cabello.

"Te tardaste mucho en llegar, de hecho, en algún momento llegué a pensar que te hallabas perdido o que simplemente no querías hacerlo" te digo exactamente mis pensamientos "Luego, un día gris de esos que me encantan, llegaste dando tumbos en la arena, sonriendo y hablando de la grandeza del mar y como purificaba tus pensamientos. Jamás pensé que encontraría a alguien tan importante junto al mar y luego no podía pensar en otro mejor lugar. La brisa cálida nos cobijó y fue como si la naturaleza supiera exactamente lo que pasaba. Fue como si nos dijera adiós ahora que estábamos juntos."

Me sujetas más fuerte entre tus brazos y recuestas tu cara en mi hombro, tus labios cercanos a mi cuello, no dices nada, pero no hace falta.

También estás agradecido.

La luna sale de su escondite entre las nubes y nos alumbra con todo su esplendor, está inmensa, naranja y pareciera que si estirara la mano pudiese tocarla; si fuera sido una noche diferente -de esas que existían antes de ti- sin duda lo hubiese intentado, buscando jugar de nuevo a perderme entre sus manchas, pero la dejado quieta donde está, para aquellos que si la necesitan. Intento recordar la época donde no disfrutaba del cielo junto a ti y cada vez se me hace más difícil hacerlo; no sé si es porque no quiero o porque así lo prefiero.

 No te resistes más y besas mi cuello, inmediatamente se me olvida por qué era tan importante estar en el balcón sin ti, cuando podía estar contigo. La luna vuelve a jugar detrás de las nubes y rápidamente lo recuerdo: me encanta alejarme de ti aunque sea un momento para extrañar la presencia de tu cuerpo, el ruido de tus pensamientos y el roce familiar de tus besos. Me alejo de ti para recordarme -recordarte, recordarnos- que hubo un tiempo donde no te tenía y luego me encanta volver a ti para que sepas que estoy agradecida, porque me haces igual de feliz que si viera la luna.

Entonces me doy cuenta de que no solo te recuerdo cuando hay luna: también lo hago cuando no está, porque todo me recuerda a ti y cada cosa me hace feliz.


22 may 2013

Hoy te extrañé.

Hoy fue uno de esos días donde voy cantando por la vida y para el mundo, donde no me importa si no pronuncio bien las palabras, si no me sé la canción e incluso sabiendo que desafino muchísimo. Uno de esos días donde le sonrío a los conductores que me dan paso y le hago muecas a los niños. Recordé como me veías los días que compartías conmigo y yo estaba así derrochando vida , decías que si así ibas a pasar la vida nada te molestaría, que aprenderías fotografía para capturar esos momentos y poder tenerlos contigo cuando yo no lo estuviera. Es que todos deberíamos vivir así, me dijiste una vez mientras bailaba un poco de ballet para ti en un parque, estabas asombrado viendo como todos me veían y nadie parecía notar que bailaba solo para ti, sonriendo porque siempre se puede, enamorado de cada instante, disfrutando de ti. No podía dejar de sonreír cuando me mirabas así, con esa mezcla de seriedad, felicidad, orgullo, deseo y ese algo que nunca pude descifrar, eso que nunca se aparta de tu mirada y que crecía cuando sabías que lo encontraba, eso que aun no tengo idea de que es pero que me encanta.

Hoy pasé por el parque que solíamos frecuentar, donde entre risas y columpios me confesaste que habías aprendido a volar, que desde que me habías conocido el cielo estaba más cerca, que cuando rozabas mis mejillas sentías la suavidad que debía tener una nube. Me senté en el columpio y le canté a los árboles que alguna vez nos vieron abrazados, le susurré al viento que tanto tu como él, podían ir y venir cuantas veces quisieran, le comenté a un par de iguanas que siempre les tuviste miedo y, a las bisagras chirriantes del juego, les expliqué que no volverías con un ramo de chocolates a sobornarme para que dejará el sube-y-baja y me fuera de tu mano. Y la gente nos miraba raro, como siempre, después de todo nadie se espera ver a un chico con un bouquet de chocolates rogándole a una chica que mantenga el alma de una niña, ni a una chica ya mayor aceptando solo si era él quien la acompañaría.

Hoy me vestí de tacones, vestido y maquillaje y no pude evitar recordar las caras que hacías, esas muestras entre dolor y placer: dolor por verme tan ajena a mi, placer por verme así, siempre tenías los comentarios correctos y me hacías reír tanto que tenía que retocarme mil veces el maquillaje. Y mil y un veces me hacías reír más. Y mil y un veces me decías que siempre regresara a ti. Y mil y un veces te respondí que algún día no sería así. Y reías, reías, reías, hasta que un día simplemente me sonreíste y me dijiste que sabías que era así. Que esperabas con ansias el día el que nos separáramos para unirnos de nuevo; que realmente nunca me iría porque de una u otra forma seguiría viva en ti siempre.

Hoy te extrañé, aunque no porque haya recordado todo esto, simplemente porque miré al cielo y me dieron ganas de volver a ver las nubes desde tus brazos y de volver a buscarles formas desde tus ojos. Te extrañé porque hizo frío y tu siempre buscabas mi abrazo para protegerte de él, teniendo una excusa para estar allí y dejarte consentir. Hoy te extrañé porque mi estómago cosquillo de esa manera tan peculiar que lo hacia siempre que sabía que te iba a ver, porque mis ojos se cerraron y olí mi perfume en tu piel. Te extrañé al atardecer y sonreí porque ya no te extraño de otra manera que no sea un momento, porque extrañándote te recuerdo y a la vez no lo hago, porque es ocasional y no hace daño.


Porque extrañarte hoy está bien.


28 feb 2013

Son ocho letras y un espacio

Tú, dos letras que se unen tan fácilmente pero que abarcan más de lo que muchos creen, un pronombre que hace referencia a alguien sin verdaderamente hacerlo, pues ¿Quién va a saber que significas tú sino yo? Yo que te he dado significado y te he llevado a ser tú. Tú, que te has empeñado tanto a ganar ese puesto, que te has ocupado en llenar un simple pronombre de puros sentimientos, de recuerdos, de ti.

Eres quien me despierta con un beso en la mañana, ese al cual dirijo mi últimas palabras por las noches, él que me roba sonrisas y se enoja por mis lágrimas. Eres la razón por la que cierro los ojos y aun así puedo ver el cielo. Eres amor, eres paciencia, eres todo lo que alguna vez quise y no me atreví a aceptar. Eres los besos que me das, eres tus silencios, eres mis secretos. Eres ese que siempre quiero ver, ese del cual no me canso.

¿Quién más sino tú? Quien se pasea por mis pensamientos a lo largo del día, quien con un abrazo pareciera decir no te vayas, con un susurro levantas sospechas, con unas palabras evitas peleas. Quien toma mi mano entre las suyas y me hace creer en los para siempre que dura cada segundo, quien está allí aun cuando quiero que nadie esté.

Últimamente me has hecho pensar de más, en todo lo que dije y me faltó por decir; en todo lo crees que callas y me dice tu mirada. Últimamente he pensado en que yo no planeé conocerte, no planeé que mis ojos se enamoraran de tu sonrisa ni que mi sonrisa se enamorara de tus palabras, no planeé que tus abrazos se quedaran en mi cuerpo mucho después de que te marcharas ni que tus besos se registraran uno a uno en mi  memoria, pero no cambiaría nada. Y estoy segura que no pude haber planeado algo mejor.

Inspiras paz en mi y a mi alrededor, me inspiras a pensar más, a recordar, a saber, a querer. Me inspiras los gestos más hermosos que nunca pensé, llevas a mis labios palabras que antes solo recitaba en novelas; creas nuevas historias para mí, aun cuando no sabes que lo haces.

