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6 feb 2017

Nunca te vas del todo.

Me pregunto si alguna vez dejaremos de amar a las personas que en determinado momento de nuestra vida nos hicieron sentir de esa manera. Me pregunto, si aun después que se hayan ido, de que hayas conseguido paz con su partida y que realmente tengas el asunto superado, podrás ser capaz de no amarlos.

Me parece tan lógico como ilógico dejar de hacerlo.

Es algo en lo que he estado pensando, sobre como todo con lo que interactúamos tiene un impacto en nosotros y si eso es para las simples cosas que se cruzan en nuestra vida ¿Cuán grande es el efecto de esas personas que no solo aparecieron, sino que formaron parte de nosotros por tanto tiempo que te sientes un poco perdido cuando dejas de estar sin ellos?

Ni siquiera es cuestión de perder el sentido de ti por estar con alguien más, sino más bien la persona en la que te conviertes con los aportes de los seres significantes en tu vida. Son personas que te hacen replantearte tu realidad y tus sueños, que te muestran cosas que no conocías, que te hacen pensar y esforzarte más, te invitan y te hacen participe de su mundo. Los conoces un día y simplemente están ahí, pero con el tiempo, las conversaciones y los momentos, llegas a un punto en que no recuerdas cómo era la vida sin ellos. Y tampoco te importa, estás feliz tal como estás, con el mundo de cabeza, descubriendo partes de ti que no sabías que estaban ahí y enorgulleciéndote de las que trajeron a una persona tan genial a tu lado.

Pero entonces ocurre algo, algo impensable o que no habías considerado porque era demasiado absurdo, algo que no necesariamente es malo para ninguno de los dos, pero que igual trae su separación.

Y sufres. Porque la ruptura de un hábito siempre trae sufrimiento y si estamos hablando de personas es incluso más difícil, de repente no tienes con quién compartir los momentos más nulos de tu día, que comiste en el almuerzo o si viste una nube con forma de la estrella de la muerte; si estás feliz porque al fin quitaron una película del cine o si estás molesta porque se te olvidó comprar algo que era la única razón por la que saliste. O bueno, quizás si tengas con quién hacerlo, pero no es con quién quieres.

De alguna manera el tiempo consigue pasar; te das cuenta que no, realmente no te vas a morir sin ese pedacito de tu vida que ya no está, consigues nuevas personas, vives otras aventuras y sin siquiera pensarlo regresas a tu cotidianidad con todas las cosas que aprendiste de alguien, sin ese alguien. Incluso puede que ni te duela recordar que eso que tanto te gusta ahora es porque alguien te lo mostró un día y con el tiempo llegaste a amarlo.

La vida es buena, si algo siempre hace es seguir adelante sin importarle nada de lo que nos importa a nosotros y evolucionamos, maduramos y nos transformamos. Hasta que un día algo nos cruza la mente: un olor, una foto, una frase, un matiz en el color del cielo que casi nunca es perceptible y entonces recordamos.

Recordamos que hace una eternidad [[recordemos que hay eternidades que duran incluso un segundo]] hubo una persona en nuestra vida que amamos con el alma incluso cuando no éramos conscientes que era así, alguien que disfrutamos tanto que el concepto de fin era detestable, alguien ¿Sabes? Pero hoy no tienes idea de nada de su vida o lo que sabes solo se compara con nada con lo que antes sabías. Así que la nostalgia hace de las suyas y te lleva a preguntarte dónde están, qué estarán haciendo y si todavía recuerdan sus bromas internas y las gafedades que solo ustedes sabían entre sí [[te preguntas si aun te recuerda]], te preguntas que hubiese pasado si las cosas fueran sido diferentes, qué podrías haber hecho diferente...

Al final te sacudes la sensación y continuas con lo que estabas haciendo, tu nueva vida [[Y es que no puede haber una mejor definición que nuevo cuando una persona que rompió todos tus paradigmas y te ayudó a construirte se va]]. Eres feliz, a tu nueva manera de serlo y, en ese momento de nostalgia y recuerdos, esperas que ellos también lo sean.

Me pregunto si alguna vez dejaremos de amar a las personas que en determinado momento de nuestra vida nos hicieron sentir de esa manera. Me pregunto si solamente cambia el cómo los queremos, porque dejar de quererlos del todo me parece absurdo. Pienso que una parte de nosotros siempre los querrá por lo que aportaron a nuestra vida, por los momentos compartidos, por las promesas, risas, lágrimas... Sobre todo porque uno en retrospectiva suele recordar únicamente lo bueno.

Me parece tan lógico como ilógico dejar de hacerlo. Lógico porque ya no están [[aunque hay veces que quisieras que estuvieran]] e ilógico porque siempre van a formar parte ti.

24 oct 2016

Me fui - Despedidas.

23-27/08
Y comienza la cuenta regresiva...
Soy buena con las despedidas, en lo particular, pienso que es porque soy buena con las palabras, porque creo que va a salir lo mejor de la ocasión y porque me enfoco en lo bueno; simplemente creo que si estás despiendo a alguien lo mínimo que puedes hacer es decirle tus mejores deseos.

Me gustan las que son avisadas, para las que me puedo preparar emocionalmente, pero claro, no todas son así. Sin embargo, así fue como quería que fuera la mía, he sabido que me voy desde hace mucho, pero lo he ido dejando caer a cuenta gotas entre mis amigos y los círculos por donde me muevo poco a poco menos con mi familia de acuerdo al tiempo que creía que necesitaba para que la persona se acostumbrara a la idea de que me iba y para yo compartir al máximo con ellos también, así que he tenido tiempo para ver a todos los que quería menos a mis Pejes, pero ellos viven muy lejos y tener un adiós apropiado. I liked that.

Pero creo que todo se resume a esta última semana, donde he corrido para todos lados intentando no dejar de ver a nadie, de estar en el caos de Caracas y disfrutarlo, porque es diferente esta vez, porque todo es diferente esta vez.

