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21 jul 2016

Trenes

Hace un tiempo, en la graduación de bachiller de mi hermana, una de las chicas que daba los discursos dijo la cosas más curiosas sobre los trenes, ella lo relacionó con los problemas de sus clases de física y como todo esto (graduarse) sería una nueva aventura. Dijo algo como (o disculpenme si no fue así)

"(...) Es como uno de esos problemas de física que tanto nos costaba resolver, dónde el profesor nos preguntaba en qué momento exacto esos trenes chocarán, pero nosotros solo podíamos pensar en la estación de dónde había salido el tren, con quién iríamos, a dónde nos llevaría..."

Me hizo recordar mi propia graduación, cuatro años atrás, en el mismo lugar donde estaban todos ellos ese día. La verdad no escuché mucho más de lo que dijo, estaba suficientemente inmersa en revivir aquel recuerdo. Estaban muchos profesores que me dieron clase y me vieron crecer, estaban mis padres celebrando un logro e incluso habían algunos de mis compañeros con los que me gradué, pues sus hermanos también estudiaban con la mía. Eso también me hizo recordar las miles de cosas que nos dijimos ese día, como nos reuniriamos luego y celebrariamos los logros, como era un simple hasta luego, como siempre estaríamos allí para lo que necesitara el otro y todas esas cosas que te aseguras de decirle a tus amigos cuando sabes que una de las mayores encrucijadas de la vida viene hacia ti como un tren sin frenos. Por supuesto que les creí ¿Cómo no iba a hacerlo? Soy una aferrada, me aferro muchísimo a las cosas y había sido tan feliz en la secundaria y primaria que no quería perderlo por nada del mundo, así que creí e hice promesas que sólo yo me esmeraba por cumplir, intentando mantener lazos de seda que se escurrian por mis dedos cada vez más. 

Es curioso, me tomó cuatro años y algo más dejar ir todo el resentimiento que sentí una vez que comprendí que las cosas habían cambiado y que yo era la única mirando hacia atrás, la única que mantenía promesas a recuerdos, no personas; a pesar de tener un futuro brillante esperándome y dándome la bienvenida. Siempre he pensado (y creo que siempre lo haré) que si prometes algo es para cumplirlo, no cosas que se tomen a la ligera en un momento feliz; así que estaba furiosa con aquellas personas que durante tanto tiempo compartieron conmigo y me conocieron de verdad por no mantener lo que habían dicho. Pero el discurso de los trenes hizo que por fin entendiera que ellos realmente no rompieron nada, que a veces en el momento eso es verdaderamente lo que quieres y en lo que crees, que en ese espacio de tiempo tienes la absoluta certeza de que podrás cumplir con tus promesas porque ¿Qué podría cambiar? 

Lo que pasa es que en esos momentos jamás contemplamos que nosotros cambiaremos. Y que las circunstancias también lo harán. Que los momentos son meramente efímeros y que no puedes mantener nada como fue alguna vez, porque una de las leyes de la física es que todo se transforma. 

Así que hoy estoy bien con eso, con encontrar metáforas para la vida en un medio de transporte. Por comprender que hay trenes que tienes que dejar ir, aunque así no lo quieras; trenes que tienes que tomar aunque sabes que si pudieras no lo harías; porque a veces estaremos esperando en un anden con un ticket hacia algún lugar que te hará conocer nuevos compañeros de viaje, que te hará despedirte de aquellos que dejaste en la estación o en otro tren; porque a veces simplemente parece que tu tren no llega y tienes siglos esperando en una estación; y perderás lo que te parecerá el tren al destino que cambiará tu vida, solo para luego darte cuenta que seguir esperando en la estación era lo que necesitabas en ese momento. Hay trenes que compartes con muchísimas personas, son viajes inolvidables y cuando llegan al destino no quieres decir adiós (aun cuando tienes un par de compañeros que no veían este día llegar), pero hay tanta gente esperándote allí y con boletos para otro tren que simplemente no puedes decir que no. Hay trenes que te obligan a tomar, que no sabes a dónde van o cuando llegarán. Hay tantos trenes como estaciones que visitar.

Me gustan los trenes, puedes conseguir llegar a tantos lugares, tienen una facilidad que no ves en los aviones, una calma que no tienen los autobuses e infinitas estaciones para ser lo que quieras. Son buenos para tomar solos o acompañados, para viajes largos o cortos. Son apropiados. Son prácticos. 

Es casi una casualidad que se parezcan tanto a la vida. 


Estación de trenes St. Pancras - Londres, Inglaterra


12 abr 2016

Te conozco tanto.

Que sé que vas a contestar cuando te llamo por teléfono.