Enseñas más de lo que crees y me hace gracia pensar que eres tan ajeno a ello, me enseñaste a respirar, a ser más atenta, me enseñas a diario que puedo ser más, que vas a estar allí cuando lo sea, que las apariencias nunca dicen todo y que a veces las palabras pueden decir nada. Me enseñas a no pensar tanto en el mañana, cuando hoy es tan perfecto. Me enseñaste que nunca me canso de aprender y lo raro que es que no lo haga.

Raro es que no nos hayamos dado cuenta antes -o que al menos yo no lo hubiese hecho- en que dejara pasar tanto tiempo, en que dijera tanto sin realmente decir nada, en que creyera moverme aun cuando sabía que no lo hacía. Raro es, que todo esto haya pasado como pasó, que ahora cuando veo mi sombra deseo que esté la tuya a su lado, que sonría inmediatamente al escuchar tu voz, que parece hacer más frío cuando no están tus abrazos para reconfortarme, que las horas pasan más lento si no estás junto a mí.

Orgullosa estoy de poder estar aquí hoy, de haber sido valiente, de que hayas sido valiente y de que podamos ser valientes juntos; de haberme cansado de susurrarle a la luna lo que significas para mí, de esconderme entre las letras que siempre reflejaron lo que sentía por ti y por habernos dado un espacio.

Un espacio que puedes hacer tuyo, un espacio que a veces hago mío. Pero, sobre todo, un espacio donde convergimos tu y yo para formar un nosotros; donde sabemos que nadie más entenderá que sucede aquí, un espacio mutuo solo para compartir...

A estas alturas no sé si te habrás dado cuenta, pero esto solo tiene una finalidad: si te fijas en la letra con la que comienza cada párrafo te darás cuenta de que hay mil maneras de decir lo mucho que te quiero. De que te quiero con cada una de sus letras, porque por separado describen mucho y juntas dicen más, pero aun así te quiero con cada una de ellas y lo que pueden explicar. Te quiero, aun cuando me dije mil veces que era mejor no hacerlo, te quiero por lo que puedes llegar a ser, pero mucho más por lo que eres, te quiero con mis contradicciones y tus diversiones, te quiero porque me haces sonreír, porque me haces feliz. Te quiero porque sabes que tu y yo somos de pocas palabras, pero nos entendemos y eso me encanta. Te quiero porque eres diferente y porque sabes la diferencia entre persona y gente. Te quiero por ser tú. Te quiero por quererme a mí. Te quiero. Te quiero. Te quiero.

¿Ya mencioné que te quiero? Porque no me canso de decirlo, ni tampoco me canso de hacerlo.

17 dic 2012

Recuérdame con olor a mar

Ven, dame tu mano y cierra los ojos. Ahora, respira ¿No sientes que el cielo está más azul? ¿Qué el sol se ha colado entre tu piel y calentó un poco más tu alma? ¿Qué eres un poquito más feliz? Si aun no lo ves así, cierra los ojos, suelta mi mano -déjame ir, necesito sentir la arena entre mis pies, que le cielo me enamoré un poquito más que ayer y verte desde lejos- e intenta de nuevo, estamos en un lugar de paz y necesito que me veas sin los ojos abiertos.

Acuéstate en la arena y no pienses en nada o piensa de más, en cualquier caso te servirá. Yo estaré jugando entre las olas, buscando recuerdos que la marea hace tiempo se llevó y que la espuma nunca olvidó. Y mientras estés mirando al cielo, cuestionándote si alguna vez te sentiste tan libre como cuando por primera vez volaste junto a mí sin despegar los pies del suelo, yo estaré sonriéndote desde las rocas sin importar que no me veas, escuchando del viento todas las canciones que algún día me susurraste.

Sigue paseando entre tus pensamientos, yo estaré ocupada contándole un secreto a cada grano de arena, con la promesa de que no estén aquí mañana y se los susurren a alguien más en otra playa. Quizás puedas dormir un rato más, soñar con otros atardeceres en la ciudad y con besos escondidos en la oscuridad; tranquilo, nada te va a pasar, yo estaré para recordarte tus sueños y para ayudarte a combatir tus pesadillas.

Y cuando estés sentado en la orilla,  intenta interpretar el rumor del mar como las caricias que aun no te he dado, que el susurro del viento te diga todas las palabras que ni a media voz te he mencionado. Sé que olvidas tus promesas al ritmo de las olas, que cambias de pensar como las corrientes de aire y que cuidas tus detalles como las perlas son cuidadas por las ostras, pero ¿Como me va a importar? Si en tus ojos veo las nubes del cielo inamobible, en tu cabello las olas del mar, mi fuerza y tu paz, tu paciencia y mis ganas de volar.

Asi que recuérdame con olor a mar, que yo recordaré tus abrazos tibios como la arena; tus besos con sabor a sal y la eterna espera de una playa que nunca se aleja.


No es que sin ti sea nadie, es que quiero ser alguien junto a ti

No sabes cuanto tiempo esperé por alguien como tu, por una persona que no le importara ser diferente, por alguien que le bastara solo su opinión para ser feliz. Ves cosas que la gente tiende a ignorar, capturas los detalles y los haces parte de ti ¿Como no me vas a encantar, si con cada destello de luz haces magia? Con cada saludo una sonrisa, con cada despedida un abrazo que pareciera decir "no te vayas", vas bailando por la vida con tu gracia de bailarina, callando pensamientos que crees no me interesan -pero lo hacen- sonríes ante las nimiedades y eres capaz de ser fuerte aun cuando no quieres continuar.

Siempre te encargas de hacer sentir especial a los demás ¿Pero quien te hace sentir especial a ti? ¿Quien te espera con sorpresas y recuerda eso que dices para que las personas no olviden? ¿Quien te abraza solo porque quiere, te acaricia solo porque lo desea? Siempre se sorprenden de tus gestos dulces, no se dan cuenta que en el fondo eres la ternura hecha persona, pero yo me he dado cuenta... Y quiero ser yo.

Quiero ser quien te abrace por la espalda tan fuerte que pienses nunca te dejaré ir, quiero besarte hasta que te duelan los labios y sientas que no puedas respirar, pero más aun quiero ser aquel que te robe el aliento con detalles y palabras, quiero recordar para ti y disfrutar cada recuerdo, no me importa todo el esfuerzo -sé que será un gran esfuerzo-, pero también sé que personas como tu siempre lo valoran, lo recompensan y hacen que valga la pena.

Porque te conozco y sé que haces tus berrinches de niña pequeña, que tu voz se pone aguda cuando te alteras, que hay pocas cosas que te molesten tanto como que seas la única que recuerdes las promesas, que tienes miedo de volar si no te toman de la mano, que tu lugar favorito es aquel que te ofrece todo y nada a la vez, que puedes ser ambivalente en como piensas y no te importa que la gente no te entienda, que te encantan los niños y odias peinar tu cabello, que lloras con casi cualquier cosa y con muchos libros y películas. Que te encanta que te escriban y te enamoras del cielo todos los días, que te gusta que las cosas tengan nombre y estén definidas, te gusta saber, pero amas aprender. Que te encantan las fotos y ver la luna junto a las estrellas, que el frío te fascina siempre que estés cubierta, que no entiendes por qué la gente huye de la lluvia, no lee y se arrepiente.

Y es que en tan poco tiempo me enseñaste que los domingos son para no bañarse y pasar el día en cama, que las almohadas merecen nombre y las cobijas buenas lavadas, que hay que amar el cielo azul, gris, con nubes y sin ellas, que si te gusta una canción puedes cantarla aunque no te sepas la letra, que todos queremos lo mismo pero tememos admitirlo. Que puedes vivir mejor con tus miedos si los compartes con alguien. Que arrepentirse nunca trae nada bueno y que siempre hay opciones para elegir, solo que no queremos verlas. Que no hay peor persona que quien te dice algo y finge olvidarlo solo porque era demasiado serio y pretende que lo tomes a la ligera. Que odiar las bromas que no entiendes no te hará entenderlas. Me enseñaste a respirar el mundo más que el aire, me enseñaste a sentir los recuerdos en la piel y a beber del sol en tus labios. Y es que ya no puedo mirar nada sin pensar en tu mirada.