Fui a la Colonia Tovar con mi padre, mi hermana y mi abuela para comprar uno de los regalos para la familia y pasear.
Me llevé a todas mis primitas chiquitas (una de seis años, dos de tres y una de uno) a que se quedaran un día completo en mi casa.
Me quedé horas hablando con un amigo en un mirador de Caracas, a pesar de la lluvia.
Corrí terminando diligencias de un extremo de Caracas a otro.
Fui al cine con un amigo que eso era más o menos lo nuestro, ir al cine, a comer o tomar té en Képen.
Estuve en el no-cumpleaños de una amiga que lo tuvo que celebrar antes, porque muchos de sus amigos tampoco iban a estar.
Ayudé a una amiga a preparar maletas porque se iba antes que yo.
Fui a la playa con tantas personas como pude.
Me encontré con amigos que tenías siglos sin ver.

Y organicé una comida en mi casa con toda mi familia y amigos a pesar que muchos de ellos no pudieron asistir por porblemas técnicos un sábado que comenzó a las siete de la mañana porque uno de mis amigos no podía pasar a la hora del almuerzo, sino mucho antes y luego comenzó a llegar toda la familia y el resto es felicidad. Porque había comida, porque lo que sobrabán eran buenos deseos, porque tenía la mejor pancarta de despedida con cuatro hojas adjuntas para que las personas escribieran (terminaron siendo al menos 20 hojas, porque cada persona tenía mucho que decir) y con sorpresas (como decirle a mi prima que iba a ser la madrina en la boda de su hermano). Pero las actividades de un día nunca han existido realmente en mi familia, así que fue algo más de un fin de semana lleno de historias y felicidad, de palabras bonitas y de aliento, de muchas fotos y de un sentimiento de plenitud que espero que me acompañe por largo rato.

Porque sé que cada persona que estuvo allí, cada persona que sabe de mi partida y las cosas que han dicho sobre ella son sinceras; hay días, como los cumpleaños, que muchas personas se acuerdan de ti y te escriben mil cosas, pero también hay gente que lo hace y tu simplemente puedes ver que es un mensaje estereotipado sin resonancia. Yo me salvé de eso hoy. Quizás sea por ser escritora, pero le doy mucha importancia a las palabras, así que esa pancarta y sus cartas han significado mucho para mí.

Aunque por miedo a mi estabilidad emocional no creo que vaya a leerlas en un momento cercano, se van seguras conmigo al otro lado del océano sin ser leídas.

Puede que al leerse no parezca mucho, pero me llevo cada uno de esos abrazos grabados en la piel para cuando me sienta sola, me llevo sus palabras de aliento para cuando crea que voy a fallar, me llevo su fe en mí para cuando crea que no soy suficiente, me llevo sus lágrimas para que acompañen a las que seguramente derramaré en algún momento, me llevo sus sonrisas y su amor de familia para los días que no pueda pasar con ustedes, me llevo cada cosa que me permite recordar mi escasa memoria humana y la sensación escrita en mi mente de que vivirlo fue mejor.

Me llevo las ganas de volverlos a ver.

Canción: Contigo, Mariana Vega (porque simplemente no cambiaría nada de mi vida, de lo que he aprendido, de lo que me llevo o de las personas que comparten conmigo)


Regalos para mi familia
de acogida
Merienda con mamá y hermana
Detalle de un amigo





Como se preparan mis amigos
para el cambio

Visita a la Colonia
El atardecer que quería ver, donde
lo quería ver

Día deportivo

La sorpresa de mi prima

Invasión de peques

Al cine (de nuevo)

Oxford crew since 2011

No podía irme sin...

Sorpresa <3 i="">

Familia
Gracias.

12 oct 2016

Me fui - Surreal.

07/08/2016

Hace dos días me llegó el correo más bonito que he leído en mucho tiempo: mi pasaje de avión que oficializaba todo el proceso. La verdad, desde que comencé con esto de ser Au pair me despierto todos los días viendo el correo.

¡Actualiza, actualiza, actualiza!
Porque si de algo se trata esto es de esperar todos los días por un correo de tu asesora, tu familia de acogida o en este caso, un lindo boleto dorado.

Y quizás si me estás leyendo desde un país que no es Venezuela te preguntarás por qué tanta emoción por algo que puedes tramitar en Internet, con una agencia de viajes o las aerolíneas; pero acá la cosa es un tanto más complicada porque la afluencia de viajes, los costos, la cantidad de personas que viajan y las aerolíneas hacen que todo sea una odisea.

He estado pensando en el boleto de avión desde aquel día lejano de abril/2015 cuando firmé el contrato, pero:
A) Estaba siendo ansiosa.
B) no tenía familia de acogida, ergo, no tenía fecha de ida.
C) Estaba siendo ansiosa.

Así que lo dejé ir hasta que por fin conocí a mi fabulosa familia de acogida y pudimos acordar una fecha, pero no era solo eso, ya que el contrato tenía que estar listo, firmado por ambas partes y de preferencia una carta del Ministerio de la Juventud donde decían que era bienvenida y que todo el papeleo estaba en orden. Lo cual me dejó buscando pasaje a principios de julio para finales de agosto.

Intenté con agencias de viajes, las cuales querían cobrar en una moneda que no es la que se maneja en Venezuela (cobraban en dólares y acá se usan Bolívares)

Intenté con buscadores en línea, pero por ser tan poco tiempo los precios eran un poco fuera de mi rango eran absurdos.

Sin embargo, también manejé una opción que me había recomendado una amiga: la Organización Internacional para las Migraciones ellos son unas personas que te ayudan con diferentes cosas de tu proceso migratorio, incluyendo la búsqueda de pasajes, que fue a la que yo apliqué.