Que es lo que vas a pedir en un restaurante, cual es tu favorito y que querrás de tomar. Si tengo suerte y estás de humor, el postre sera lo que quiero yo.

Sé cómo hablas con tu mama y qué le vas a responder, incluso sé que ella te llamará siempre que estés conmigo y no le dirás que estás junto a mí. Sé que es amor, también.

Sé que te quiero matar la mitad del tiempo que te quiero, que te fastidio, te molesto y te hago ir más allá. Pero es porque sé cómo hacerlo y me gusta ver cuando piensas fuera de tus casillas - me gusta saber como llevarte al límite.

Sé que me vas a decir las cosas incluso cuando haz dicho mil veces que no. Sé que me toca compartirte y que haces tu mayor esfuerzo por lograr un equilibrio - y lo logras.

Sé que te cuesta dormir sin ruido y con luz. Que libro te va a gustar y que película vas a amar. Cuál es tu color favorito y tu temor más grande.

Sé todo eso y aun me sorprendes con tu día a día. 

A estas alturas pensarías que después de tanto tiempo estaría acostumbrada, pero sigo esperando que llegues al final del día para que me comentes que tal te fue y todavía no me aburre escucharlo. Porque te conozco tanto que no me canso de seguir haciéndolo.

- Y probablemente nunca lo haré -



Es impresionante encontrar escritos así, que sé que hice cuando estaba completamente segura de algo, y que tan solo 163 días después... Bueno, la realidad haya cambiado de tal manera que solo queda un buen recuerdo. Y el conocimiento de que la única certeza es que no hay de esas.

Siempre creeré en los para siempre [[Incluso en aquellos que duran diez segundos o doce años]]

8 oct 2015

Dichoso aquel que se va y no ve las lágrimas de quien queda.

Remodelaron la estación de gasolina donde te besé apasionadamente por última vez.

Quiero decirte, pero no lo hago; porque no es algo que hagamos más. Ni siquiera estoy segura de por qué recuerdo esto mentira, si lo sé, pero ayer cuando recorría las calles de esta ciudad a una hora donde realmente puedes recorrerla, sin querer pasé por allí y lo noté. Casi no lo hago, el semáforo estaba en verde y el carro simplemente siguió andando, fue casi un milagro que hubiese volteado y visto las láminas de zinc cubriéndolo todo y el techo rojo aun brillando sin necesidad de luces.

¿Milagro para quién?

Si, la verdad es que recuerdo esa noche en particular, como cada instante que pasé junto a ti. A estas alturas me parece un poco patético ¿Sabes? Pero hace tiempo que dejé de pelear con el sentimiento y simplemente lo siento. Porque es bueno sentir algo. Después de ti, pasé tanto tiempo obnubilada que casi abracé el dolor que vino cuando esa etapa pasó. Una maraña de piel que no sentía nada y luego empezó a sentir demasiado...

Pero eso no era lo que estaba escribiendo ¿O sí? Escribía sobre aquella noche donde justo antes de llevarme a mi casa decidiste parar a poner gasolina, como cualquier noche, y te estacionaste en la que estaba más cercana al borde de la calle, justo del lado izquierdo, como siempre hacías. Jugabas con la palanca de cambios mientras yo pensaba en el beso impulsivo que te iba a dar. ¿Sabes? De esos que pareciera que no pudieses contener el sentimiento que llevas dentro y dejas que tome el control por un momento y entonces estás encima de la persona que quieres y ambos ríen y  solo existen entre ellos.

Y si, eso es lo más impulsiva que puedo ser. Planeando besos impulsivos. Así que cuando me miraste y sonreíste agostaste tus oportunidades de escape. Me lancé hacia ti como había visto que hacían en las películas y como había leído que hacían en los libros rezando para que nuestros dientes no chocaran porque odio cuando eso pasa y la sensación que deja atrás.

Y el beso resultó perfecto. No hubo choques innecesarios, ni el cinturón de seguridad incomodando; no te alejaste ni te reíste.

Puse mi mano en tu cabello, porque así era como lo había imaginado, y te sujeté con más fuerza de la necesaria porque quería que sintieras lo rudo que lo quería. Tú cediste, como siempre, y cumpliste con mi petición silente. Me besaste y correspondiste mi beso y no te apuraste aun cuando el señor de la gasolinera se puso al lado de mi ventana y me seguiste besando por lo que pudieron haber sido dos siglos y medio. Y eso que quizás no sabías que ese beso era mi último intento contigo, para ver si podías sentir la desesperación que me comía por dentro a medida que nos hundíamos, para ver si mis labios te hacían entender que quería salir gritando y corriendo lejos de nosotros. Pero por supuesto que no fue así. Fue solo otro beso para ti.