Me encantas. Y adoro lo que has hecho conmigo, solo espero ser lo suficientemente valiente para decirte que ya no quiero ser tu amigo. 

Gracias.

16 oct 2012

Tu viste lo que nadie más vio


Aún recuerdo la primera vez que lo vi, su primera sonrisa, su primera palabra y el preciso momento donde me bautizaría para siempre. Yo estaba de pie, con los ojos cerrados intentando respirar aire puro en el corazón de la ciudad, entre los edificios gigantes que antes habían llamado mi atención. Era una mañana como cualquier otra cuando había dejado mi casa tan solo dos horas antes, tenía una bufanda gris porque el frío decembrino era algo que disfrutaba más si estaba cubierta, unos jeans que no me quedaban bien y una camisa que no había pensado en ponerme. Había ido a tomar fotos a la plaza Altamira – o plaza Francia, según la conozcas – cosa que había querido hacer desde que mi mudanza, luego vi la pequeña plaza Bélgica y seguí subiendo a ver si encontraba otra. Pero te encontré a ti.
Después de pasar el edificio Letonia y el Mc Donald’s, observé los edificios que quedaban frente a este y perdí el aliento. Era esa típica sensación de ser demasiado pequeña, de que el ingenio humano es maravilloso, de que el viento canta entre los edificios; dejé caer mi pequeña mochila en las escaleras que estaban al lado de El León y cerré los ojos, dejé que la ciudad vibrara a través de mí y creía que estaba en paz, como siempre había conseguido hacerlo… Hasta que escuché su voz.
- ¿De dónde eres, forastera? – abrí los ojos y dirigí mi cuerpo a donde venía la voz.
Había un chico sentado en una de las últimas mesas de El león, cercano a mí,parecía que había terminado de comer y que no tenía otra cosa que hacer sino sonreírme. Era una muy buena sonrisa, de esas que te hacen mirar dos veces y luego quedarte guindando de ellas hasta que el dueño la quita, era amplia, blanca y parecía esculpida, llegaba hasta sus ojos claros y los iluminaba, haciéndolos parecer más azules de lo que en realidad eran. Mi estómago se comprimió y mi cuerpo reaccionó exactamente como cuando me había montado en un avión por primera vez: mis sentidos estaban atentos, piel de gallina, labios entre abiertos de los cuales tendían palabas que nunca iban a ser dichas.
- ¿Cómo sabes que no soy de aquí? – quise agregar citadino, pero realmente me gusta que las palabras de digo signifiquen lo que significan. Y yo no sabía si lo era.
- En esta ciudad nadie nunca se detiene a mirar los edificios, muchos menos a dejar su mochila en algún lugar mientras cierra los ojos – observé que en su mesa estaba mi pequeño bolso marrón – pero, sobre todo, nadie disfruta de la brisa decembrina un sábado por la mañana.
- ¿Tiendes siempre a observar tanto?
- Solo cuando lo extraordinario salta a la vista.
Su voz era melodiosa, era de esas para las que siempre quieres tener una pregunta, pues lo único que quieres hacer es oírlo; realmente no importa de que hablen, sino el sonido de su voz danzando entre tus oídos, ver como se mueven sus labios llenos para formar las palabras, sentir el rose de su voz como si te estuviese tocando, aun cuando sabes que eso no es posible.
- Me gustaría que me devolvieras mi bolso, Sr. Extraordinario – sonrió ante ello y yo me di cuenta de lo mucho que había querido que sonriera de nuevo.
- Me gustaría comprarte un café, forastera.
Me acerqué a su mesa bajando los escalones donde había estado congelada, noté sus jeans desgastados y su camisa negra con detalles en dorado y el escudo de un equipo de fútbol que siempre me había gustado, sus zapatos relucientes estaban firmes a cada lado de la silla – sin hacer ese molesto repiqueteo que no tolero – y su cabello oscuro se hubiese movido con el viento si lo hubiese tenido más largo. Sonrió complacido al pensar que yo había aceptado, coloqué mis manos a cada lado de mi bolso y lo miré fijamente a los ojos.
- No acepto nada de extraños.
- No soy extraño, solo soy un chico normal que vino a desayunar fuera de su casa y se encontró con algo inusual.
- Le hablas a gente que no conoces, eso no puede ser normal.
- Alguna vez le hablaste por primera vez a tu mejor amiga, a tu peluquero, a tu perro, a tu…
Tomé la mochila y halé con fuerza, él tenía una manga tomada pero no esperaba la sorpresa; la acomodé en mi hombro y caminé en dirección a la plaza Altamira de nuevo, tuve la tentación de voltear y ver que hacía, pero algo me decía que si me volteaba estaba perdida; y aunque me detuve un momento, conseguí continuar caminado en dirección a donde fuera que me dirigía. Entonces tu voz volvió a invadir mis oídos y supe que nunca la olvidaría.
- La vida trata de que no te quedes con ganas de hacer nada, forastera.

Entonces volteé… Y ya no estabas.

Te respiro en la ciudad


Nunca sabes cuándo van a pasar las cosas, pero dicen que siempre tienes que estar preparado ¿Cómo te puedes preparar para algo que no tienes ni idea que va a pasar? Realmente nunca me había cuestionado semejante tontería, hasta que un día no estaba preparada y supe que debí estarlo.

                Era un día normal – siempre son días normales – tenía planes para comer con mis amigas y para regresar caminando a casa porque el clima se prestaba para ello; sin embargo, terminé corriendo por las calles de Caracas con tan solo medio almuerzo y la típica felicidad extraña que siempre me invade cuando te voy a ver.

Solo cuando estaba a mitad de camino me detuve a pensar… Entonces fui consciente de lo que antes, muy orgullosamente, había ignorado: me percaté de que había pasado todo el día haciendo diligencias y que probablemente el baño que había tomado en la mañana no era suficiente, que mi cabello estaba sucio porque esa mañana me había dado flojera lavarlo, que estaba sudada y sonrojada por la carrera, que llevaba la camisa de tu equipo favorito, pero que eso no bastaba. También sabía que contaba con poco tiempo, que en menos de cinco minutos ibas a dedicar toda tu atención a algo por más de una hora – algo que disfruto cuando no me distraigo contigo – y que no podía hacer mucho conmigo. Así que entré a un restaurante y até mi cabello en un moño alto, lavé mi cara y esperé a que el rubor se fuera, me tranquilicé un poco y terminé llegando tarde a nuestro encuentro.

Dicen que siempre hay que estar preparados, pero yo no entendía para qué; y realmente nunca lo sabrás hasta que te encuentres con alguien que te haga ser consciente de ti, de tu alrededor, de lo que sientes, de tus sonrisas – de sus sonrisas – de que importa muchísimo que seas la primera persona que te sonríe en el día, de que te vayas a dormir después de sus últimas palabras, de que el estómago se te hace un nudo cuando sabes que lo vas a ver, de que percibes todo más fuerte a su alrededor – como si tan solo estar cerca de él incrementara tu vitalidad – de que ves el mundo en sus ojos y no a través de ellos; ya que muchos pueden tener los ojos azules, pero solo con él te sientes en el cielo.

1 sept 2012

No más planes.

Las cosas nunca pasan como las planeas. Algunas veces todo resulta mejor, es una sorpresa placentera y estas agradecido de que todo haya pasado de esa manera, otras simplemente no son bienvenidas y te arrepientes una y otra vez de haber planeado algo. Yo no planeé conocerte, no planeé que mis ojos se enamoraran de tu sonrisa y ni que mi sonrisa se enamorara de tus palabras, no planeé que tus abrazos se quedaran en mi cuerpo mucho después de que te marcharas ni que tus besos se registraran uno a uno en mi memoria. Yo no planeé nada y sin embargo no cambiaría nada, porque me haces feliz.