Es bastante sencillo, mandas un correo explicándoles cual es tu caso (si te vas por estudios, trabajo, etc...) y ellos te dicen si aplicas al programa o no, eso sí, responden en siete días hábiles... A mí me pareció que fue una manera segura de encontrar pasajes para las fechas que requieres (ellos te piden un estimado de para cuando deberías estar a-dónde-sea-que-vayas), te llevan específicamente al destino y el cobro lo realizan en la moneda de tu país (en el caso de Venezuela lo calculan a dólar Dicom)

Lo único malo es que te responden tres semanas antes de la fecha que colocaste en la solicitud y te dan dos días para realizar el pago o pierdes la reservación (así que debes tener el dinero disponible o encontrarlo realmente rápido)

¿Cómo me sentí después de por fin tener mi pase dorado a todo esto que he planeado?

Como si fuera mentira, aun creo que un día voy a despertar y la pizarra que está junto a mi cama no me dirá que me quedan 23 días para que me monte en un avión hacia una tierra desconocida, que un día visitaré a mi familia y no me mirarán con caras tristes y lágrimas, que mis amigos dejarán de preguntarme cuándo me voy o cuándo nos vemos para despedirnos.

Esto pasó de ser agridulce a ser surreal.

Pero creo que lo peor son las lágrimas. Sé que todos están felices por el camino que elegí, pero me he topado con mis tías llorando al saber mi fecha de ida, mi abuela y mi mamá con nudos en la garganta, mis amigos no queriendo abrir la imagen que les mandé porque saben que solo confirmará un día. Y es difícil, porque quiero ser fuerte y no llorar cuando los veo y los oigo así, cuando veo que por más que la decisión sea mía afecte a otras personas de tal manera.

También ahora veo todo como desde afuera, intento saborearlo hasta el final, quiero que mis primitas jueguen con mis lentes y me pidan que las persiga por toda la casa, quiero que mi abuela me cuente de cómo le fue en su día, quiero que mi papá me de un beso todas las mañanas antes de irse a trabajar y que mi mamá me siga recibiendo los abrazos con amor aunque sean excesivos por días. Porque ahora cada vez que hago alguna de esas cosas me pregunto por cuánto tiempo no podré hacerlo de nuevo.

Supongo que ese pedazo de papel que fui a sellar hoy a la agencia significa que todo esto es real.

Y eso da miedo. Pero es muy emocionante. Tan emocionante que no puedo retener la alegría dentro de mí y a pesar del dolor por la separación de los que amo, el miedo y la incertidumbre; la emoción sigue allí, superándolo todo. Porque es el miedo del que emprende una nueva aventura.

Señora de la agencia de viajes: Solo ida, ¿Eh?
Yo: ¿Cuántos con retorno le han pedido últimamente?

Canción: Cups - Anna Kendrick


PD: Ah, sí. El itinerario de viaje: CCS-Lisboa, Lisboa-Luxemburgo.
PD2: Otros aeropuertos para conocer, yey!

8 oct 2015

Dichoso aquel que se va y no ve las lágrimas de quien queda.

Remodelaron la estación de gasolina donde te besé apasionadamente por última vez.

Quiero decirte, pero no lo hago; porque no es algo que hagamos más. Ni siquiera estoy segura de por qué recuerdo esto mentira, si lo sé, pero ayer cuando recorría las calles de esta ciudad a una hora donde realmente puedes recorrerla, sin querer pasé por allí y lo noté. Casi no lo hago, el semáforo estaba en verde y el carro simplemente siguió andando, fue casi un milagro que hubiese volteado y visto las láminas de zinc cubriéndolo todo y el techo rojo aun brillando sin necesidad de luces.

¿Milagro para quién?

Si, la verdad es que recuerdo esa noche en particular, como cada instante que pasé junto a ti. A estas alturas me parece un poco patético ¿Sabes? Pero hace tiempo que dejé de pelear con el sentimiento y simplemente lo siento. Porque es bueno sentir algo. Después de ti, pasé tanto tiempo obnubilada que casi abracé el dolor que vino cuando esa etapa pasó. Una maraña de piel que no sentía nada y luego empezó a sentir demasiado...

Pero eso no era lo que estaba escribiendo ¿O sí? Escribía sobre aquella noche donde justo antes de llevarme a mi casa decidiste parar a poner gasolina, como cualquier noche, y te estacionaste en la que estaba más cercana al borde de la calle, justo del lado izquierdo, como siempre hacías. Jugabas con la palanca de cambios mientras yo pensaba en el beso impulsivo que te iba a dar. ¿Sabes? De esos que pareciera que no pudieses contener el sentimiento que llevas dentro y dejas que tome el control por un momento y entonces estás encima de la persona que quieres y ambos ríen y  solo existen entre ellos.

Y si, eso es lo más impulsiva que puedo ser. Planeando besos impulsivos. Así que cuando me miraste y sonreíste agostaste tus oportunidades de escape. Me lancé hacia ti como había visto que hacían en las películas y como había leído que hacían en los libros rezando para que nuestros dientes no chocaran porque odio cuando eso pasa y la sensación que deja atrás.

Y el beso resultó perfecto. No hubo choques innecesarios, ni el cinturón de seguridad incomodando; no te alejaste ni te reíste.

Puse mi mano en tu cabello, porque así era como lo había imaginado, y te sujeté con más fuerza de la necesaria porque quería que sintieras lo rudo que lo quería. Tú cediste, como siempre, y cumpliste con mi petición silente. Me besaste y correspondiste mi beso y no te apuraste aun cuando el señor de la gasolinera se puso al lado de mi ventana y me seguiste besando por lo que pudieron haber sido dos siglos y medio. Y eso que quizás no sabías que ese beso era mi último intento contigo, para ver si podías sentir la desesperación que me comía por dentro a medida que nos hundíamos, para ver si mis labios te hacían entender que quería salir gritando y corriendo lejos de nosotros. Pero por supuesto que no fue así. Fue solo otro beso para ti.