O quizás lo supiste y sentiste, pero no te importó. ¿A quién le importa ya? Solo pasó.

Lo que si fue tremenda sorpresa para mí fue lo que sentí. O lo que no sentí. Porque a medida que mi lengua luchaba por bajar por tu garganta y mis manos intentaban aferrarte como nunca, podía pensar. Y eso claramente estaba mal ¿Cómo podía tener coherencia de pensamiento cuando te estaba besando tan apasionadamente? Y mientras más lo pensaba más me daba cuenta que no estaba en ese momento.

Que ya no sentía nada. Que era solo un beso. Y que podía vivir sin ese beso.

Te separaste con una sonrisa en los labios hinchados y el cabello desordenado. Le pagaste al señor y terminamos de recorrer los otros cinco minutos hasta mi casa.

- Te quiero - te dije desde la puerta del carro mientras tus ojos oscuros se alejaban de mí y yo sentía un miedo extraño en el estómago.

- Si, yo también - dijiste y te pusiste en marcha.

No esperaste a que entrara. No dijiste yo también te quiero como sabías que me gustaba. No pusiste tus manos en mi cara cuando te besé. No entendiste ni preguntaste por qué.

Simplemente te fuiste, y aunque yo también me había ido, dolió como si no lo hubiese estado esperando.

Porque siempre esperé que fueras tú el que se fuera.

17 jul 2015

Tus pasillos.

Antes, en algún momento de estos cinco años, escribí que no podía creer que hubiese conocido a personas tan buenas y tan especiales que me hubieran ofrecido su amistad, no podía creer que hubiese conocido profesores tan hermosos que lo único que querían era enseñar, no podía creer como un solo lugar podía cambiarlo todo y hacerte sentir tan bien.

Con el tiempo descubrí que solo en tus mágicos pasillos es eso posible.

Ellos están llenos de tantos momentos, risas, lágrimas, historias, victorias, derrotas, gente, personas, corridas de futbolista, cerebros, yonquis, cafetines sucios pero donde los batidos son deliciosos, perros -y ahora gatos-, amables señores que hacen la limpieza, odiosas personas que tramitan lo que necesitas, profesores geniales, profesores, mediocres, helados, donas, secretos escondidos y mucho más.

En tus pasillos me sentí libre, liviana y sentí que podía respirar; esa libertad que solo viene con saber que estás haciendo lo que amas y que por ese breve instante todo está bien en el mundo; no hay guerras, política o calentamiento global, solo estás tú disfrutando de tu pasión.

Conocí tal pluralidad de pensamiento que ya no puedo tomar nada como certeza, en tus pasillos conocí a personas que me querían hacer pensar más de lo normal y gracias a Dios lo lograron, que me enseñaron a hacerlo, que me mostraron perspectivas diferentes de la vida y me mostraron cuál era la mía. En ellos conocí la unicidad de cada persona, de cada momento y de cada conjunto. También me enseñaron a equivocarme y que la vida está para probar, para decir que  cada vez que quieras.

En tus pasillos terminé de crecer, me terminé de formar y aprendí que nunca dejas de aprender. En tus pasillos, esos que por cinco años me sonrieron, conocí la bondad del ser humano, la infinidad de la inteligencia y la importancia de una voz. Aprendí el significado de las cosas, de palabras y sobre los significados de los significados.

Comprendí que fui UCVista dos años antes de comenzar a estudiar allí cuando por primera vez recorrí sus pasillos y tuve miedo y ansias de perderme en su inmensidad, la viví por cinco años disfrutando de cada rincón y permanecerá por el resto de los días en mi corazón; porque ser UCVista es algo que se lleva en la sangre y que una vez que despierta ya no lo puedes apagar - pero tampoco lo quieres apagar.

Tus pasillos también me sirvieron de cama en innumerables oportunidades, siempre acondicionados con la iluminación perfecta [[si tienes una Escuela oscura, no puedes pedir que los estudiantes no duerman]], también fueron restaurante, café y sala de terapia. O cualquier otra cosa que mis amigos o yo quisiéramos que fuera.

En tus pasillos fui exploradora, de toda tu estructura y de la vida, descubrí tus infinitas obras de arte, tus leyendas, tu historia y como permanecerás pase lo que pase; como es estudiar en un museo aunque la gente de por sentado la escultura por la que pasan todos los días. Porque así eres tú, una dama magnífica inmiscuida en las entrañas de una gran ciudad, que se mantiene de la misma manera en la que alguna vez impactó, pero que la gente perdió a medida que pasó el tiempo. Porque no se puede deslumbrar siempre, aunque tú lo hagas.