Me haces muy feliz.

Soy feliz cuando me despierto en las mañanas y encuentro un mensaje tuyo de buenos días, cuando recuerdas que no me gusta mecerme en las hamacas porque me mareo, cuando recuerdas mis horarios y te encuentro en los pasillos, cuando dejas post-its para mi en los libros que te presto, cuando sonríes; soy muy feliz cuando sonríes, tu sonrisa es dadora de paz a mi mundo. Soy feliz con tus miradas misteriosas, cuando te pierdes mirando a la luna o al mar. O a los libros o en la música...

Nunca planeé que alguien me fuera a hacer tan feliz, sino no hubiese hecho otros planes. Jamás hubiese pensado que alguien podía hacer de mi estómago un nudo, que me hiciera sonrojar con solo la posibilidad de verlo, que me hiciera sonreír y agitar la cabeza como una loca cuando recuerdo algo acerca de él, que me hiciera pedir deseos en cada 11:11, que cambiara mis maneras y mi costumbres para acostumbrarme a las de él, que me hiciera temblar con un rose, que me hiciera soñar con besos en las mejillas más de lo que muchos han intentado con besos en los labios...

No planeé que ingresaras en mi vida y me hicieras empezar a vivir, que me hicieras pararme en la calle y gritar que quería libertad, que me hicieras sonreír hasta que mis mejillas duelen, que me hicieras abrazar a mi almohada deseando en secreto que fueras tu, que me hicieras revisar mi teléfono tantas veces al día esperando por una señal de tu vida.

No sé que planeas y eso me aterra, no sé si te sientes de la misma manera, no sé si te quedas despierto por las noches pensando en soñar conmigo, no sé si vez tu sombra y deseas que esté junto a la mía, no sé si quieres hacer algo o si realmente no... No sé si soy alguien para ti o no.

Las cosas nunca pasan como las planeas. Algunas veces todo resulta mejor, una sorpresa placentera: como  conocerte. Otras simplemente no son bienvenidas: como que yo piense todo esto de ti y no saber siquiera si tu piensas en mi.

28 ago 2012

Un par de recuerdos para llevar, por favor.

Siempre habrán situaciones que sirvan como punto de quiebre, que marquen un antes y un después, un pasado y un futuro; puedes elegir cualquier día, cualquier ocasión, cualquier momento, pero solo podrás hacerlo una vez que lo hayas vivido. Y en ese momento, mirarás hacía atrás y te darás cuenta de como todo ha cambiado, de como cambió la gente y como tú, que creíste siempre ser el mismo, también cambiaste.

Los cambios personales son los que menos se perciben, pues no puedes creer que cada circunstancia y situación que vivas día a día afectará tu carácter como persona -pero lo hace- siempre habrán ocasiones más importantes y que sean más definitorias que las demás, pero las pequeñas, esas que no notas, son las que más perdurarán. Ese día, que te dignes a preguntarle a tus allegados por qué han cambiado, asegúrate de haber revisado por qué cambiaste tu y no esperes una respuesta sensata de tu interlocutor, pues lo más probable es que, como tu hasta hace unos minutos, no se haya dado cuenta de que ha cambiado. Pero lo ha hecho.

Lo ha hecho y tú lo sabes, lo sientes, lo ves: cuando ordena las almohadas de manera distinta, cuando pide un par de cucharadas extra de azúcar con su café, cuando lee poesía antes de dormir, cuando sus temas de conversación se han desviado de cosas que realmente te interesan. De vez en cuando crees ver unos atisbos de esa persona que solía ser, solo para luego darte cuenta de que son solo restos sobre los cuales se ha construido algo más, migajas que se apilarán con las fotos perdidas, los momentos olvidados y los recuerdos deteriorados que solo permanecen en tu corazón, porque la otra persona no parece memorarlos de la misma manera en que lo haces tú.

Entonces te dices que lo mejor es que lo dejes ir, porque sabes que no quiere seguir allí contigo, lo vas a dejar ir porque sabes que necesita que lo hagas; e intentas alejarte -de verdad lo haces- pero esa persona está unida con fuego a tu alma, grabada con sangre en tu memoria, son muchos años, muchos recuerdos, muchos momentos que simplemente no puedas dejar atrás solo porque ya no es alguien con quien quisieras estar. Así que regresas y te interesas por como ordena las almohadas, aprendes a servirle su café con dos cucharadas extra de azúcar, le regalas libros de poesía para que piense en ti antes de dormir, le pides que te hable y te cuente de sus nuevos recuerdos, que te hable y te diga lo que ahora es, de su nueva forma de ver el mundo, le pides que te diga lo que siente y lo que vive a flor de piel; le pides todo eso con la esperanza de que vuelva a ser quien solía ser para ti, solo para luego darte cuenta de que esa persona no volverá y que quizás tengas que conocerla de nuevo para que vuelva a ser parte de tu vida.

Así que te preguntas cual es punto de todo, te preguntas que es lo verdaderamente importante ¿Convivir con alguien que ya no conoces, solo por costumbre? ¿Seguir intentando conocer esa nueva persona que cada vez te desagrada más y más? ¿Volver a alejarte, esta vez para nunca volver? Pero entonces lo ves salir del baño, secando su hermoso cabello oscuro con una toalla mientras ríe porque no te has movido ni un centímetro desde que se metió a bañar. Y allí, plasmada en su sonrisa, ves todas las respuestas por las que habías rogado y te das cuenta de que a pesar de que todo ha cambiado, nada lo ha hecho realmente, pues sigues amándolo con cada latido de tú corazón y por más que ambos cambien y se conviertan en seres horribles que no se soportan, eso nunca va a cambiar.

El cambio es lo único constante, mis queridos lectores, tenganlo siempre presente


"Pero entonces me di cuenta de que me estaba aferrando a algo que ya no existía. Que la persona que extrañaba ya no existía. La gente cambia. Las cosas que nos gustan y que no nos gustan cambian. Y pudiesemos desear durante todo el día que no fuera así, pero al final nunca resultaría."

5 ago 2012

El placer de bailar


"Tu respiración se acelera, tu estómago se alborota, lo sientes en tu corazón e incluso antes de que lo veas, sabes que siempre estará allí para ti… Al decir estas palabras, cualquier persona pensaría que estoy hablando de un enamorado, sin embargo: las bailarinas y los bailarines sabría que hablo del espectáculo, del ansia que invade el cuerpo antes de bailar, de la emoción y los escalofríos que te abordan al escuchar tu pieza sonar, esa presión en el estómago justo antes de salir y como todo se evapora una vez que estás bailando, ya que dejas de pensar y empiezas a sentir.
 
 
Llevo alrededor de seis años pasando por esto, por toda la preparación, el estrés, la dedicación, la devoción y el crecimiento que significa vivir para el espectáculo. Porque las bailarinas y los bailarines somos de los seres más dedicados y disciplinados que pueden existir, muchas veces cambiamos salidas por ensayos, regalos por zapatillas, noches de fiesta por una presentación, ropa de moda por vestuario. Pero no importa lo que tengamos que abandonar, pues el placer y la satisfacción que nos otorga el bailar y dar lo mejor de nosotros en el escenario es suficiente para hacernos felices. Nosotros creemos en el sentir las piezas, en el vivir las melodías, en que hay una interpretación y un sentido para cada momento que se experimenta en el escenario. Por supuesto, ninguna de nosotras hubiese llegado hoy aquí sin el apoyo de nuestras familias, que junto con nosotras han sacrificado fines de semana para que asistamos a los ensayos, que han vivido toda la preparación que conllevan las semanas previas al gran debut, que siempre nos ayudan y solventan cuando hay problemas de vestuario, que siempre están dispuestos a hacer lo necesario para que no nos falte nada y podamos bailar como todos los demás. Tampoco estuviésemos aquí sin la entrega y el amor de nuestras profesoras, ya que ellas son las que siempre están allí, presionando para que las cosas salgan bien, tratando de que cada quien destaque a su manera en la pieza que baile, formando pequeños talentos que algún día florecerán, animándonos a que no nos rindamos fácilmente, a que si las cosas no se dan hoy: mañana habrá una nueva oportunidad para intentarlo.  
El ballet, a pesar de lo que muchos digan, me ha hecho una persona plena, me ha permitido desarrollarme a nivel personal y profesional, me ha dado la dicha de compartir con personas hermosas y la oportunidad de aprender y de enseñar a cada una de ellas. El ballet está basado en la disciplina, en el esfuerzo continúo, en la dedicación, en aprender de los errores y ser mejor a partir de ellos, en convertir una agrupación en un solo ser. Más que vida, el ballet es una forma de vivir y como toda forma de vivir, no es para todos; así que los que hoy nos presentamos aquí, los ciento noventa y tres bailarines que conformamos las diecisiete coreografías que van a disfrutar, es porque realmente sentimos devoción por bailar, es porque a cuesta de sudor y dedicación hemos llegado aquí, es porque somos…"