O quizás lo supiste y sentiste, pero no te importó. ¿A quién le importa ya? Solo pasó.

Lo que si fue tremenda sorpresa para mí fue lo que sentí. O lo que no sentí. Porque a medida que mi lengua luchaba por bajar por tu garganta y mis manos intentaban aferrarte como nunca, podía pensar. Y eso claramente estaba mal ¿Cómo podía tener coherencia de pensamiento cuando te estaba besando tan apasionadamente? Y mientras más lo pensaba más me daba cuenta que no estaba en ese momento.

Que ya no sentía nada. Que era solo un beso. Y que podía vivir sin ese beso.

Te separaste con una sonrisa en los labios hinchados y el cabello desordenado. Le pagaste al señor y terminamos de recorrer los otros cinco minutos hasta mi casa.

- Te quiero - te dije desde la puerta del carro mientras tus ojos oscuros se alejaban de mí y yo sentía un miedo extraño en el estómago.

- Si, yo también - dijiste y te pusiste en marcha.

No esperaste a que entrara. No dijiste yo también te quiero como sabías que me gustaba. No pusiste tus manos en mi cara cuando te besé. No entendiste ni preguntaste por qué.

Simplemente te fuiste, y aunque yo también me había ido, dolió como si no lo hubiese estado esperando.

Porque siempre esperé que fueras tú el que se fuera.

27 mar 2015

A ti que te vas - o que te fuiste.

Primero que nada quiero decirte que esta carta no es para disuadirte de tu decisión, es simplemente un último recuerdo para ti que vas mientras yo me quedo. Y no lo digo a manera de queja o reclamo; después de todo cada quien es dueño de sus planes y sueños; y aunque comprenda tus razones para marcharte, aun no las comparto lo suficiente, por lo que te dedicaré las siguientes palabras:

Espero que hayas tenido suerte con todo el papeleo que tuviste que hacer, que te hayan tocado los funcionarios menos gruñones y más eficientes, que hayas finalizado todos tus trámites y que en ese último viaje por carretera hayas disfrutado de manejar entre las montañas y al ras de las nubes, viendo el oro trigueño de nuestros jardines eternos y espiando entre los árboles a la luna o al sol. Que hayas sentido el asfalto bajo las ruedas del carro y ese brinco agitado en el corazón cuando esquivas una irregularidad. Que hayas tenido una despedida adecuada y hayas hecho la promesa de volver para visitar.

Porque hay algo curioso sobre poder elegir qué vamos a extrañar.

Y como adoramos extrañar lo que ya no tenemos, para ti serán las hallacas en navidad, los días feriados y el clima tropical,  para mí serás tú y todo lo que dejas aquí,  porque no te va a pesar irte sino todo lo que dejas. Y verás que con lo mucho que ayuda Skype, en realidad no ayuda tanto. Quizás estoy omitiendo la carismática personalidad de nuestra gente o su ingenio o lo sencillo que es todo en el país de lo posible, pero tú ya debes saber bastante de eso.

También te quiero advertir que cuando escuches “Venezuela”, así estés nuevamente en nuestro territorio, probablemente empezarás a llorar o se te hará un nudo en la garganta; porque una vez que te despides de la cromointerferencia ambientación de color aditivo de Cruz Diez en el aeropuerto de Maiquetía no hay forma de que sientas esa canción igual. O que veas nuestra bandera y no te acerques a ver quién es o si escuchas nuestro acento no quieras iniciar una conversación.  Porque son cosas que ocurrirán e incluso no te darás cuenta, es como buscar la pieza que siempre faltará del rompecabezas.

Pero no te agobies, esto pasará. Así como el ansia de buscar las diferencias y similitudes para formar un nuevo hogar, la nostalgia por el sabor de la comida y la costumbre de hacer el cambio a nuestra moneda. Las nuevas costumbres y rutinas, la cultura y sus particularidades,  la gente y las nuevas posibilidades, intentarán colarse en ti; pero la sangre que corre por tus venas siempre será tricolor con vinotinto, porque los atropellos a nuestro país los vivirás conmigo, porque te enorgullecerás de sus triunfos y, sobre todo, porque dejas un pedacito de tu corazón en esta tierra que te vio crecer.

Así que espero que hayas doblado bien tus sueños y los hayas empacado en la maleta. Porque una vida no cabe en ella, pero los sueños si.



8 nov 2014

Otra vez.

Me pican las manos por escribirte. 

Es otra vez esa ansiedad loca de querer decirte lo que hago y como me acordé de ti porque una nube tapó el sol.
Es otra vez ese chiste que para ti no lo sería pero igual lo comprenderías y te reirías de que se me ocurran cosas tan tontas. 
Es otra vez esa mirada perdida en el cielo, sonriendo, que solo tú pudieras descodificar que es lo que me tiene feliz allí. 
Es otra vez esas ganas de gastar las madrugadas hablando de los caminos de la vida, las posibilidades, el futuro, el pasado, el presente y los quizás. 
Es otra vez las ganas de querer huir y retomar los planes para ver el mundo. 
Es otra vez esa foto mirándome desde la pared que me dice lo feliz que nos hacíamos y que estábamos mejor juntos. 
Es otra vez el baúl de recuerdos que me grita que junto a ti estaban mis mejores momentos y la mejor versión de mi. 
Es otra vez el chico de las pizzas preguntándome si quiero la mitad con anchoas o no.
Es otra vez la alfombra diciéndome que ya nadie se acuesta a buscarle formas a la madera.
Es otra vez mi calendario advirtiéndome de los juegos de mi equipo favorito ya que no lo haces tú. 
Es otra vez ese playlist de las canciones que alguna vez creíste se parecían a mí, a ti, a nosotros.  
Es otra vez mi almohada susurrándome los secretos que me dijiste y que prometí no le diría a nadie. 
Es otra vez la luna quejándose de que ya nadie me dice que la salga a ver. 
Es otra vez mi día a día que espera que se lo cuente a alguien que pregunte por él. Bueno, no a alguien, a ti. 
Es otra vez el cielo diciéndome que te extraña. 
Es otra vez el reloj diciéndome que no es muy tarde, el mapa que no hay distancias tan grandes y el corazón que te extraña. 