En tus pasillos conocí la política de buena mano y lo sucia que es en todo los niveles, lo que son capaces de hacer las personas por poder (aunque sea meramente representativo) y como se llegan a perder. En ellos noté como todos están ciegos y sordos cuando creen en algo, que no puedes enseñar a nadie que no quiere aprender.

En tus pasillos conocí el amor. Aquel que sientes por lo que amas, el de amigos, por una institución, por un ideal y por alguien más. Me llegué a enamorar seriamente un par de veces: una de ti y una de él. Pero fueron tus pasillos los que me soportaron cuando él se fue.

En tus pasillos pensé que dejaría los últimos pasos de mi niñez, solo para entender que no hay tal cosa como esa, que seré la niña curiosa y hambrienta de conocimiento que siempre fui.

En tus pasillos aprendí a tener paciencia, a esperar los tiempos que quiere la vida. No voluntariamente, claro, pero si algo entendí de tus paros fue eso. Ellos también me enseñaron que hay tiempo para todo cuando tienes el afán de querer hacer, que estarán ahí para que puedas hacerlo.

Tus pasillos fueron los escenarios para los disfraces que me puse durante cinco años, aquellos donde tenía que usar bata y hablar con términos médicos complicados o cuando tuve que usar tu escudo en mi pecho como si fuera un estandarte para orientar a las miles de personas que por primera vez pisaban tus gloriosas tierras; tus pasillos estaban allí para mí para cualquier ocurrencia que tuviera, siempre y cuando me desenvolviera en ellos.

Porque tus pasillos son como las venas que nutren la gran Universidad Central de Venezuela, esos que mantienen vivos los estudiantes cuando hacen vida universitaria, cuando se encuentran con sus amigos o cuando salen a protestar; tus pasillos, esos techados que recorren y te llevan a cualquier rincón de la Universidad son los que recordaré ahora que no los viviré a diario, cuando esté lejos, cuando escuche a alguien hablar de su Universidad y cada vez que te piense.

Pues tus pasillos lo son todo.




2 ene 2014

Ideal

Jamás la definición de una palabra se había adecuado tan perfectamente a una persona. Jamás había creído que realmente alguien se adaptara a eso que pensaba, a eso que tenía idealizado. 

Y luego te conocí a ti. 

Que con tus ojos cambiantes y sonrisas escondidas me hicieron reflexionar entre lo que era realidad y lo que soñaba. Porque hubo mucho tiempo donde consideré que solo eras la combinación de mis deseos tomando forma para incitarme a creer, siempre estabas al borde de mi sueño, donde se confunde lo real con lo imaginario; así que imaginarás mi sorpresa y regocijo cuando te encontré entre las transversales de una ciudad caótica, en un edificio nuevo con gente que llevaba años conociendo y en una situación diseñada para que me desenvolviera fácilmente, pero que con tu simple presencia cambió.

Y es que estabas allí y eras maravilloso y eras todo lo que había pensado, pero mucho mejor porque tú estabas. Y cada atardecer se me hacía distinto [como tus ojos, cuando parpadeas]  y la música parecía más feliz porque sabía que ambos la escuchábamos y nuestro equipo parecía ganar más porque sabía que lo veíamos juntos y el poker parecía ser más azaroso cuando lo jugábamos destinando partidas eternas y llegué a pensar que no necesitaba que hicieras nada, que sólo tú existencia me haría feliz.

Nadie podía ser tan perfecto [para mí] pero tú lo eras, o eso creí hasta que en una de las tardes en la salimos te vi. Y con una mirada a tus ojos entendí lo que tú no comprenderías ni después de mil palabras y el hecho de que tú no lo comprendieras lo arruinaba todo. Porque aunque nunca fuiste mío, siempre quise que fueras para mí; no por ti ni por mí, sino por el nosotros que nunca existió, pero que a su manera, si lo hizo.

Y debo admitir que te veías lindo en mi sección de favoritos y que de vez en cuando extraño ver tu rostro cerca del mío y el roce de tus labios... Y tus manos torpes intentando explicar algo que no sabes y las sonrisas cómplices al otro lado de la mesa y tu ceño fruncido cuando te disgustas y tus comentarios siempre acertados del fútbol y tu paciencia para explicarme lo que no entendía... 

Es que siempre fuiste tan ideal.

Ideal para mí. 

Y a pesar de que extraño tus buenos días y me cuesta dormir sin tus buenas noches... Ahora estoy más ligera. Más sin ti. Porque lo ideal no es siempre lo que quieres, ni lo que necesitas; sino algo que crees que te gustaría. 

Hasta que lo tienes.
Definición del DRAE

22 may 2013

Hoy te extrañé.