Lo que acaban de leer fue algo que escribí y leí el día de la función de mi acto de ballet (28/07/2012) en el cual fui certificada como bailarina del ballet de La Victoria. Eso que escribí fue producto de los infinitos ensayos, de la constancia y de lo que siento cada vez que bailo.


Recuerdo que un amigo de la universidad, al enterarse de que era bailarina, me dijo que seguramente yo era una persona masoquista, que él no comprendía como las bailarinas, voluntariamente, ensayaban tantas horas, soportaban el dolor y las críticas, las dietas, la frustración y todo eso por lo cual pasábamos. Yo, tranquilamente, le respondí que podíamos manejar todo eso por la satisfacción, la libertad y el placer que nos otorga bailar, que donde el veía sangre en una zapatilla, nosotras veíamos el fruto de algún movimiento que al fin podíamos hacer, que donde el veía lágrimas de frustración, nosotras veíamos una razón para seguir intentándolo y hacerlo mejor, que donde el veía dietas, nosotras veíamos una manera de saltar más alto, de estilizar más la figura y lograr una mejor percepción visual de los movimientos. Con eso, conseguí que cerrara la boca y viera las cosas de manera distinta.

No digo que siempre sea así, que siempre seamos tan decididas y optimistas. Por supuesto que no, son muchos los días en los que provoca dejar todo, botar las zapatillas y más nunca asistir a un ensayo, pero hay algo que nos los impide, algo que nos hace aguantar y soportar todo el esfuerzo que debemos realizar... Es ese algo que está presente cuando nos llegan las zapatillas nuevas, ese algo que sentimos cuando escuchamos la pieza que vamos a bailar -mucho antes de montarle una coreografía-, algo que nos invade al hacer clase, al aprender un movimiento nuevo o cuando, por primera vez, vez esas preciosas zapatillas de puntas con las cuales has soñado desde siempre, con las que cuando llegaste al ballet y viste a las más grandes sabías que te quedarías y aprenderías a usarlas; eso que está cuando tocas el raso, cuando amarras las cintas en tus tobillos y sientes como se moldean a tus pies... Ese es placer único que está cuando vives todo eso: el amor por el ballet.


Este año, también tuve la oportunidad de darle clase a diferentes grupos en la academia, desde las pequeñas de 4 años hasta al grupo donde bailo; pero la experiencia más gratificante son las pequeñas: ya que ellas son como pequeñas esponjas, quieren aprender todo y todo lo que ven lo reflejan, las corriges y solo tienes que hacerlo una vez, porque todas quieren hacerlo bien para la "maestra" Son pequeños ángeles que bailan con cualquier canción, que se emocionan cuando ven Angelina Ballerina y son más felices aun cuando las dejas crear su propia coreografía con el juego del teatro.

Por todo lo que me ha aportado -y por lo que pude seguir enseñándome- el ballet es un arte que perdurará en mi vida. Y si bien no quiero ser bailarina profesional (seamos sinceros, ya estoy vieja para ello) me encanta poder participar en la formación de niñas que puedan llegar a hacerlo y no solo hablo de las pequeñas a las que les di clase por momentos, sino del grupo donde me encuentro, que si una de las cosas que le sobra es talento y dedicación.


29 oct 2011

Si piensas que me conoces... Piensas mal.

Hace tiempo me dijeron que era inteligente y me encontré a mi misma definiendo la inteligencia ¿Que es? No es más que la capacidad de.
Mi mente funciona de la manera diferente, es como una gran telaraña donde todo está conectado de la manera más bizarra.
Hablo spanglish y me gusta pensar en francés - lo poco que sé.
Me gusta que la gente que quiero me abrace fuerte (como si no me fuera a soltar) y a los que no quiero ni siquiera quiero que lo intenten.
Cuando era pequeña creía que solo veías los colores que tenía tu iris, así que le pregunté a mi novio de ojos verdes de que color veía las hojas de los árboles.
Me encantan los aeropuertos, marcan finales y nuevos comienzos, aventuras, huidas y partidas...
Me encantan los ojos grandes porque puedes jugar con ellos, te reflejan a la perfección y puedes ver como estás mintiendo.
A veces pienso que los abrazos son más íntimos que los besos, solo por eso los prefiero.
Pienso que la tecnología fue lo peor que nos pudo pasar; por más que nos acerca, termina alejándonos más.
Me gustan los niños porque dicen la verdad, y los viejitos porque tienen muchas historias que contar.
Amo caminar bajo la lluvia y creo en las palabras.
Una canción puede muchas veces decir todo lo que tu no puedes.
La mayoría de lo que digo, lo digo con el corazón. El otro 5% finjo no decirlo con él.
Me gusta que me lleven la contraria, pero que me dejen ganar.
Me sonrojo con facilidad y no me gustan los videojuegos.
Siento que aun no pertenezco a ningún lugar y mirar el cielo me causa placer.
Pudiese vivir de comer, dormir, viajar y escribir.
No creo en las ataduras y me aferro con fervor a las cosas.
Soy tan sensible que parezco no sentir.
Creo en las promesas y cumplo las mías.
Siempre quise saber tocar un instrumento y como batir las pestañas.
Me gustan las películas y libros del siglo XVIII/XIX.
Aun creo que recibir una carta me derrumbará el corazón.
Me gustan los días nublados y que llueva por las noches.
No me gusta llorar, pero de vez en cuando lo hago para aliviar.
No soy de las que olvidan palabras o promesas, soy más de las que dicen las cosas directas.
Soy pequeña, flaquita y me gusta que me consientan como a una niña.
Creo que las fotos son momentos que quisiste guardar y que la mayoría congelan la felicidad.
Creo en el amor y en que no lo voy a encontrar. Espero que el me encuentre a mi por qué no sé donde buscar.
Pienso que no eres consciente de cuanto necesitas algo hasta que ya no lo tienes.
Me dan miedo las fiestas y me encantan los conciertos, la gente unida por un mismo sentimiento.
Me gusta tanto bailar porque me olvido de lo demás.
Creo en tantas cosas que a veces veo mi inocencia reflejada en el espejo. Son mis días felices.
Lloro con películas y libros de amor.
Solía ver pokemon y lloré porque Pikachu no cambió.
Me busca descubrir como reacciona el cuerpo humano solo por curiosidad, no es mi intención que pienses que quiero algo más.
Nunca me faltan las palabras, si no las digo es porque estoy segura que las quieres oír.
Quiero conocer los rincones más pequeños del mundo y pasear por los más grandes.
Nunca estoy tan emocionada como cuando voy a subir a un avión o al escenario.
Soy intimidante y dominante hasta que alguien se da cuenta que es un mecanismo de defensa.
Después de eso, me empiezan a caer bien.
Quiero que las personas vean más allá de sus narices y por eso me decepciono tanto.
Quiero que oigas lo que mis labios no dicen y que entre mis letras se confunde.
Pienso que sonreír me hace más bonita y que soy la única que lo cree así.
En general soy feliz, pero uno no vive de generalizaciones.
Me gustan los vestidos y tacones, me hacen sentir niña.
Pero amo el fútbol y la formula 1, lo siento.
Lo siento no significa siempre perdón.
Me gustan los nuevos momentos y los viejos recuerdos.
Mis amigos están marcados con fuego en mi corazón.
Detalles pequeños, sentimientos grandes.
Charlar hasta el amanecer y ver como la luna se esconde.
Las veces que pienso que soy loveless  y que me fascinan los animales extraños.
Un día leí un libro y quise ser infinita.
Con las despedidas se me va un pedacito de mi corazón.
Extraño a un amigo al cual nunca le pude decir adiós.
Las personas confían en mi y están orgullosos de mi. Yo no tanto.
Me gusta que la gente me mire raro, eso significa que si soy tan diferente como pienso.
Me emborracho con estupideces y me drogo con felicidad.
Si me ven comportándome como una niña pequeña es porque estoy tan feliz que no lo puedo controlar.
Portarme mal me causa gracia y no le veo la maldad de la que todos hablan.
Me gusta ver que los demás están vivos - y si no sabes a lo que me refiero no quiero que preguntes.
Yo si entiendo eso de ser feliz viendo a alguien más.
No creo que los celos sean la presencia del amor, sino la falta de confianza.
El dolor, la tristeza y la soledad, no son malas: son partes de la realidad que te hacen quien eres.
A veces me pongo tan filosófica que me gustaría ponerle pausa a mis pensamientos.
Solo me he encontrado con chicos buenos a los cuales siempre les busco peros.
Cuando me dijeron que los colores no existen mi mundo se detuvo.
Quisiera vivir en un país donde pudiese sacar una cámara para fotografiar cada esquina.
A veces soy tan romántica que me provoca golpearme. Otras, no lo soy e igual quiero hacerlo.
Guardo cosas que para la gente es basura, pero para mi son recuerdos y me hacen sonreír.
Antes quería un caballero, pero no soporté que me abrieran las puertas.
Cuando me molesto es normal que no entiendas por qué.
No creo que una operación plástica me vaya a hacer feliz o que vaya a "encontrar" el amor por mi.
Me considero una escritora, pero se que de corazón solo soy lectora.
Me gusta respirar hondo y cerrar los ojos mientras sonrío.
Tu vida comienza cuando comes el primer trozo de chocolate.
Intento olvidar que un conjunto de neurotransmisores son los que conforman el amor.
Me gusta que las personas se acuerden de mi, es raro que yo las olvide.
Muero por detalles sencillos y me aburren los comunes.
Tiendo a repetir las cosas porque creo que son importantes, no porque se me olvide.
Soy tan valiente que sé lo que me da miedo.