¡Porque como te extraño, joder!




27 ene 2014

Molesta.


No me agrada que me recuerdes que fue un error que me gustaras tanto como lo haces.

No me agrada que vivas esperando por algo que ni siquiera tú sabes.

No me agrada donde estamos. No me agrada no saber si estamos.

Tú, capitán de lo obvio, te has tenido que dar cuenta y sin embargo no has hecho nada ¿A caso eso no te hace la peor de las personas? Sé que te gusta jugar, y no tenía ningún problema con eso, hasta que decidiste hacerlo conmigo.

¿Lo peor? No entiendo a qué juegas, no entiendo por qué lo haces. Vives en un laberinto intentando ser el gato y temiendo ser el ratón, no te das cuenta que solo tú estás atrapado y que nadie te persigue. Sabía que eras problemas desde el momento en que te vi. Sabía que esto sería un problema desde que empecé a conocerte; y es que no entiendo por qué si me abriste todas las ventanas te empeñaste en cerrar la puerta. No sé qué quieres y muero por preguntarte, pero eres el rey de los cobardes y huyes. Huyes casi tanto como lo hacía yo cuando me enteré de esto, buscando salidas que no aparecerán y que no aparecieron.

¿Es que tú crees que fue fácil para mí? Aceptar que mi curiosidad pudo más que mi sentido de preservación, sabía que mientras más enterrara el puñal más lastimada quedaría yo. ¿Hacia dónde vas? Vives caminando de atrás para adelante sin realmente caminar, hablas mucho pero no dices nada, prometes para olvidar, ilusionas para decepcionar.

Sin embargo, creo que lo pensaste muy bien: para que nada separe, que nada nos una ¿Por qué dar nombres que traigan responsabilidades y más? Fui víctima de un cuento que solo yo me supe armar, una tragedia con sabor a comedia que nadie escuchará jamás.

Mis palabras quedarán ahogadas, tal como tus actos eran solo para mí, nunca sabrás de mi llanto, como los demás nunca sabrán que fuimos algo más que dos extraños. Y la cólera que me lleva a escribir, es la misma cólera que me lleva a callar.

¿Cómo me pude fijar en ti, cuando sé que merezco mucho más? ¿Cómo pude ver solo lo bueno que hay en ti y pensar que con eso bastará? Vivimos en mundos distintos y esperamos distintas cosas. Si sigo aquí lo único que harás es decepcionarme y demostrarme que la realidad no me va a dar más.

Sí, estoy molesta y tuviste la oportunidad de hacer algo, pero no lo hiciste como era de esperar. Estoy molesta, pero no es por ti. Estoy molesta conmigo por esperar tanto de alguien que no sabe cómo dar más, molesta por pensar que te dabas cuenta de que mis te quiero eran a cuenta gotas y porque los sentía de verdad, me molesta mi vil imaginación que siempre soñaba con las cosas que pensé que harías, pero que nunca hiciste. Me molesta saber tanto de ti y que al final eso no sirva de nada. Me molesta ser tan ingenua y pensar que todo esto realmente significaba algo, me molesta que me haya involucrado tanto.

Una vez leí que “aceptamos el amor que creemos merecer” y creo que merezco más. Mucho más. También creo que tú nunca serás capaz de dármelo. También creo que aunque no puedo elegir a quien querer si puedo elegir como quererlo.

No creo que pueda seguir con esto, con este juego del que nadie me explicó nunca las reglas, te he permitido opinar, te he permitido hurgar e ir más allá, te he abierto la puerta para que entres y tú lo que quieres es jugar. Yo no puedo. Yo no soy así. Y cada vez que estoy sola pienso en cómo me has cambiado, en lo que me has enseñado y en el bien que me has hecho; pero pienso en lo que quiero y en no saber si tú quieres lo mismo, pienso en lo que no haces, pienso en lo que no dices, pienso en lo que dices y como lo dices; y entonces quiero preguntar: porque las mujeres asumimos mucho y preguntamos poco. Pero luego te miro a los ojos y me falta valor, se me olvidan las palabras y las preguntas ya parecen contestadas; porque prefiero quedarme con esto que –no sé- tenemos a perderte.

Sí, me he convertido en esa clase de tonta conformista que siempre odié.

Y por eso estoy molesta.

Caracas, 27/01/2013
6.43pm.

Es increíble lo mucho que pueden cambiar las cosas en dos horas... En un año. 

Ve donde estás hoy e intenta recordar dónde estabas hace un año 

¿Puedes hacerlo? 

O mejor, ¿Puedes recordar todo lo que pasó en el medio, lo que consiguió que hoy estés aquí?

Yo si, y puedo sonreír mientras lo hago. 


Mi vista favorita de esta ciudad.

2 ene 2014

Ideal

Jamás la definición de una palabra se había adecuado tan perfectamente a una persona. Jamás había creído que realmente alguien se adaptara a eso que pensaba, a eso que tenía idealizado. 

Y luego te conocí a ti. 

Que con tus ojos cambiantes y sonrisas escondidas me hicieron reflexionar entre lo que era realidad y lo que soñaba. Porque hubo mucho tiempo donde consideré que solo eras la combinación de mis deseos tomando forma para incitarme a creer, siempre estabas al borde de mi sueño, donde se confunde lo real con lo imaginario; así que imaginarás mi sorpresa y regocijo cuando te encontré entre las transversales de una ciudad caótica, en un edificio nuevo con gente que llevaba años conociendo y en una situación diseñada para que me desenvolviera fácilmente, pero que con tu simple presencia cambió.