Hoy fue uno de esos días donde voy cantando por la vida y para el mundo, donde no me importa si no pronuncio bien las palabras, si no me sé la canción e incluso sabiendo que desafino muchísimo. Uno de esos días donde le sonrío a los conductores que me dan paso y le hago muecas a los niños. Recordé como me veías los días que compartías conmigo y yo estaba así derrochando vida , decías que si así ibas a pasar la vida nada te molestaría, que aprenderías fotografía para capturar esos momentos y poder tenerlos contigo cuando yo no lo estuviera. Es que todos deberíamos vivir así, me dijiste una vez mientras bailaba un poco de ballet para ti en un parque, estabas asombrado viendo como todos me veían y nadie parecía notar que bailaba solo para ti, sonriendo porque siempre se puede, enamorado de cada instante, disfrutando de ti. No podía dejar de sonreír cuando me mirabas así, con esa mezcla de seriedad, felicidad, orgullo, deseo y ese algo que nunca pude descifrar, eso que nunca se aparta de tu mirada y que crecía cuando sabías que lo encontraba, eso que aun no tengo idea de que es pero que me encanta.

Hoy pasé por el parque que solíamos frecuentar, donde entre risas y columpios me confesaste que habías aprendido a volar, que desde que me habías conocido el cielo estaba más cerca, que cuando rozabas mis mejillas sentías la suavidad que debía tener una nube. Me senté en el columpio y le canté a los árboles que alguna vez nos vieron abrazados, le susurré al viento que tanto tu como él, podían ir y venir cuantas veces quisieran, le comenté a un par de iguanas que siempre les tuviste miedo y, a las bisagras chirriantes del juego, les expliqué que no volverías con un ramo de chocolates a sobornarme para que dejará el sube-y-baja y me fuera de tu mano. Y la gente nos miraba raro, como siempre, después de todo nadie se espera ver a un chico con un bouquet de chocolates rogándole a una chica que mantenga el alma de una niña, ni a una chica ya mayor aceptando solo si era él quien la acompañaría.

Hoy me vestí de tacones, vestido y maquillaje y no pude evitar recordar las caras que hacías, esas muestras entre dolor y placer: dolor por verme tan ajena a mi, placer por verme así, siempre tenías los comentarios correctos y me hacías reír tanto que tenía que retocarme mil veces el maquillaje. Y mil y un veces me hacías reír más. Y mil y un veces me decías que siempre regresara a ti. Y mil y un veces te respondí que algún día no sería así. Y reías, reías, reías, hasta que un día simplemente me sonreíste y me dijiste que sabías que era así. Que esperabas con ansias el día el que nos separáramos para unirnos de nuevo; que realmente nunca me iría porque de una u otra forma seguiría viva en ti siempre.

Hoy te extrañé, aunque no porque haya recordado todo esto, simplemente porque miré al cielo y me dieron ganas de volver a ver las nubes desde tus brazos y de volver a buscarles formas desde tus ojos. Te extrañé porque hizo frío y tu siempre buscabas mi abrazo para protegerte de él, teniendo una excusa para estar allí y dejarte consentir. Hoy te extrañé porque mi estómago cosquillo de esa manera tan peculiar que lo hacia siempre que sabía que te iba a ver, porque mis ojos se cerraron y olí mi perfume en tu piel. Te extrañé al atardecer y sonreí porque ya no te extraño de otra manera que no sea un momento, porque extrañándote te recuerdo y a la vez no lo hago, porque es ocasional y no hace daño.


Porque extrañarte hoy está bien.


15 ene 2013

15/01/2013 - ...

¿No te has dado cuenta? Ahora el cielo se nubla más, ahora el cielo no solo es azul: sino que se tiñe de tonos naranjas, rosas y lilas. 

Tonto cielo polimórfico.

Adiós, fue un placer tenerte aquí, aunque esto sea lo único que quede de ti...



... El recuerdo de tu recuerdo siempre perdurará en mi.

La cosa no es que te hayas ido, es que esperé 4 años por la pequeña oportunidad de tropezar contigo, que tuviésemos un segundo eterno donde nuestros ojos se encontraran y supiéramos. Supiéramos que desde hace tanto nos buscábamos sin encontrarnos. Un segundo que vendría seguido por otro que trajera consigo el olvido, una sonrisa cálida y el adiós que ambos merecíamos.


Como al final de cada día: todos merecemos nuestro atardecer.

15 ene 2012

15/01/2012 - ¿Ya son tres años?

Mil noventa y cinco días.

Me parece increíble que ya sea tanto tiempo, que seas solo un recuerdo y muchas palabras al respecto, que seas una ilusión y un pedacito de cielo. Ya no te pienso como antes, ni tu recuerdo es tan constante como solía ser, ni siquiera la imagen tan sólida que tenía de ti sigue intacta, porque el tiempo se la comió.