Soy malcriada, consentida y bastante terca, y espero sepas que no puedes hacer nada al respecto.

22 jul 2011

A veces lo recuerdo

A veces aun lo recuerdo, mirándome con esos ojos claros mientras yo escribía un verso, con su cabello desordenado mientras se levantaba de la cama, con su sonrisa perfecta cuando me veía llegar. Siempre lo recuerdo ¿A quién pretendo engañar? Él no sabe que estas palabras son para él, ni siquiera tu que las lees sabes para quien son ¿Acaso no es eso lo divertido de ser escritor? Crear mundos alternos, personajes distintos y complejos pero que sin embargo encajan perfecto en la rutina de otro ser inventado, dejar al lector con la duda de si lo que leyó pasó en realidad o es solo otra historia fruto de la imaginación de una persona que disfruta al escribir. Pero sé que él lo sabe, siempre lo sabe.


 Leo los libros que me dio, una y otra vez, pensando en lo bien que me conoce, en las veces que compró el mismo ejemplar dos veces para leer junto a mi, recitar los diálogos que me encantan como si él mismo los hubiese escrito. Conmemoro las veces que vimos las películas que yo elegía, muchas veces de comiquitas, y como él nunca se durmió, las miles de veces que pasamos tendidos en cualquier lugar natural, solo con la compañía del otro y testigos que no pueden hablar. Nos recuerdo tirados en mi cama, mi cabeza sobre su vientre rígido que se agitaba con las risas que proseguían después de que le contara mi día. Las veces que lo encontré mirándome sin ninguna razón, como siempre respondía que le gustaba admirarme cuando no me daba cuenta, cuando encontraba en mi mirada ese amor que profesaba por él incluso cuando no era objeto de mi atención.

Cuantos atardeceres, cuantos amaneceres, cuantas fotos, cuantos momentos, cuantos recuerdos. Cada uno de ellos marcado sobre mi piel, cada uno de ellos eternos en mi memoria, cada uno de ellos revivido noche a noche entre mis sueños, cada uno de ellos definiendo mi alma.

¿Cómo olvidar sus besos, si después del primero sentí que nunca antes había besado? ¿Cómo olvidar sus caricias, si son decididas pero tan delicadas como si tratara con una pieza de porcelana?

Tantas palabras no dichas, pero entendidas. Tantos sentimientos no expresados, pero sentidos. Tantos abrazos no al cuerpo, sino al alma.

Si, a veces lo recuerdo; solo para luego recordar que ya no está.

10 abr 2011

El labial rojo

Hoy te veré y sonrío con solo pensarlo.

Camino a nuestro encuentro y voy repasando mi atuendo.

Me puse el vestido negro, ese vestido de seda que dices cae como cascada desde mi cuello hasta mis muslos y enmarca lo más bajo de mi espalda con esa fina tela, como si nunca terminara; como si fuera una continuación de mi cuerpo. Ese vestido que dijiste tenía mi nombre escrito en el, que con tan solo verlo, supiste que me quedaría perfecto, ese que te encanta. Aquel que amas quitarme, y yo disfruto ponerme.

Me perfumé un poco, para que mi esencia natural sea la que se mezcle con la tuya, para que los perfumes sean solo un adorno en nuestro encuentro. Ese aroma dulzón que me compré para ti y ese olor a hombre que me hace delirar pasarán a segundo plano después de los saludos, después de ese primer beso casto que roce mis labios...

Llevo tacones de once pulgadas, para ser tan alta como tu y llegar fácilmente a tus labios, a tu cabello, a tu rostro... Son rojos, contrastando con las pulseras y la tobillera plateadas que caen como cadenas libres sobre mis muñecas y tobillo. Llevo un dije con tu inicial en mi cuello, sobre una cadena de plata, para que todos vean que tengo dueño, que pertenezco a ti; no porque te de placer de verme esa cadena puesta, sino por lo bien que se siente cuando la llevo. Por lo protegida que me siento cuando la llevo.

Mis rizos pelirrojos van sueltos y peleando contra el viento que los quiere enredar, mantenerlos atados en un solo lugar. Enmarqué mis ojos negros con lápiz del mismo color y mis mejillas están sonrojadas. Tomé el lápiz  labial que me regaló mi mamá, ese que me dijo que usara cuando me sintiera lo suficientemente mujer. Es rojo como la sangre, cremoso como el helado y brillante como un gloss, me pinté los labios con el para ver el camino que mis labios harán en tu cuerpo; planeo besarte en los labios y fingir que quito la pintura de ellos, para que todos vean que estás conmigo, que tus ojos marrones son solo míos, que tu cabello negro me pertenece a mi. Que eres tan mío como yo soy tuya.

Besaré tu piel nívea poco a poco, con cuidado y lentitud, dejaré que mis labios planten su forma en ti y disfrutaré de ver el desastre rojo sobre el blanco de tu piel. Trazaré un camino y lo recorreré mil veces, exploraré tu cuerpo con mis labios y dejaré estragos para saber donde he estado. No permitiré que te niegues, ni que hagas nada para evitarlo; estarás en mis manos y por última vez me sentiré morir en tus brazos mientras me dices te amo.