Y es que estabas allí y eras maravilloso y eras todo lo que había pensado, pero mucho mejor porque tú estabas. Y cada atardecer se me hacía distinto [como tus ojos, cuando parpadeas]  y la música parecía más feliz porque sabía que ambos la escuchábamos y nuestro equipo parecía ganar más porque sabía que lo veíamos juntos y el poker parecía ser más azaroso cuando lo jugábamos destinando partidas eternas y llegué a pensar que no necesitaba que hicieras nada, que sólo tú existencia me haría feliz.

Nadie podía ser tan perfecto [para mí] pero tú lo eras, o eso creí hasta que en una de las tardes en la salimos te vi. Y con una mirada a tus ojos entendí lo que tú no comprenderías ni después de mil palabras y el hecho de que tú no lo comprendieras lo arruinaba todo. Porque aunque nunca fuiste mío, siempre quise que fueras para mí; no por ti ni por mí, sino por el nosotros que nunca existió, pero que a su manera, si lo hizo.

Y debo admitir que te veías lindo en mi sección de favoritos y que de vez en cuando extraño ver tu rostro cerca del mío y el roce de tus labios... Y tus manos torpes intentando explicar algo que no sabes y las sonrisas cómplices al otro lado de la mesa y tu ceño fruncido cuando te disgustas y tus comentarios siempre acertados del fútbol y tu paciencia para explicarme lo que no entendía... 

Es que siempre fuiste tan ideal.

Ideal para mí. 

Y a pesar de que extraño tus buenos días y me cuesta dormir sin tus buenas noches... Ahora estoy más ligera. Más sin ti. Porque lo ideal no es siempre lo que quieres, ni lo que necesitas; sino algo que crees que te gustaría. 

Hasta que lo tienes.
Definición del DRAE

21 may 2013

Lamentos.

Y cada nota que toca se lleva un pedacito de mi alma y no quiero mirar. Y cada paso completado me aleja un poco más de la realidad. Y ver la manera en como la tela se mueve con fluidez me hace lamentarme una vez más. Pero las asas del destino me atan y me presumen eso que allí ya no he de estar.

¿Para eso he quedado? ¿Para observar desde cerca eso que alguna vez fue mío y que tanto amé? ¿Para que me presuman como lo que no se cuida, se pierde? ¡Ay, si tan solo fuera mi culpa! Si de mi hubiese dependido las cosas serían distintas.

¿Pero realmente no pude hacer nada? No. Y eso es lo que me mata. Si hubiesen otros a los cuales culpar no dudaria en hacerlo, pero al final la culpa es solo mía. La culpa de no querer poder, la culpa de no sacrificar, la culpa de esperar lo mismo haciendo cosas distintas.

Pero ya nada hay que lamentar, a pesar de que esto no ha sido más que un tortuoso lamento, lo hecho, hecho está y así se ha de recordar. Pero que dulce recuerdo me ha quedado, ese que atesoraré junto a los atardeceres que se han grabado en mi piel, junto a los besos de un amado en mis labios, junto a mis dedos y mis amigos que los han estrechado. En cada nota, en cada pieza, en cada baile que a mi vida le quede, siempre estará el ballet presente.

15 ene 2013

15/01/2013 - ...

¿No te has dado cuenta? Ahora el cielo se nubla más, ahora el cielo no solo es azul: sino que se tiñe de tonos naranjas, rosas y lilas. 

Tonto cielo polimórfico.

Adiós, fue un placer tenerte aquí, aunque esto sea lo único que quede de ti...



... El recuerdo de tu recuerdo siempre perdurará en mi.

La cosa no es que te hayas ido, es que esperé 4 años por la pequeña oportunidad de tropezar contigo, que tuviésemos un segundo eterno donde nuestros ojos se encontraran y supiéramos. Supiéramos que desde hace tanto nos buscábamos sin encontrarnos. Un segundo que vendría seguido por otro que trajera consigo el olvido, una sonrisa cálida y el adiós que ambos merecíamos.


Como al final de cada día: todos merecemos nuestro atardecer.

31 dic 2011

Solo un café

Ella iba caminando rápidamente, a su paso normal, al fin fuera del trabajo y con tiempo para ir a su casa y cambiarse para su cita ¡Y pensaba que lo iba a tener que ver en su traje de falda y chaqueta! Sonríe un poco y acelera el paso, no se da cuenta de que alguien va en dirección contraria a ella y chocan; unos lentes de sol y unos anteojos salen volando.

- Disculpe - dice ella rápido, intentando encontrar su montura - no vi por donde iba.

- ¿Kimberly? ¿Eres tú? - dice una voz conocida.

- ¿Leonardo? - sonríe - ¡Leo! Cuanto tiempo.

- Más del que debería - él también sonríe. Hablan un poco de sus vidas, de lo que hacen y de lo que quisieran hacer, suena el teléfono de ella y ve la hora. La excusa perfecta para huir.

- Lamento que todo sea tan fugaz - no lo hace - pero me tengo que ir...

- Oh, Kim - él la mira con tristeza - pero si hay tanto que decir - piensa un minuto - Vayamos a tomar un café.

- Pero...

- Será solo un café - él le sonríe de esa forma que sabe ella no puede resistir - por los viejos tiempos.

Kim suspira y asiente, ajusta un poco su chaqueta y saca su bufanda, hace frío afuera. Salen juntos del edificio y van al café que está en frente, él, con su metro ochenta y delgado cuerpo viste unos jeans desgastados que ella conoce bien, una camisa que compró para él y un gorro idiota que siempre odió, pero jamás dejó de lucir mal en él. Ella, con su nuevo traje ejecutivo de diseñador, sus zapatos altos y su cola de caballo ajustada, tan impersonal como él nunca la vio. Él la mira con sus ojos oscuros y despeina su cabello del mismo color, sonríe incómodo y la ayuda a sentarse. Ella con su cabello negro - tenido - y ojos grises lo mira impaciente, nunca esperó este encuentro.