Perdí la suavidad de tu piel y la perfección de tus facciones, perdí el color de tu cabello y la armonía de tus labios, perdí tu sonrisa calida y la estructura de tu cara, perdí todo de ti menos la intensidad de tu mirada y el recuerdo de tu recuerdo. Aun sonrío sin que lo pueda evitar cuando te cruzas por mi mente, cuando algo me lleva a ti o cuando miro al cielo y sé que estás allí.

Creo que al fin entendí de que iba todo esto, de como era necesario que 20 segundos duraran tres años, de como un recuerdo se transformó en algo. Pudiese decirte que fue para que creciera, para que dejara de ir por allí valorando poco y pisoteando mucho; pudiese decirte que fue para que no te conociera y que el único propósito era que tu recuerdo me atormentara por lo que pudo haber sido y no fue; but I know best and I know that it didn't happened it that way.

No sé hasta cuando tendré esta costumbre de recordarte, ni siquiera sé cuando dejaré de escribir para ti soñando con que algún día lo leas, y entre risas divertidas y miradas complices me digas lo dramática y cursi que era; solo sé que mil noventa y cinco días han pasado desde la primera vez que te vi.

11 ene 2012

Guardé tanto de ti

Hoy, mientras sacaba la basura de mi cuarto, limpiaba y veía que era lo que hacia tanto espacio me encontré con un montón de cosas que no esperaba. Habían artefactos de hace tanto tiempo que no recuerdo como era vivir con ellos, había tantas fotos - cápsulas de felicidad - en una caja que dejé intacta después de reír un rato y recordar mucho, habían notitas escritas en papeles de una época que siempre fue lo que esperaba de la vida; y sin darme cuenta, me percaté de que guardé mucho de ti. Mientras más revisaba y recordaba, más veía un poco de ti. Tus sonrisas regadas en mi cama, tus cosquillas en el suelo, junto a mi, tus sueños en mi almohada, tus palabras rebotando en las paredes y tus besos aun persiguiéndome en mi armario.

Guardé la cinta que ataste a mi muñeca, esa que aun no sé de donde sacaste, pero con la cual te emocionaste al saber que mi nombre era Ribbon.
Guardé el pasaje de tren de esa vez que pensaste que la primera cita en un viaje de cuatro horas a una ciudad que ninguno de los dos conocía no podía ser más que perfecta - y lo fue.
Guardé las notas que me pasabas cuando estábamos rodeados de gente - y cuando estábamos solos - porque tus palabras eran demasiado hermosas y honestas como para decirlas en voz alta y jamás volver a recordarlas.
Guardé la foto que le tomamos a la nada un día estando aburridos, sin darnos cuenta de que la nada resultó ser un pajarito en un nido colgado en la copa de los árboles, con los rayos solares escurriéndose entre las ramas.
Guardé el reloj roto que me diste cuando me dijiste que junto a mi no pasaba el tiempo y por eso siempre seríamos eternos.
Guardé la hoja de verano que reposaba en tu cabello la primera vez que nos besamos.
Guardé los secretos que nunca te conté. Y ese guante que te hizo volver.
Guardé el anillo de goma que me diste cuando entre risas y bromas me aseguraste que nos casaríamos.
Guardé tus abrazos en mis noches de pesadillas y tus besos de buenos días.
Guardé tus melodías y tus risas.
Guardé tus rabietas y caricias.
Guardé tus promesas no cumplidas.
Guardé la grapa que me diste cuando te dije que mi corazón estaba roto; y las baterías que me lanzaste cuando te dije que no podía más.
Guardé el mapa que me diste para eligiera a donde ir y el boomerang que venía con él como promesa de siempre volver a ti.

¡Y pensar que guardé todo esto en una gaveta de mi cuarto! Que como algo tan pequeño puede significar tanto, que donde tu ves basura yo veo palabras. Guardé tantas cosas, tantos recuerdos sin saber que me harían sonreír tanto, revivir aquellos momentos de nuevo. Cuando te fuiste, tuve miedo de visitar este lugar, tan plagado de ti, pensé que al estar tan inundado por tu esencia nunca sería capaz de recuperar mi esencia, pero tengo la firme sospecha de que nunca lo fue, que si incluso no hubiese esperado esta cantidad absurda  de tiempo para venir aquí, no me hubiese causado el dolor que mi mente siempre esperó.

Eras demasiado bueno, demasiado puro para eso. Pero ya no estás, e incluso decir eso no causa ese típico ardor en mi pecho que acompañó los primeros días de tu partida. Hoy solo puedo sonreír y pensar lo ilógico que es que haya guardado tanto de ti y tu no estés aquí.