Llegué al lugar esperado y me tambaleo nerviosa mientras busco tu figura entre la gente. Como si fuera Moises y el mar rojo, la gente se abre para mi y vislumbro tu figura. Vestido de blanco y sonriendo caminas hacía mi, cruzas tus brazos en mi cintura y me atraes hacía ti. Sonrió y se que mis planes se harán realidad. Uno a uno.

Tus labios, los míos
Un beso, un regreso
Un labial, una fantasía hecha realidad.


Esta historia no pasó, pero pasará.

Si, esos son mis labios.

18 feb 2011

Explicándole a James

No eres el agua
Eres la sed
Fuiste mi llanto
Ya no tanto
Sueles salir por la puerta de atrás
Sino recibes más de lo que das
Eres mi mal, eres mi herida
Mi dulce recaída

Escucho sonar esa canción en la radio y sacudo mi cabeza, aun en la oscuridad de mi patio de atrás, viendo la luna brillando como un sol por encima del mar no puedo dejar de pensar en nuestro encuentro matutino.

Nuestro.

Que fácil fue volver a incluirte en una oración, caer en tus redes; bastó con un vistazo, un par de palabras para que rondaras en mi mente todo el día, amenazando con atacar y saltar de nuevo ante mí. Escucho una puerta crujir tras de mi y el viento juega en mi contra. Su perfume llega a mis sentidos antes de que siquiera pueda voltear, pero es su aroma natural lo que realmente me abruma; es como la madera de pino, el pan recién horneado o el hogar. Un olor que te cautiva y con el que te sientes cómodo. Es mi conexión con mi tierra natal a pesar de que nunca estuvo ahí. Tan lejos de casa estoy que es lo único con lo que me siento realmente conectada, como si regresara a ese lugar que hace tanto no visito. Me volteo y te veo a la distancia gracias a la luz que me ofrece mi sol nocturno. Estás recostado del marco de la puerta que da hacia donde estoy, con los tobillos cruzados y los brazos a los costados, vistiendo un mono azul marino que usas para correr y nada más que eso. Aunque estás en la oscuridad, casi puedo recrear tu abdomen duro como piedra y tu pecho liso como seda. Suspiro y sonrió para ti, sabiendo que no puedes verme porque la luz juega en mi contra.

Comienzas a caminar con las manos en los bolsillos, tu postura corporal no me dice nada fuera de lo común, pero tu expresión solo muestra preocupación. Tus ojos azules están oscurecidos y hacen juego con el cielo de medianoche que está sobre nosotros, tu rubio cabello suelto ondea a voluntad del viento y yo no puedo pensar en lo feliz que me haces, en lo mucho que te preocupas por mi y yo por ti, en como desde el momento que llegaste a mi vida, todo cambió, en como te colaste en mi corazón.

- Esta noche, siento envidia de la luna por tener toda tu atención – tu voz ronronea e inunda mis sentidos. Me hace suspirar, dentro de mi, sé que cada día te quiero más – Ya quisiera yo que me miraras con tanta devoción.

Terminas de acercarte a la piedra en la que me encuentro, apagas la radio y te sientas a mi lado. Como en un principio de nuestra relación, levanto mis manos y con ellas rodeo tu cara, me acerco suave y lentamente hasta apoyar mis labios en los tuyos para darte un casto beso. Te siento sonreír contra mis labios.

- Jamás miraría a la luna como te miro a ti, – me disculpó mirándote a esos ojos azules que me conocen tan bien, los cuales ahora son iluminados por la luna – Es solo que… No pude evitarlo, hay tanta paz – me volteo para encarar al mar y este me compensa con una brisa helada que coloca el cabello largo de James sobre el mío propio y los manda a mi rostro, dejándome ciega por un momento.

- Lo sé. Es una de las cosas que amo de nuestra casa – suavemente desenreda la maraña de pelos y pone su quijada en mi hombro derecho - ¿Pensabas en el día de hoy?

- Si – no le pude mentir, a él no le miento.

- Me encontré a Balthazar mientras almorzabas con Brenda. Está de vuelta en la ciudad.

Al oír su nombre cierro los ojos con pesar, recreo la escena de esta mañana y hasta un poco más. Retrocedo a ese verano que llegué a la Universidad y a esta ciudad. No era más que un capullo con sueños que hacer realidad; dos meses después un chico casi me lleva por delante con su BMW negro mientras iba en mi bicicleta a mi residencia. El extraño se baja y me ayuda a levantarme, a pesar de estar aturdida logro ver su cabello lacio del mismo color del mío, ojos gris platino que muestran inseguridad y preocupación, facciones de cara encantadora y una altura que envidiar “¿Estás bien? Lo siento” lo oigo susurrar, pero mis labios no producen palabra y lo llego a preocupar.

El chico, Balthazar, me visita por semanas usando la excusa de la culpa. Comenzamos a hablar y luego a salir, antes de siquiera el primer beso me lleva con sus amigos, un rubio tímido de ojos claros me mira desde el otro lado de la habitación y captura mi atención. Después de cordialidades me quedo sola y el rubio se acerca a mi, con una sonrisa tímida en los labios y con determinación en su mirada se presenta: James. Debo mirar hacia arriba para encontrarme con sus ojos, en lo que fue un susurro logro responder Sophia. Y eso fue todo lo que necesitó.

- Me lo encontré cuando bajé a buscar los papeles que te comenté – salgo de mi ensoñación y siento a James tensarse a mi espalda – él me saludó y luego no lo vi más.

- ¿Estás bien? – iba con cuidado. Chico listo.

- No lo sé.

- Sophia – pone sus manos en mis hombros, como si fuera a darme un masaje y me habla al oído – Sabes que me puedes decir todo, ¿Verdad?

- Lo sé James, confío en ti.

- Y yo en ti – Baja sus brazos por mi costado y acuna mi vientre, su barbilla regresa a mi hombro y me recuesto contra él. Después de un momento, habla de nuevo – Así que eso era lo que te pasaba hoy, cuando casi lloras.

- Si – pongo mis brazos sobre los de él – no pensé que regresaría nunca. Él dijo que no lo haría.

- ¿Aun le crees?

- No – ni siquiera lo pensé – pero guardaba la esperanza de que cumpliera su palabra.

- No quiero verte sufrir de nuevo – vacila unos segundos y luego confiesa – Hay noches en las que te oigo llorar, días en los que estás ida y no te puedo hacer regresar. A veces no sé si esto es lo que quieres, lo que necesitas.

- Jamie –me siento en su regazo y lo veo desde abajo, delicadamente pongo su cabello detrás de sus orejas y me encuentro con sus ojos de cielo oscuros como nubes de tormenta – Jamás dudes de ello, lo que pasó con Balthazar solo sirvió para ver que era realmente lo que quería. Lo que quiero. Lo que necesito.

En ese momento de silencio mis recuerdos se vuelven un tormento. Regreso a la noche donde conocí a James y entablé una amistad con él. Era un chico tierno, tímido y muy inteligente; todo lo contrario a Balthazar, rebelde, astuto y lo que se define como un chico malo. Él esta feliz de que me lleve bien con uno de sus amigos y yo estoy contenta de tener a alguien como James que me escuche. A los pocos meses de nuestra relación, Balthy – como solía decirle – empieza a cambiar, a buscar otros… Caminos para su felicidad, intento conversar con él, pues de verdad lo quería y solo consigo salir lastimada. Despreciada.

La noche helada en que descubro la verdad, salgo a la intemperie en la oscuridad. No lo soporté más. Te dejo una nota en su refrigerador diciendo:

Los labios que mienten a mi alrededor, son los mismso labios que usas mientras me llamas amor.

Sonrío para mi sabiendo que no entenderá y me marcho sin pensar. No se a donde ir y su traición es la marca de mi pesar. No veo las calles por las que transito y las lágrimas no pueden ayudar. En una esquina encuentro a James y, sin dudar, comienzo en sus brazos a llorar.