- Entonces... - comienza él - ¿Como te va en el trabajo?

Ella le cuenta, no emocionada, pero le cuenta, solo quiere salir de allí. Él la oye, como siempre. Piden los cafés.

- No has cambiado nada - le asegura él.

- He cambiado más de lo que ves, créeme - ella le asegura. Siguen la charla barata, ella no deja de mirar el reloj.

- ¿Tienes que ir a alguna parte?

- Tengo una cita - dice ella a propósito.

- Oh - él toma café - Oí que estás saliendo con alguien - dice con cuidado.

- Eso intento, nada que funcioné - dice ella, callando que aun está un poco perjudicada por sus sentimientos por él - ¿Y tú?

- Yo nadie, nadie desde hace año y medio - entonces él recuerda. Recuerda los paseos en el parque y las noches en París, recuerda las veces que la buscó en el trabajo, en esa misma torre donde hoy tropezaron.

Ella también recuerda, recuerda las discusiones y las lágrimas, lo mucho que lo quiso y que nunca pareció ser suficiente, recuerda esa última noche donde se fue, sin decirle a donde ni por qué.

- Aun intento entender ¿Sabes? - dice él - Sé que no todo era lindo, que era más lo que peleábamos que lo que pasábamos felices, pero... Tu nunca huyes.

- No es algo que tu debas entender - sonrió - yo tenía que hacerlo y no huí, lo hice así porque sabía que si esperaba a hablar contigo, que si me mirabas con esos ojos tristes y esa sonrisa que me diste hace un rato no me podría ir. Y yo necesitaba irme.

- ¿Por qué?

- Yo quería llorar en tu hombro - ella sonríe melancólicamente - pasar noches en vela en tus brazos, escuchar que me dijeras te quiero hasta que estuvieses muy cansado, yo quería que me escucharas, que no me oyeras, quería que en esos días que me buscabas en el trabajo me sorprendieras con algo, que las veces en las que te esperaba me abrazaras por la espalda y me besaras en el cuello. Quería tanto de ti... Quería tanto que no podía pedirlo, quería también que te dieras cuenta de que lo quería - se rió por tantas muletillas - No tienes idea de lo mucho que te quería, Leo.


- Yo - él suspiró - yo siempre quise estar allí, yo siempre quise hacer esas cosas que tu querías que hiciera, me maldigo a diario por las veces que lo pensé y no lo hice, por los besos que no te di y por las noches que esperé a que te durmieras para susurrarte cosas al oído. Lo que pasa es que eres distinta - le tomó la mano a través de la mesa - no eres como las demás, eres demasiado única, demasiado independiente, demasiado tú y no sabía como comportarme a tu alrededor...

- ¿No supiste eso durante tres años? - ella no ocultó su asombro.

- Intenté aprender, intenté actuar, todo siempre demasiado tarde - ella se soltó de su agarre.

- Siempre fue demasiado tarde.


- ¿Todo en pasado? - pregunta él, muy descarado.

- ¡Por supuesto que en pasado! - las lágrimas empiezan a inundar sus ojos claros - Ha pasado más de un año, un año donde lidié con ello, un año que traté y logré olvidarme de ti, de tus promesas incumplidas y tus besos escasos, de tus palabras planas y tus intereses solo por ti mismo, me olvidé de todo y por primera vez en tres años fui feliz - sonrió, una lágrima corrió por su mejilla - Fui feliz ¿Sabes? No sentí esa opresión en mi pecho, disfruté de muchisimos helados en la plaza, mientras jugaba con las palomas que para ti siempre fueron dañinas, fotografié cuantas veces quise y no tuve que que mendigar la foto de nadie - lo miró, él sabía que se refería a él - y realmente extrañaba mi felicidad.

- ¿Jamás fuiste feliz conmigo?

- No es eso, es que nunca fui suficientemente feliz como para quedarme - ella ve llegar al chico con el que se iba a encontrar y lo ve atravesar la puerta, la encuentra y va hacia ella - Y sabes que nunca fui conformista, así que decidí buscar algo que me merezca tanto como yo lo merezco a él.

Ella se levanta y le regala su sonrisa al extraño, le toma de la mano y se va junto a él, recargando su peso en su costado. Él la ve marcharse - una vez más - y se da cuenta de todo lo que hizo mal, de que siempre estuvo equivocado cuando pensaba estar en lo cierto, el se da cuenta, de que tal como dijo ella, siempre fue demasiado tarde.


17 ago 2011

Anoche

Anoche quise escribirte, pero ya era tarde. Pasaba de la medianoche y yo me debatía si debía mandarte un mensaje o no, me reí por todas las noches en las que no lo pensé y simplemente te escribí. Pero las cosas cambiaron.


¿Cambiaron, verdad?


Al final me dije que te escribiera, que no habría problema porque ya sabes como soy, pero pensé -incluso con el mensaje escrito- que ya no tenía ese derecho, que ya no podía escribirte a mitad de la noche solo para decirte que te quiero, que ya no era dueña de tus sueños para irrumpir en ellos, que no debia quitarte horas de descanso solo por un antojo de mi corazón.


¡Pero ve como son las cosas! Este malvado corazón caprichoso que no deja de jugar, aun sabiendo que tu estas adentro se ha puesto a apostar con mi maldito cerebro a ver quien me hace sufrir más. Entre los dos me marean y me hacen llorar, si uno pierde una batalla el otro no termina de festejar, pues la guerra nunca ha de terminar.


Anoche quise escribirte, dibujarte una sonrisa en los labios y -quizás- alegrar tu día, pero el juzgado, protagonizado por la razon, me ha negado dicho permiso. Me dice que como después de haberme alejado -porque siempre soy yo- pretendo hacer semejante acto tan confuso. Sin embargo, le he comentado que para mi no es difuso que yo se que te quiero, aunque no debo, y que por más que las cosas ya no sean igual, el que no seas un pegoste hace que me gustes más. Entre el juzgado que es la razón y la juez que es mi conciencia me han condenado a una vida eterna sin tu presencia. Luego lo han pensado mejor y me han dejado acercarme, que vea como de otra haz de enamorarte.