29 oct 2011

Si piensas que me conoces... Piensas mal.

Hace tiempo me dijeron que era inteligente y me encontré a mi misma definiendo la inteligencia ¿Que es? No es más que la capacidad de.
Mi mente funciona de la manera diferente, es como una gran telaraña donde todo está conectado de la manera más bizarra.
Hablo spanglish y me gusta pensar en francés - lo poco que sé.
Me gusta que la gente que quiero me abrace fuerte (como si no me fuera a soltar) y a los que no quiero ni siquiera quiero que lo intenten.
Cuando era pequeña creía que solo veías los colores que tenía tu iris, así que le pregunté a mi novio de ojos verdes de que color veía las hojas de los árboles.
Me encantan los aeropuertos, marcan finales y nuevos comienzos, aventuras, huidas y partidas...
Me encantan los ojos grandes porque puedes jugar con ellos, te reflejan a la perfección y puedes ver como estás mintiendo.
A veces pienso que los abrazos son más íntimos que los besos, solo por eso los prefiero.
Pienso que la tecnología fue lo peor que nos pudo pasar; por más que nos acerca, termina alejándonos más.
Me gustan los niños porque dicen la verdad, y los viejitos porque tienen muchas historias que contar.
Amo caminar bajo la lluvia y creo en las palabras.
Una canción puede muchas veces decir todo lo que tu no puedes.
La mayoría de lo que digo, lo digo con el corazón. El otro 5% finjo no decirlo con él.
Me gusta que me lleven la contraria, pero que me dejen ganar.
Me sonrojo con facilidad y no me gustan los videojuegos.
Siento que aun no pertenezco a ningún lugar y mirar el cielo me causa placer.
Pudiese vivir de comer, dormir, viajar y escribir.
No creo en las ataduras y me aferro con fervor a las cosas.
Soy tan sensible que parezco no sentir.
Creo en las promesas y cumplo las mías.
Siempre quise saber tocar un instrumento y como batir las pestañas.
Me gustan las películas y libros del siglo XVIII/XIX.
Aun creo que recibir una carta me derrumbará el corazón.
Me gustan los días nublados y que llueva por las noches.
No me gusta llorar, pero de vez en cuando lo hago para aliviar.
No soy de las que olvidan palabras o promesas, soy más de las que dicen las cosas directas.
Soy pequeña, flaquita y me gusta que me consientan como a una niña.
Creo que las fotos son momentos que quisiste guardar y que la mayoría congelan la felicidad.
Creo en el amor y en que no lo voy a encontrar. Espero que el me encuentre a mi por qué no sé donde buscar.
Pienso que no eres consciente de cuanto necesitas algo hasta que ya no lo tienes.
Me dan miedo las fiestas y me encantan los conciertos, la gente unida por un mismo sentimiento.
Me gusta tanto bailar porque me olvido de lo demás.
Creo en tantas cosas que a veces veo mi inocencia reflejada en el espejo. Son mis días felices.
Lloro con películas y libros de amor.
Solía ver pokemon y lloré porque Pikachu no cambió.
Me busca descubrir como reacciona el cuerpo humano solo por curiosidad, no es mi intención que pienses que quiero algo más.
Nunca me faltan las palabras, si no las digo es porque estoy segura que las quieres oír.
Quiero conocer los rincones más pequeños del mundo y pasear por los más grandes.
Nunca estoy tan emocionada como cuando voy a subir a un avión o al escenario.
Soy intimidante y dominante hasta que alguien se da cuenta que es un mecanismo de defensa.
Después de eso, me empiezan a caer bien.
Quiero que las personas vean más allá de sus narices y por eso me decepciono tanto.
Quiero que oigas lo que mis labios no dicen y que entre mis letras se confunde.
Pienso que sonreír me hace más bonita y que soy la única que lo cree así.
En general soy feliz, pero uno no vive de generalizaciones.
Me gustan los vestidos y tacones, me hacen sentir niña.
Pero amo el fútbol y la formula 1, lo siento.
Lo siento no significa siempre perdón.
Me gustan los nuevos momentos y los viejos recuerdos.
Mis amigos están marcados con fuego en mi corazón.
Detalles pequeños, sentimientos grandes.
Charlar hasta el amanecer y ver como la luna se esconde.
Las veces que pienso que soy loveless  y que me fascinan los animales extraños.
Un día leí un libro y quise ser infinita.
Con las despedidas se me va un pedacito de mi corazón.
Extraño a un amigo al cual nunca le pude decir adiós.
Las personas confían en mi y están orgullosos de mi. Yo no tanto.
Me gusta que la gente me mire raro, eso significa que si soy tan diferente como pienso.
Me emborracho con estupideces y me drogo con felicidad.
Si me ven comportándome como una niña pequeña es porque estoy tan feliz que no lo puedo controlar.
Portarme mal me causa gracia y no le veo la maldad de la que todos hablan.
Me gusta ver que los demás están vivos - y si no sabes a lo que me refiero no quiero que preguntes.
Yo si entiendo eso de ser feliz viendo a alguien más.
No creo que los celos sean la presencia del amor, sino la falta de confianza.
El dolor, la tristeza y la soledad, no son malas: son partes de la realidad que te hacen quien eres.
A veces me pongo tan filosófica que me gustaría ponerle pausa a mis pensamientos.
Solo me he encontrado con chicos buenos a los cuales siempre les busco peros.
Cuando me dijeron que los colores no existen mi mundo se detuvo.
Quisiera vivir en un país donde pudiese sacar una cámara para fotografiar cada esquina.
A veces soy tan romántica que me provoca golpearme. Otras, no lo soy e igual quiero hacerlo.
Guardo cosas que para la gente es basura, pero para mi son recuerdos y me hacen sonreír.
Antes quería un caballero, pero no soporté que me abrieran las puertas.
Cuando me molesto es normal que no entiendas por qué.
No creo que una operación plástica me vaya a hacer feliz o que vaya a "encontrar" el amor por mi.
Me considero una escritora, pero se que de corazón solo soy lectora.
Me gusta respirar hondo y cerrar los ojos mientras sonrío.
Tu vida comienza cuando comes el primer trozo de chocolate.
Intento olvidar que un conjunto de neurotransmisores son los que conforman el amor.
Me gusta que las personas se acuerden de mi, es raro que yo las olvide.
Muero por detalles sencillos y me aburren los comunes.
Tiendo a repetir las cosas porque creo que son importantes, no porque se me olvide.
Soy tan valiente que sé lo que me da miedo.