- Cariño – Mi nuevo amor me hace regresar, con uno de sus finos dedos me quita una lágrima inocua que cae por mi mejilla. Cierro los ojos y sonrío tiernamente.

- Solo recordaba el día que estuviste para mi, los buenos momentos que siguieron a eso y como, desde entonces, no te has separado de mi lado. No pudiera ser tan feliz sin estar a tu lado, James. Así que por favor, por favor, nunca dudes de ello

Sonríes de esa manera tan sublime e inocente que me hace suspirar, me acercó más a tus labios y en un último rose de labios logro articular:

- No debes preocuparte por Balthazar, es una parte de mi pasado que no va a regresar.

Digo las palabras confiando en que sean la verdad. Has regresado, es cierto. Pero no permitiré que lo dañes todo otra vez. Que me dañes otra vez. Y se que puedo lograrlo…

Sin tengo a James a mi lado.

PD2: La canción es Flor de fuego de Caramelos de Cianuro

3 feb 2011

Pensando en ti

Siempre es bueno recordar las razones por las cuales queremos, siempre es bueno ver más allá de sus increíbles ojos azules, profundos como la medianoche, de sus rizos negros que caen como seda sobre su cuerpo y de su fina piel que rara vez se ruboriza. El lindo recordar que más allá de la lujuria y lo físico hay algo aun más íntimo que los une. Son las charlas al amanecer, la manera en la que te hace reír, esa forma en que lo ves mientras se acerca a ti con un boceto de sonrisa. Son las dulces palabras que siempre tiene para ti, es el hecho de que vea tus defectos como virtudes o que simplemente los acepte. Es saber lo que piensa con solo mirarlo, que, como a un libro, puedes leer sus expresiones y lo que hay detrás de ellas. Es sentir en un beso casto mas de lo que sientes en un beso francés, es que te conozca tan bien como para saber que comida pedirás, es que sepa cuando tiene que alejarse para tu comodidad.

Es pelear para luego reconciliarse, es tener paciencia y esperar si es necesario. Es confianza. Es aceptar al otro y no tratar de cambiarlo, sino quererlo por lo que es y por lo que puede llegar a ser por si mismo. Es que te susurre Te Amo más que con sus labios, con su corazón, es la cercanía que existe más allá de sus cuerpos, sino en sus almas. Es la seguridad que ofrece su presencia, son los pequeños sacrificios que haces por sus gustos solo para pasar más tiempo con él. Es que solo el sonido de su voz te ponga los pelos de punta y que con solo verlo recuerdes esa primera vez que te miró con desdén. Es saber que aunque pase el tiempo no te aburrirás de él, que a pesar de lo mucho que lo conoces, siempre queda más para conocer. Son las sorpresas y los detalles, es ver que sus defectos solo lo hacen más bello. Es querer no dejarlo ir y a la vez dejarlo marcharse solo para decirle Te extrañé, no me hagas esto de nuevo. Es un susurro de sus labios, el toque sublime sus manos y esa manera tan especial de decir Te amo.

25 ene 2011

15/01/2011 - Van dos y me cuesta contar

Hola tú, a quién le escribo cada año sin falta, a quién con una palabra invoco, a quién extraño como ha nadie he extrañado; quiero decirte que todo está muy bien, que mucho ha cambiado, pero sobretodo quiero que sepas que no te he olvidado. Cada año esta fecha es importante para mi, sin embargo cada año no puedo llegar a aquel lugar que el destino preparó para nosotros, no porque no quiera, sino porque razones externas no me lo permiten. Quizás eso este bien, quizás ver ese lugar el día en que te vi allí solo sea una tortura más, pero lo quiero intentar. Si al menos me dejaran. 

Este año que pasó no te recordé tanto como el anterior, tuve mis momentos y tu no fuiste parte de ninguno de ellos. Me dolió. Pero entendí que no puedo hacer nada, que puedo recordar cada detalle de tu mirada, pero no tu cara, que puedo recordar esa hermosa sonrisa, pero no se nada de tu vida. Desde aquel día el amor, para mi, tiene un nuevo color: Azul. Azul como el cielo y azul como el agua, pero más que nada por el azul de tu mirada. Si piensas que las palabras dicen mucho, tienes que ver lo mucho más que dicen las miradas. Lo que me dijo tu mirada. Es lo que recuerdo cuando estoy triste, es lo que me hace sonreír en las noches cuando pienso en algo para dormir, es el recuerdo de tu mirada lo que me hace creer en el amor. Pero al fin y al cabo, solo es eso: un recuerdo, más allá de que tu mirada signifique esperanza, es un recuerdo.

Un recuerdo que me endulza el alma y me desgarra el corazón, un recuerdo que se hizo borroso pero que no se olvida. El recuerdo de un momento mortal que se volvió inmortal. No tienes idea de lo doloroso que ha sido intentar recordar tu cara y no poder, de lo mucho que quiero ver tus facciones y no encontrarlas en ningún lugar. Tu recuerdo deteriorado me persigue, ofreciéndome felicidad y dolor, felicidad porque, después de todo, eres tu y dolor por no ser tu. Escribí el último suspiro de tus labios en mi piel para no olvidarlo, dibujé el marco de tu sonrisa sobre la mía para que disfrutes mis alegrías, enmarqué tu sonrisa en un cuadro para admirarla todo el día y hubiese atesorado tu vida si la hubieses compartido con la mía.

Yo sola me creé esta historia, no lo voy a negar, y se que sola debo salir, pero como hacerlo si al intentarlo siento dejar una parte de mi atrás? Como hacerlo, si cada vez que miro al cielo pienso en ti como en nadie más? Como hacerlo... Si aun siento la esperanza de encontrarte de nuevo? No soy más que una ilusa enamoradiza que una vez creyó ver a su príncipe azul, no soy más que una chica esperando por la flecha de cupido y una casualidad del destino, no soy más que alguien que extraña a una persona que nunca conoció.

No hace tanto, en un blog [[A través de las palabras]] leí: Sólo recordamos lo que nunca sucedióy pensé en ti, pensé en como te vi en aquel día invernal, en como me miraste y en como reaccioné ante tu sonrisa. Pensé que por más que te haya visto ese día, nada de lo que pasó fue real. Solo fueron dos adolescentes aleatorios sonriéndose y jugando a una historia de amor inventada por la chica ingenua que lo vio. Pensé en ti y en lo que nunca pasó.

Estos días que recopilé y publiqué todo lo que escribí para ti me di cuenta que soy más cursi de lo que pretendo admitir, que soy dramática y sentimental con este tema como nunca consideré llegar a serlo, que puedo escribir cosas como "Si fueras una melodía la tararearía todo el día" y sentirme maravillosa mientras lo escribo porque se que es para ti. Hoy me pongo a pensar que quizás esto es lo que quedará, que solo tu imagen será mi musa y nada más pasará. Que solo tu recuerdo es objeto de mis letras no pronunciadas y no tiene nada que ver con mi corazón. Que la pantalla de cariño que creo sentir es solo una fachada para dejarme vivir.

Te extraño Ángel. Te extraño más de lo que digo y más de lo que te pienso. Te extraño tanto que bloqueó tu recuerdo. Te extraño tanto que me cuesta respirar cuando veo el cielo.

Van dos años y me cuesta contar,
De mis sueños escapas
Y no lo puedo evitar.
Veo tu recuerdo marchar
Y no puedo hacerlo quedar,
Porque ya no sé si a tu lado quiero estar.

Aunque una cosa es segura, no lo voy a negar,
Mi alma te añora y mi corazón no quiere olvidar.
Esos ojos de cielo con los me quisiste mirar,
Esa sonrisa de ángel, que mi destino ha de sellar,
Forman parte de un recuerdo, que no sucede más
Ese recuerdo perfecto, que solo yo he de amar.

Un placer escribir para ti, mi niño, nos vemos en un año.
PD: Todo es mio menos la frase en blanco, ahí dejé el link del blog del que la saqué