Anoche quise escribirte, por mi naturaleza espontánea y lo mucho que me gusta irrumpir en vidas ajenas, pero no lo hice porque fui yo la que decidí marcharme y no tengo derecho a confundirte. No más.


Anoche quise escribirte, pero simplemente, no lo hice.



19 mar 2011

Adiós

Querido CJ,

Esta es una manera poco normal por la cual me dirijo a ti, quiero decirte que lo que teníamos, acabó. Que me cansé del cariño poco convencional al cual llamábamos amor. Me cansé de las miles de noches en las cuales compartíamos charlas profundas hasta el amanecer. Me cansé de los miles de mensajes diarios que me hacían sonreír tontamente. Me cansé de sentir tus labios sobre los míos como terciopelo, de tu cuerpo rozando el mío de esa forma tan sublime que me hace desear más. Que me hacía desear más.

Sin embargo, hoy que te digo adiós, aun recuerdo el día en que te conocí. Aquel día de verano en el cual hacia un calor infernal, el cielo estaba despejado, mostrando un azul que se podía saborear. El viento no soplaba pero sentías su presencia, su impotencia al no poder ejercer. Iba caminando por una de las viejas calles de la ciudad, esas que  aún tienen adoquines, pensando en que lugar sentarme para dibujar, cual sería el mejor lugar para admirar toda la belleza que la vida me brindaba, plasmarla en un lienzo por toda la eternidad. Aun puedo recrearte viniendo hacia mi, corriendo mientras gritabas algo que no podía entender, pensé que no hablabas conmigo y me volteé para seguir, pero un perro enorme se cernía sobre mi para ese momento, saltaste sobre nosotros y en lo que fue un nudo de cuerpos y movimientos quedaste sobre de mi, alcé mi mirada para ver que demonios había pasado y ya no pude separar mis ojos de los tuyos. Oh, CJ, si hubieses visto lo que yo vi en tu mirada, en esos ojos grises que parecen ser plata derretida, espesa y brillante, si hubieses visto ese flash que pasó por tus ojos y llegó a tu corazón. Casi pude sentir como la sangre fluía hacia tus mejillas y le daban color a esas pálidas pecas que son tan imperceptibles y las cuales, después,  conté miles de veces. Tus ojos me identificaron, nuestros cuerpos se reconocieron y nuestras almas se unieron de nuevo, como una sola.

Te levantaste y eras todo modales, tu perro huyó de nuevo, pero eso ya no te importaba. Pasamos por las presentaciones e insististe en comprarme un café, en compensación por estropear mi lienzo; a pesar de que no me gusta el café, acepté. Ahora me rió de ello: dos desconocidos compartiendo algo que no era realmente grato, pero que hizo de un momento cualquiera, un recuerdo inolvidable. Que hizo de un encuentro fortuito, una hermosa jugada del destino.

Meses pasaron y todo era perfección, nos complementábamos a tal punto que nuestros amigos nos preguntaban donde acababa uno y empezaba el otro, por un segundo pensé que esto sería para siempre; que, como en los cuentos de hadas, tendríamos nuestro final feliz. No fue así. Con el tiempo empezaron los problemas, mi familia se negaba a aceptarte y fueron muchas las cosas en las cuales no congeniábamos, a mi no me importaba que tu pasado nauseabundo o que quisieras otras cosas a las que quería yo; me molestó que me exigieras querer las mismas cosas que tu. Me molestó que me cambiaras de tal forma que no llegué a reconocerme.

Hoy ya no puedo más. Me voy de tu vida, cariño. Me voy de la vida que hemos formado juntos y me voy de la ciudad que siempre amé. Me voy porque no puedo seguir luchando contra mi familia por nuestro amor. Me voy porque perdí el concepto de amor. Perdí la inspiración que me brindabas, perdí la pasión por lo que me gustaba, me perdí por quererte a ti.

Espero no creas que esto es fácil para mi, porque a pesar de las razones por las cual me marcho, te sigo amando como desde el primer momento en que nos encontramos, sigo amando tus besos, tus caricias y tus detalles cada semana (Si no son chocolates, son lirios, sino son ninguno de los dos, son los dos). Te sigo amando más que a nada. Solo me he perdido y junto a ti no puedo encontrarme ¿Cómo buscas algo cerca de la persona que te hizo perderlo? ¿Cómo puedes pensar claramente con alguien que con tan solo una mirada nubla tus pensamientos? ¿Cómo me puedo amar a mi, si siento que te amo más a ti?

Más que un adiós, tengo la esperanza de que sea un hasta luego, pero en lo más profundo de mí ser, en los recovecos de mí alma, se que es una esperanza vacía que solo promete sufrimiento por no querer dejarte ir, por mi corazón aferrarse a ti y por esa última visión que tuve de ti, viéndote dormir, tan apacible, en esa cama que tantas noches compartimos, esa cama que fue testigo de lo mucho que nos amamos.

Esta carta es por los lirios que no llegaron, por los besos que faltaron y por tu recuerdo que siempre quedará vivo en mi mente. Adiós, CJ, adiós.


PD: Lamento abandonarlos estas semanas x) las cosas van a un ritmo demasiado rápido para mi gusto, sin embargo les dejo esta nota que escribí para un concurso en el cual no puedo participar, tenía número de caracteres definido así que eso fue lo que salió xD. Tengo varias entradas pensadas [[como la mi experiencia en el concierto de paramore o la de los caminantes]] pero no termino de escribirlas o simplemente no comienzo, espero sepan entender x) nos leemos en un rato, esperemos no sea tanto.