Soy malcriada, consentida y bastante terca, y espero sepas que no puedes hacer nada al respecto.

7 sept 2011

Es septiembre y te extraño

Me anoté tu número de teléfono en la mano, pero ese día llovió.
Recordé cada facción de tu rostro, pero el tiempo las borró.
Intenté recordar tu nombre, ese que nunca dijiste, pero simplemente no surgió.

¿Es que el cruel destino se encargó de juntarnos tan solo una vez para luego no hacerlo jamás? He escuchado de historias que tienen que terminar para comenzar. ¿O es que a caso simplemente se encargó de enseñarnos que cada momento es único e irrepetible y que si no haces algo, no vuelven más? También hay historias que solo van de un encuentro, un único encuentro.

Han pasado tres años desde aquel día que te vi, tres años y aun recuerdo la fecha, esa hora, ese momento que me brindó días de sueños y noches de pesadillas, pensando en como verías otra cara femenina que no era la mía.

A falta de un nombre, te bauticé; a falta de conocer tu personalidad, la imaginé; a falta de momentos contigo, recreé el único compartido. A falta de tu presencia, te olvidé.

¡Ay! Como quisiera que esto último fuera verdad, que fueras tan solo una reproducción sistemática de mis neuronas al interactuar. Pero no. Tu recuerdo, tan viejo y a la vez tan nuevo, tan tormentoso y a la vez tan calmo, tan dulce y a la vez tan agrio; como lo amo y como lo odio.

Si te voy a decir la verdad - como siempre lo hago, debo agregar - es que ahora comprendo, solo en mi mente estás, que ya no te quiero conocer porque podrías no ser como te he ideado y arruinar esa imagen tan perfecta que de ti he creado. Antes pedía que me decepcionaras para jamás recordarte, ahora te pido que no lo hagas, que ni siquiera aparezcas, para siempre recordarte.

Mi imagen de ti -mi nueva imagen de ti, debo admitir- es de un amigo, el más hermoso de los amigos; que surge siempre en el momento oportuno, brindando consejos, apoyo e incluso regaños. Cada vez que te evoco sonrío, porque eres la imagen que yo tengo de imperfección ¡No me malinterpretes! Es solo una expresión, puesto que lo perfecto no existe, el concepto de imperfección me pareció adecuado para nada más real que tu. Tu imperfecto cabello castaño claro, tu imperfecta sonrisa de dientes blancos, tus imperfectos ojos azules como el cielo de verano.

Se que aún no es nuestro aniversario, pero en estos días, tan nostálgicos para mi, no he dejado de pensar en ti, aunque siempre estás presente, durante estos días has agobiado mi mente.

Espero algún día leas esto, todo esto, Ángel.